Claudia me ha enseñado donde queda la cocina y en el tiempo que estuvimos ahí me di cuenta que es una chica súper divertida, que es de México pero lleva viviendo aquí en España tres años, se apiadó de mi porque según parece a el Adonis no le dura una secretaria más de dos meses, sin embargo Susana, lleva un año ya con él, y eso que la pobre en más de una ocasión ha querido renunciar, más cuando se enteró de su embarazo.
En la que me metí yo.
Al fin tuve que resistirme de envenenar el café de mi jefe, porque vamos, sería todo un desperdicio que yo vaya a la cárcel.
No señor.
Aparte el universo conspiraría a mi favor para darme una vida de desgracia por haber asesinado a tan maravillosa creación.
Y así no se puede.
Por el bien de ambos, sobre todo mío, le hice el café tal cual lo pidió, amargo como él. En fin. Toda la mañana y parte de la tarde me ha tenido obligatoriamente encerrada en su oficina explicándome como tenía que hacer mi trabajo, arreglando su agenda, llamando a un sinnúmero de sus socios y teniendo una que otra amistosa pelea, pero es que el tipo es el más gruñón de todos.
Cuando por fin pude entrar a mi oficina y sentarme en mi silla revise un par de correos, archivé más documentos y puse un poco de música para cambiar el ambiente. Antes de darme cuenta puse un merengue y estaba de pie bailando y cantando.
Me faltaba un tornillo.
O dos.
Pero como tanta dicha no puede ser cierta, mi estómago rugió cuál León Cuándo tiene hambre. Había que alimentarlo. Y yo brava.
Al girarme del lugar donde estaba me percaté de la presencia de mi jefe, quién tenía una sonrisa dibujada en su maldito y perfecto rostro que hacía que sus benditos ojos azul pálido resaltaran más. Pude sentir como toda mi cara se calentó y como mis mejillas se sonrojaban y mis manos no hacían más que sudar. Sabía que la había liado de lo lindo.
—Veo que disfruta su trabajo- dice en tono burlón y desafiante.
—Así somos en mi país. Disfrutamos hasta en la desgracia.
Su rostro fue todo un poema, supongo que no esperaba esa respuesta de mi parte, pero ahí estaba yo rompiendo expectativas. Alza sus manos en señal de rendición y sale de mi oficina sin decir más palabras.
Luego de que se haya ido, rememoro lo que pasó y no puedo evitar reírme sola como Morsa retrasada.
Mi vida es toda una locura.
Cuando por fin puedo salir a comer siendo las cuatro pasadas del hermoso edificio, para fortuna mía a unos cuantos metros de distancia hay una cafetería.
Pido un sándwich y una Coca-Cola y gloria a Dios, estoy como nueva.
Cuando llego a mi casa ya son casi las ocho. Entro de inmediato a mi habitación me cambio de ropa y rápidamente corro hacía la nevera, el amor de mi vida me esperaba. Sí, el helado, le doy un par de besos a mi tarro de helado y unas cuantas caricias antes de dirigirme a mi habitación para prender mi portátil y prepararme psicológicamente para el bombardeo de preguntas de mis amigas. Sobre todo de Juliana, ya que todos los hombres que dicen ser jefes son su mayor debilidad. Abro sección en Skype y llamo al par de locas que me tocó por amigas. Al poco tiempo la pantalla de mi compu está iluminada con la cara de esas dos. La verdad es que las amo.
—Holaaaa ¿Qué tal el jefe?
Esa era Juliana. Si señores. Pongo los ojos en blanco y recibo como respuesta un par de risitas.
—Yo también me alegro de verte, bebé.
—Ashh, ya estoy cansada de verte a ti y escuchar tu vida tan maravillosamente divertida. Cuéntanos más bien de tu jefe
Touché.
—Desembucha pues, no tenemos toda la noche—apoya mi mejor amiga.
Resoplo y maldigo por lo bajo.
—Pues ¿Qué les puedo decir?—empiezo fingiendo aburrimiento—Es un gringo de ojos azules, cabello cobrizo, se nota que va al gimnasio y tiene unas nachas agarrarbles. Todo un Adonis— culmino
—¡Maldita suerte la tuya!—exclama Juliana
—Ni tanta sumercé, el tipo es todo un gruñón de primera. Ni siquiera reparó en mi presencia cuándo llegó— hago un mohín — tampoco es que tuviera que hacerlo pero ¡Era mi primer día!
—¿Qué tendrás tú con los jefes?—pregunta Paola.
Todo rastro de felicidad se esfumó en esos momentos, sabía a qué se refería sobre todo a quién.
Los lloriqueos de la pequeña Jessica hicieron que Juliana saliera a su encuentro para momentos después mostrármela, nació antes de tiempo pero es tan bella, sana y fuerte que no parece prematura. Le hablo en balleno y recibo a cambio un par de risitas, aunque Paola dijera lo contrario ambas sabíamos que yo era la tía favorita. Había que ver cómo era que me regalaba esas sonrisas que a ella no. Seguimos hablando de trivialidades y siendo las once yo me despedí.
Apagué el computador y me acomodé en mi cama y como ritual de cada noche tomaba mi celular con audífonos y repetía cualquier forma de amor mientras me sumergía en la miseria del desamor como venía haciendo hace ya más de seis meses.
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Te elegí para SIEMPRE
RomanceScarlett, una joven con tan solo 23 años de edad, ha evitado el amor a toda costa. Sabe que el amor duele, que el amor no es bonito y sobre todo, tiene claro que los "siempre" están sobrevalorados. Tomás Corrigan, el chico que la dejó sin palabras...
