Pasó el martes igual de interesante que el lunes, con la única diferencia que esta vez oía cómo era que mi Adonis gritaba a quien fuera que lo estuviera llamando y oré a Dios para que se apiadara de esas pobres criaturas, salí a almorzar con Claudia quién para sorpresa mía es tan amante de Andrés Cepeda como yo, que se casa en dos meses y me pidió que fuera una de sus damas de honor y yo como toda fanática de las bodas pegué un grito y hasta bailé en medio de la cafetería.
Lo sé, doy pena ajena.
El miércoles transcurrió de la misma manera, Mi adorado jefe me llamaba más de lo que normalmente hacía que hasta pensé en instalar una cama en su oficina y así poder escuchar tranquilamente sus tan aburridas charlas de trabajo, asistimos a una cena de lo más Sosa con alguno de sus socios y lo único que pude resaltar de dicha reunión fue la comida y la música del lugar ya que fui bendecida con una que otra canción romanticona de Santiago Cruz.
El jueves hicimos un pequeño viaje de negocios y después de tres horas de reunión el jefe me dio el resto de la tarde libre que ocupe para leer y hacerme una que otra mascarilla en la cara, porque la belleza no solo se sostiene con palabras de ánimo. Que tal.
Y hoy ya era viernes, ya casi terminaba mi tan eterna semana aunque debía admitir que tampoco es que la haya pasado tan aburrida, tener que ver a mi jefe estando tan bueno como el solo era una dicha que pocas mujeres teníamos, y yo no la iba a desaprovechar, no señor.
El timbre del teléfono hace que salga de mis aburridos pensamientos que tenían como nombre: mi jefe.
—Señorita Williams ¿Puede venir un momento?
Y ahí estaba él con su llamaderita apenas siendo las 8:15am
Que tortura ir a verlo
—Voy—respondí con el tono más animado de todos, y sí, eso fue sarcasmo.
—Necesito que me acompañes a una cena con unos inversionistas. Por favor, has el itinerario y cancela el resto de reuniones del día de hoy.
Se para de su silla rodea su escritorio y se sienta en él. Me mira esperando mi respuesta que no tarda en llegar.
—Está bien señor Colins— espeto con la más dulce sonrisa de niña buena que tengo—¿Algo más?— ofrezco.
Se levanta y todo su sensual cuerpo se dirige hacia mi.
—Si...— dice acortando la distancia entre los dos— esto — une sus labios a los mios y la sorpresa por esto hace que no pueda seguir su beso pero no por mucho tiempo.
Su beso se sintió distinto. Me gustaba, obviamente ¿Qué mujer en su sano juicio no moriría por este hombronon? Sin embargo en mi mente y sobre todo en mi corazón tenía a un hombre marcado a fuego.
Me aparté del Adonis de mi jefe quién se miraba confundido y excitado a la vez. salí de la oficina sin decir palabra alguna.
Entré al baño y me encerré en él, las lágrimas rápidamente surgieron y callé mis sollozos con mis manos.
Cuando el buenon de mi jefe me besó no podía sino pensar en él, no puedes comprar el beso de una persona que te gusta con una a la que quieres. Por eso no lo seguí. Aún seguía queriendo a Tomás y por mas que me repitiera que debía olvidarlo la verdad era que esperaba que me buscara y me diera cada uno de sus besos.
Sobre todo esperaba por nuestro siempre.
Veinte minutos después ya estaba haciendo todo lo que mi jefe me había encomendado, chismoseé un rato con Claudia hasta que se llegó la hora de la dicha reunión, por lo que corrí en mis bellísimos tacones negros hasta la oficina y me sorprendí no haberme dado el zapotazo de la vida. Cuando estaba tomando algunas de las carpetas que íbamos a necesitar para susodicha reunión mi jefe hace acto de presencia con todo su aire sexy.
Hay que decirlo, el tipo emanaba tal sensualidad que todas las viejas que lo veían se quitaban las bragas en honor a él.
Salimos del edificio para diez minutos después estar con Rodríguez de inversiones Rodríguez para una larga y Sosa reunión de trabajo. Tiempo después de haber cerrado negocios nos despedimos de Hugo y su secretaria victoria para volver a nuestra sitio de trabajo, cuando llegamos COLINS INTERNACIONAL mi jefe Toma la palabra.
—Yo, esto... Yo quería disculparme por lo que pasó en la oficina— Lucía nervioso cosa poco común en él que era el dios padre de la seguridad, por lo que antes de siquiera ponerme a pensar comencé a reír a tal punto que lloré.
Limpiándome las lágrimas y con un desconcertado Nicolás hablé.
—No te preocupes, esas cosas pasan.
Mi jefe no sabía si llorar o reír por mi rara reacción. Pero si no me conocía en lo que llevaba trabajando con él, estábamos mal, muy mal.
ESTÁS LEYENDO
Te elegí para SIEMPRE
RomanceScarlett, una joven con tan solo 23 años de edad, ha evitado el amor a toda costa. Sabe que el amor duele, que el amor no es bonito y sobre todo, tiene claro que los "siempre" están sobrevalorados. Tomás Corrigan, el chico que la dejó sin palabras...
