Tomás
Esto es como estar en el cielo. Sus dedos enredados en mi cabello mientras masajea mi cuero cabelludo, casi puedo sentir los rayos del sol entrando por la ventana y juraría que hasta el canto de los pájaros oigo a lo lejos. Sonrío ridículamente y poco a poco abro los ojos aún somnoliento para que la realidad me golpee de repente.
No estamos en casa, no hay rayos de sol y menos canto de pájaros. Sin medir bien mis movimientos me levanto abruptamente del pecho de Scarlett. Que gime y hace una mueca de dolor.
—Yo, lo siento, no sé en qué momento me quedé dormido. Estaba cuidándote y...— suspiro, no se como disculparme–—lo siento.
Veo las comisuras de sus labios elevarse en una sonrisa que poco a poco adorna toda su cara.
—Ok, ok. Ya entendí tu punto.— su voz suena apagada y ronca a la vez.
—¿Cómo te encuentras?— pregunto sentándome a su lado y tomando su mano con delicadeza.
—¿Con mucha sed?—sonó mas como una pregunta que como afirmación—¿Podrías darme agua? Por favor— a ti te daría hasta mi alma. Obvio no se lo dije.
—Deberías esperar que el médico de examine.—le respondo y ella pone ridículamente los ojos en blanco.
—Entonces ¿Qué esperas que no lo has ido a llamarlo?— sonrío ¿Por qué no he parado de sonreír? Me hacia falta sus contestaciones obvias
—Tomás...
—¿Si?
—El médico—¡Miércoles! Veo como trata de ocultar su sonrisa.
—Ehh , si, iré a buscarlo— me levanto torpemente y esta vez ella ríe aunque rápidamente su risa es reemplazada por una mueca de dolor.
—Hey, estás muy dolorida todavía.
—El médico— es mi turno de poner los ojos en blanco hasta que salgo de la habitación.
Afortunadamente al momento de salir una de las enfermeras cruza por el pasillo y me apresuro a llamarla.
—Buenos días señor— no se me pasa por alto el tono que empleó para dirigirse a mi.
—Buenos días, mi esposa acaba de despertar ¿Podría llamar al doctor Been para que la pueda revisar?— su cambio de postura fue digno de admirar. Abre y cierra la boca pero las palabras no le fluyen
—Por favor...— fue más una orden que una súplica pero esto parece sacarla de su trance
—¡Cla-claro! En unos se-segundos estará aquí.— da media vuelta y se retira.
Meneo la cabeza en desaprobación y entro de nuevo a la habitación.
Cuando me acerco a ella noto que tiene sus ojos cerrados y el temor se apodera nuevamente de mi.
—Scarlett— la toco y la muevo a su vez.
—Aush, que me duele.—abre sus bellos ojos para fulminarme con la mirada.
—Creí que tú...
—Estoy bien, la luz me fastidia todavía— dejo escapar una bocanada de aire que tenía contenido.
—Estoy bien— vuelve a calmarme y yo asiento.
—Buenos días— el doctor Been entra a la habitación con una sonrisa de suficiencia—Señor Corrigan, señorita Williams.
Yo lo saludo a regañadientes pues daño mi momento junto a ella.
—Buenos días— saluda ella.
—¿Cómo te encuentras?— pregunta él y yo empiezo a frustrarme por las preguntas tan obvias que hace... Aunque yo también pregunte lo mismo.
—Con mucha sed
— Es normal. ¿Recuerdas el por qué estás aquí?— pregunta él mientras hace el chequeo.
—No— contrae el ceño y entrecierra los ojos— pero no debió ser nada bonito para estar aquí.
—Supongo que su esposo no le ha contado nada— espeta divertido.
—N-no yo no tengo esposo—su cara de desconcerto es digna de ser admirada
—Eso no es lo que he escuchado por ahí. Pero supongo que su buen amigo le contara lo sucedido— Scarlett pone toda su atención en mí y yo me encojo de hombros haciéndome el desentendido.—¿Me escucharon?— ambos volvemos nuestra atención al doctor y asentimos sin tener más escapatoria.
—Bien, la señorita Rios— señala una enferma que no había notado hasta ahora— se encargará de traerle agua y algo de comer. Hasta luego.
Una vez salen aclaro mi garganta y hablo.
— Entonces ¿Aquí es cuando preguntas lo que te paso?— digo evadiendo el tema que se avecina.
—Ajá— suspiro por el recuerdo que me atormenta.
—Cuando saliste de la oficina supe que algo iba mal, yo salí detrás tuyo, sin embargo ya las puertas del ascensor se abrían cerrado por lo que tome las escaleras de emergencia.— el nudo en la garganta hace que se me haga imposible artícular palabra alguna— Tú saliste tan rápido que no te diste cuenta que venia un auto a toda velocidad y yo.... Yo no pude hacer nada— trago pesado y continuo— no quiero volver a repetir esto, no sabes lo difíciles que han sido estos días para mi tú....—algo parece llamar su atención por que me corta
—¿Estos días?— pregunta con el terror y confusión en su rostro.
—Scarlett, hoy es domingo— pone sus ojos como platos— llevabas cuatro días en coma.
—¡Dios santo! ¿Y mis papás saben esto?
—Tus papás y tus amigas.
—¡Miércoles, jueves y viernes! La he liado... Y de lo lindo.
Cierra los ojos y yo me deleito en su belleza.
—Entonces ¿Quién se supone que es mi esposo? —pregunta aunque ambos sabemos la respuesta.
Yo solo sonrío y me encojo de hombros.
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Te elegí para SIEMPRE
RomanceScarlett, una joven con tan solo 23 años de edad, ha evitado el amor a toda costa. Sabe que el amor duele, que el amor no es bonito y sobre todo, tiene claro que los "siempre" están sobrevalorados. Tomás Corrigan, el chico que la dejó sin palabras...
