Tomás
—¿Así que lo más probable es que te duermas en cuestión de minutos?
—El efecto secundario de los medicamentos—confirma somnolienta
—¿Cómo te sientes?
—Mucho mejor, con mucho sueño—bosteza y luego sonrie
—Cierra esos hermosos ojos y descansa—le digo mientras acaricio su cabeza al tiempo que cierra los ojos.
Me permito una ojeada por su habitación que es todo lo contrario a su cocina y sala, los colores que predominan son: negro, gris, blancos y plateados, tiene un enorme ventanal al lado de su cama y una bella vista a pesar de la ubicación, a un lado hay lo que parece el estuche de una guitarra
¿Tocará la guitarra?
Miro al frente y hay varias repisas en forma de hexágonos con lo que parecen cactus y pequeños cuadros y demás adornos.
Vuelvo mi mirada a ella y parece más relajada ahora qué está dormida.
Es todo un ángel.
A mi lado hay una mesa con varios compartimientos. En la parte de arriba están todos sus medicamentos, un reloj, una lámpara y una vela. En la parte de abajo hay varias lociones y cremas para la cara y en la parte más baja una sola libreta junto con un libro que no logro reconocer. Sin embargo, no deja de llamar mi atención.
Tomo su libreta y la abro justo donde está su lapicero guardado. Es... Es un escrito
—¿También escribes, Pequeño angelito?—musito y paso mi dedo índice por su nariz y veo como la arruga.
Es la cosa más tierna que mis ojos han visto.
Hojeo las páginas de su libreta y todos son pequeños fragmentos que supongo ella ha escrito, llego al que parece ser el más reciente y no puedo reprimir mi curiosidad por lo que empiezo a leer
Recuerdo todo tan perfectamente.
Esa tarde tomando café, hablábamos y reíamos de todo un poco. Luego, mirándote me di cuenta que te amaba.
Amé cuando hablaste de tu pasión por el surf y como odias madrugar, amé los hoyuelos que se formaron en tu increíble sonrisa y amé las arrugas que se forman en tu nariz cuando te concentras y piensas en algo. Amé como absorbías cada pregunta que te hacía y la increíble respuesta que tenías. Amé el conjunto de tus gruesas cejas y el azul profundo de tus ojos. Amé tu cabello Crespo y alborotado y el movimiento de él con la brisa.
Podría enumerar todas las cosas que amé de ti en esos momentos, pero sin duda, amé cuando tomaste mi cara entre tus manos y acariciabas mis mejillas mientras anclabas el azul profundo de tus ojos en el café de los míos, observaste cada facción de mi cara como si quieras grabarla de memoria, amé cuando posaste tu pulgar en mi labio inferior y recorridas la línea de ellos, luego, me dijiste que me querías y no imaginabas una vida sin mi, dijiste que tú corazón bailaba en tu pecho cada que arrancabas una sonrisa de mi y, dijiste que te había dado vida cuando te encontrabas perdido, luego uniste tus labios a los míos, y juré que la vida le hacía injusticia a todo lo demás, pues tú, habiendo tantas decidiste besarme a mí... Sentí mis piernas temblar y una corriente atravesar en mi. Sentí tanta alegría que pensé que en algún momento iba a estallar. Era la sensación más bella que jamás llegué a sentir. Pero luego, abrí mis ojos y la sensación de vacío me inundo. Pues tú no estabas ahí, mire a mi alrededor y todo me era tan familiar, sin embargo la sensación seguía ahí, estaba en mí habitación, sola, con la luz apagada y deseando volverte a ver, pues con una sola vez en aquella parada del tren no me era suficiente
Mi corazón golpeo tan fuerte en mi pecho que pensé que se iba a salir de ahí en cualquier momento, mientras leía podía sentir como cada palabra iba dedicada a mi indirectamente, me sentía como en las nubes. Siempre me prometí a mi mismo que dejaría que mi corazón eligiera por mi a la chica perfecta con la que pasaría el resto de mi vida, miré nuevamente a la hermosa mujer que yacía dormida en la cama y mi corazón latió más fuerte. El ya hizo su elección, Tengo que hacer las cosas mejor porque
—Te eligió Scarlett, mi corazón te eligió para siempre—susurro mientras sigo acariciando su cabello.
La admiro unos cuantos minutos más hasta que decido que es hora de hacerle algo de comer, salgo de la habitación y me dirijo a su cocina, reviso lo que hay en su refrigerador sacando lo que necesito para cocinar.
La sensación de comodidad Sigue ahí, por lo que en todo el tiempo que estoy cocinando mi cara es adornada con una ridícula sonrisa.
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Te elegí para SIEMPRE
RomanceScarlett, una joven con tan solo 23 años de edad, ha evitado el amor a toda costa. Sabe que el amor duele, que el amor no es bonito y sobre todo, tiene claro que los "siempre" están sobrevalorados. Tomás Corrigan, el chico que la dejó sin palabras...
