capítulo 3

4.2K 222 3
                                        



Voy como alma que lleva el diablo hacia el pasillo de salud y belleza que es el mismo que conduce a la oficina, al entrar tropiezo con Álex, el segundo a cargo de recursos humanos, mi antiguo casi novio y ahora mejor amigo. Si señores, la cosa poco vista en estos tiempos. 

Puede ver mi enfado porque inmediatamente pone sus manos en mis hombros y dice:

—Eh fiera, bájale tres a tu enojo—trata de reprimir una sonrisa pero esta se convierte en una mueca entre seriedad y burla.

—¡Es un idiota!—susurro/grito—Se supone que la organización de los pasillos son lo más importante —inhalo y exhalo para continuar—¡Ni siquiera dejó que me disculpara y explicara mi inasistencia a la reunión!

–Al parecer ya viste al nuevo jefe. Y al parecer si es un idiota—sé que lo dice para llevarme la idea.

—Y yo que rogaba al cielo porque no lo fuera—hablo resignada—Creo que me faltó más fe, pobre Aleja cuando se lo tope.

—¿Trajiste tu almuerzo?—pregunta Alex queriendo cambiar de tema

—Claro que si—expreso como si fuera una ofensa a mi persona.

—Genial, Podemos almorzar juntos. Si te parece—se rasca la cabeza y mete su mano derecha en el chaleco de uniforme de trabajo

Sonrío, la verdad es que siempre sabe que decir y se lo agradezco

—Me parece—respondo al fin

Vamos camino a la cafetería en una amena charla con mi mejor amigo y un par de risas llaman nuestra atención, al final del pasillo está Alejandra riéndose a ton y son con... Tomás.

Álex me codea fijándose en lo mismo. A decir verdad no sé que pensar. ¿A ella no le echó bronca y a mi si? ¿Se puede ser más imbécil? Oh, espera, de eso último no quiero respuestas, porque como el universo me las de, ¡me tatuo una fresa!

—Al parecer si que te hizo falta fe—admite Álex a mi lado

—Estoy bastante segura que así es—concuerdo a la vez que subimos las escaleras dejando el tema ahí. No valía la pena torturarse por eso. 

El tiempo se ha pasado volando y la verdad es que agradezco mantener ocupada. Hemos hecho varios cambios de los cuales nos quedaron perfectos. El almacén tomó otra imagen y estamos bastante agusto con el trabajo realizado, como ya dije antes: tengo un excelente equipo y todos trabajamos bien.

Estoy ayudando a terminar de inventariar mercancía y ubicando en los aéreos la sobrante, cuando me fijo en la hora noto que Son las cinco pasadas, hora de irme. Organizo las planillas de trabajo No sin antes hacerlas firmas de Williams y  me despido de Jhon, otro asesor y me dirijo a la oficina sintiendo mis pasos tan pesados que me veo tentada en irme a rastras hasta mi mesa de trabajo. Una que muy poco uso.

Una vez allí no reparo quién hay al rededor suponiendo que los de recursos humanos ya se han ido y debe quedar el jefe administrativo y yo, por supuesto. Me quito el chaleco de trabajo al tiempo que estoy apagando el computador tomando  mi bolso dispuesta a salir cuando una voz, su mísera voz interrumpe mi ritual de ida.

¡La madre que lo parió! que gracias a todos los santos no es la mía...

—Así que... Empacadora, asesora y ahora jefe de piso—Enumera mi amado jefe en tono de burla girando su silla de un lado a otro y con una de sus manos rozando su menton mostrandose imponente, intimidante...poderoso.

—Sí—respondo con desdén

—Y lo más interesante, sin tener nada de experiencia en el campo—arquea las cejas en desaprovación nunca dejando de lado su aire de autoridad. 

¿Ven por qué digo que es un imbécil?

—Todos empezamos siendo nada, jefe— enfatizo esa ultima palabra alargandola más de lo devido. Porque si iba a jugar, pues jugariamos los dos. 

—O todos alcanzan ascensos a cambio de ciertos favores—contraataca muy seguro poniedose en pie y rodeando su escritorio de trabajo.

¿Pero, es que éste no puede dejar de decir estupideces?

Dios mio dame paciencia, porque mi me das voluntad, de este dia ese hombre no pasa. Repito como mantra mentalmente.

—No sé qué clase de favores este usted acostumbrado a hacer, me encantaría quedarme para poder escucharlos, pero tengo asuntos pendientes.—Respondo mas cortante de lo que pensé— Hasta luego Jefe—agrego y salgo de inmediato dejándolo con la boca abierta y no espero por su respuesta.

¡Qué otro le aguante el genio!  Porque este cuerpecito tropical tenia suficiente con el suyo.

Llego a casa más cansada de lo normal quitándome los tacones y dejándolos en su lugar. Me dirijo al baño a desmaquillarme y ponerme el pijama, luego de haber salido del baño me preparo un sándwich que lo acompaño con café.

Tomo mi celular y reviso mis redes sociales, Facebook, Instagram, respondo los mensajes en espera de WhatsApp y dejo la última y favorita: Twitter. ¿Qué haría yo sin Twitter? ¿Qué sería de mí sin los tweets? Probablemente una gruñona y menopáusica a mis 23 años.

Esta bien, esta bien, lo de gruñona siempre, eso hay que decirlo. Pero ¿Menopáusica? ¡Que Dios me ayude!

Estoy leyendo uno de mis libros preferidos: ugly love de Colleen Hoover y el timbre de mi celular indica que tengo un mensaje de texto

De: Número desconocido

Debería dejar de tomarse ciertas licencias en el trabajo, recuerde que el jefe soy YO

SU jefe, Tomás

Y este psicópata ¿Cómo conseguiría mi número de celular?

Me doy unas palmaditas mentalmente, es la pregunta más tonta que he hecho en mi vida, ya que es obvio que ha de tenerlo ¡Es mi jefe!

 ¿Pero que le pasan a mis neuronas que no se activan cuando de mi adorado jefe se trata?

Estoy tentada a responder dicho mensaje pero me abstengo, no vaya a ser que por un mensajito pierda lo que he logrado hasta el momento, y no, no voy a dejar que la tentación me gane, por lo que borro el mensaje, sino lo vi, no pasó. ¡Sencillísimo!

Trato de seguir con la lectura pero ya he releído el mismo párrafo casi que diez mil veces, dejo mi libro en la parte baja de mi mesa de noche, apago la lámpara y me dispongo a dormir, aunque dormir lo que se dice dormir no pude, mi conciencia como buena que era hizo que me cuestionara todas y cada una de las cosas de mi pasado, un par de lágrimas rodaron por mis mejillas y las limpié de inmediato.

Debo ser fuerte, debo cumplirte Jess, y con ese último pensamiento cai en la inconciencia del sueño.


Te elegí para SIEMPREDonde viven las historias. Descúbrelo ahora