Capítulo 9

3.1K 176 0
                                        

Lo he dicho y lo diré: ¡Odio estar enferma!

¿A quién le gusta estar Acostado esperando qué todo se le traiga a las manos? ¿La sensación de malestar en el cuerpo? ¿Las asquerosas pastillas? ¡Es lo peor!

Creo que el no estresarme ha traído como consecuencia en mi la depresión, soy una pésima enferma, he tenido varios mareos y cada que me da uno lloro. La comida no logro retenerla en el estómago y después de vomitar ¿Adivinen qué? ¡Exacto! Lloro.

Probablemente parezca una niña caprichosa. Y no me excuso, quizá si lo sea.

Recuerdo que cuando estaba pequeña regularmente enfermaba. Pero por más fiebre que tuviera no podía estar ni media hora acostada, siempre tomaba mi bicicleta y salía a montar soñando que era mi moto, siempre amé las motos, la brisa que pegaba contra a mi cara, el dominio que le daba a ese aparato de dos ruedas, ser yo quien decidiera a qué velocidad ir era lo que me hacia sentir mejor, pero mis papás como buenos protectores, me regañaban y me hacían entrar. Sin embargo tomaba mi guitarra y me ponía a tocar. Conmigo la tarea no era fácil.

He agradecido la presencia de mis mejores amigas, de Ale y Álex.

Mis compañeros de trabajo me han enviado un muy bonito arreglo de flores deseándome una pronta recuperación.

Y si, aquí estoy, tomándome un caldo de pollo que mi madre me acaba de hacer. Cuándo les contaron de mi recaída de inmediato viajaron para acá y ni les cuento la regañada que me dieron. Si que la merecía, los tenía demasiado abandonados. Llevaba casi cuatro semanas sin llamarlos y sin cotestarles las llamadas. En estos momentos pueden llamarme mala hija, me lo merezco, pero como toda visita tiene su fin y ellos ya llevan conmigo cinco días, deben volver a sus ocupaciones en la empresa que con esfuerzo han levantado.

—Mi niña cualquier cosa me llamas, sabes que a cualquier hora estamos para ti—don Mauricio ¿Les mencioné que es el mejor papá del mundo? Les doy permiso de envidiarme, siempre fue mi consejero, mi alcahuete, pero también supo reprenderme aunque fueron muy pocas veces las que lo hizo

—Sí, pito, lo sé, eres el mejor —le digo dándole un abrazo de oso

—Por favor Scarlett, tómate tus medicamentos a horas y ten presente las recomendaciones del médico— esa es mi señora Madre, siempre tan protectora. Ella es el pilar de mi vida y mi ejemplo a seguir, por ella es que yo soy quién soy ahora y siempre le estaré eternamente agradecida.

—Prometo ser juiciosa doña Amparo, palabra de una Williams

Termino de despedirme de ellos no sin antes prometerles que iré a visitarlos pronto.

Ya sola en mi habitación pienso en lo sucedido en las últimas semanas y lo primero que viene a mi mente es: AGOTAMIENTO y ... él, el idiota de mi jefe Tomás.

Pienso en el día que nos conocimos, en su pequeña hermana, en la hermosa sonrisa que me dió...en nuestro almuerzo.

ojalá fueras siempre así. Tomás, ojalá

Pero he sido yo quién ha visto su peor versión ¿Por qué? No lo sé. Todos parecen amarlo por lo comprensivo y buen jefe que es él... todos excepto yo.

Eso es lo que tú Crees. Me susurra mi conciencia

Mi imaginación ha tomado el control de mi, por lo que tomo mi libreta de escritos mi lapicero y me dejo envolver en el mágico mundo de las letras.

Pasados unos minutos entre escribir borrar y volver a escribir leo el resultado y suspiro soñadoramente. Conmigo no hay caso, no debería estar pensando en el egocéntrico de mi jefe, no debería estar sintiendo lo que siento, desde lejos se ve que es del tipo de hombres que solo se preocupan por él, sus riquezas y tener amoríos de una sola noche, no es que yo quisiera una relación, tengo en claro que el verdadero amor a muy pocas personas se les da y que está tan sobrevalorado con un "siempre" de dos días y ya. Así son estos tiempos y lastimosamente yo soy del sí o del no, nunca del no sé.


Te elegí para SIEMPREDonde viven las historias. Descúbrelo ahora