Capítulo 21

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Sé que no estoy haciendo la cosa más inteligente que una chica de veintitrés años debería hacer, sé que dije que necesitaba aire y el aire no precisamente se sale a buscar en el baño. O encerrarse en el. Pero el miedo me sobrepasó, tanto que salí a toda prisa del almacén que ni siquiera sé como llegue hasta aquí.

Probablemente las personas que me vieron pensaron que era una loca. Cosa en la que no se equivocan, o sí, en fin. Solo mi cerebro no ha podido procesar del todo lo que paso. A ver, todos alguna vez hemos tenido miedo a perder algo, o miedo a no ser lo suficiente bueno para algo, en este caso alguien, es que verán, no es que yo viva llena de inseguridades y viva escondiéndome del mundo tratando de pasar desapercibida porque no, Scarlett Williams sabe quién es y sobre todo lo que vale. Pero es que Hannah...Hannah es mucho más bonita que yo, más curvilínea que yo, y para no aburriros con todo lo que es Hannah, diré que ella es todo lo que un hombre busca.

¿Por qué siquiera estoy hablando como si estuviera con más personas?

Lo que dije: estoy loca.

No sé cuánto tiempo lleve aquí encerrada, quizá minutos, horas, tal vez ¿Días? Eh, no, quizá minutos, lo que sea, un leve dolor de cabeza está amenazando con empezar y las cosas no pueden ir mejor, en el baño del lado hay alguien que toca tan desesperadamente que estoy pensando en salir de mi escondite y pedir que por favor se vayan.

Oh, espera, no es en el baño de enseguida en el que están tocando, es en mi baño.

Me doy palmaditas en la cabeza mentalmente, eres excepcional Williams.

Una voz me saca de mis pensamientos

—Williams, abre que sé que estás ahí—sí, ese es Alex. ¿Cómo carajos supo que estaba aquí? ¿Cuánto tiempo realmente ha pasado?

—Nena contéstame—más golpes

—Oye ¿puedes darle tiempo de hacer sus necesidades a una chica?

Lo oigo reír ¿Es qué acaso le he contado un chiste o qué?

Si, estoy irritada

—Uh, no creo que para hacer tus necesidades tome más de cinco minutos y tú llevas ahí casi cuarenta, chica.

Ah bueno, algo interesante que ha dicho hasta ahora. Abro la puerta del baño y me encuentro con la cara de preocupación de Alex

—Alguno de los dos debe haberse equivocado de lugar y desde luego que no soy yo—respondo cruzando mis brazos.

—Hannah fue a la oficina y me contó lo sucedido— se encoje de hombros

—¿Y qué te dijo ella para que luzcas tan preocupado? Porque Si me ves, estoy completita

—Déjate de ironías, dijo que estaban hablando mientras montaban la exhibición y que de un momento a otro saliste corriendo, creí que te había pasado algo.

—Estoy bien, solo que ya sabes, necesidades— le digo señalando hacia el baño.

El menea lentamente la cabeza y yo salgo de los servicios sin percatarme si me sigue o no, después de todo no necesito quién me cuide.

Entramos a nuestra oficina en un incómodo silencio, me dispongo a sentarme en mi mesa pero Alex me toma del brazo

—¿Sabes qué puedes confiar en mí, verdad?

—Sí, lo sé.

—Cuando quieras hablar de lo sucedido y con la verdad. Aquí estoy— añade acariciando mi mejilla, un carraspeo nos sobresalta.

—Lamento interrumpir Alex, las cajeras te necesitan...como para ya.— dice Tomás mirándome a mi.

—Hablamos luego, cuídate— me da un beso en la frente y se va.

—¿Y eso a qué vino?—le pregunto a Tomás

—Las cajeras están teniendo problemas con el programa.–responde al tiempo que se acerca y con mimo limpia mi frente.

—oh, espera ¿Eso fueron celos?

—No— desvía su mirada

—Ah, entonces ¿Qué fue?

Esta vez me mira directamente a los ojos

—Eso fue instinto protector

Me besa, es un beso diferente, un beso posesivo, hambriento y necesitado, su lengua se entrelaza con la mía y yo lo atraigo más hacia mi necesitando más de él, gimo, y el gruñe tomando mi cintura y sentándome en el escritorio de Wilson, mis piernas se envuelven en su cintura y el deja mi boca para atender mi cuello dejando besos húmedos y tiernos en él, pero estamos en la oficina.

—Tomás— sonó mas como un ruego que una advertencia.

No quiero que pare, pero es que no es el sitio mas adecuado. Mis piernas dejan su cintura al tiempo que me aparto poco a poco de él.

—¿Qué pasa?— su voz es ronca y su respiración agitada

—Estamos en la oficina

Me aparto del todo de él y me dirijo a mi mesa de trabajo, recojo mi bolso y salgo de la oficina, realmente no sé qué hora es pero tampoco me importa mucho. Puedo escuchar como su voz me llama pero ahora, ahora no quiero hablar.

De nuevo estoy confundiendo el vacío con la emoción, no sé si quiero estar en la montaña rusa.


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