Capítulo 8: Decepción

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Sin embargo, Marck era muy orgulloso como para dejarse intimidar por el, por lo que decidió solo ignorarlo y pasarlo por alto; pero al pasar por su lado, el tomó su muñeca...deteniéndolo.

—No salgas con él— Esas palabras resonaron en su cabeza, su voz levemente más grave y seria le hicieron estremecer. ¿Que rayos le pasaba ahora?

Marck estaba entre disgustado y confundido, no entendía por que le decía esto, pero aún así, no le agradó el tono que usó con él, Noah simplemente no podía llegar y ordenarle algo sin explicación solo porque sí; ya tenía a alguien así en casa para su desgracia.

Y con molestia, se deshizo de su agarre.

—¿Por que dices eso?— Preguntó algo irritado, tal vez más de lo que debería. Pero su poca paciencia cuando le ofendían ya era conocida por Noah.

—Alan no es una buena persona— Declaró seguro el extranjero y Marck lo miró incrédulo ¿Que le pasaba hoy?

—¿Que sabes tu de ese chico? Apenas llegaste a este país— Marck no pudo evitar que su voz saliera con algo de enojo, definitivamente su humor no era el mejor hoy y él solo lo empeoraba. ¿Que necesidad tenía de amargarle la vida? ¿Era tan divertido molestarlo?

Marck maldecía que le vieran la cara de estúpido. Y no sabía porqué, pero le dolía aún más que el también lo hiciera.

—Es cierto, pero yo he hablado con el más que tu, él no es la persona que crees, el solo quiere utilizarte— No quería seguir peleando, pero aquello fue el colmo para el castaño.

—¿Utilizarme? ¿No es lo mismo que haces tú? ¿No eres tu el que me chantajea para que haga cosas por ti? Perdóname pero tu mismo te estás contradiciendo— Declaró Marck impulsivo.

—Pero es diferente, el solo quiere jugar contigo, te lo digo, no salgas con él— Fuera o no la verdad, Marck no tenía ninguna razón para creerle, o siquiera para darle el derecho de la duda. 

Este tipo era especial para meterse en su vida y cambiarla a su antojo, y eso a Marck le daba miedo.

—¿Quién eres tu para decirme tal cosa? Solo vete y déjame en paz, saldré con él o con quien sea, ¡Y tu no puedes ni tienes razón para impedirlo!— Una pequeña espina de incomodidad se alojó en su pecho al decirlo, pero no se arrepintió. Nadie tenía derecho a desordenarle la vida como lo estaba haciendo el extranjero.

Noah solo le siguió mirando de la misma forma seria y monótona. Sin saber que decir, porque de una u otra forma, Marck tenía razón. El castaño solo bufó y se fue de ahí rápidamente, ignorando nuevamente la intensa mirada del chico.

¿Cual era su problema? ¿Por que de repente se metía en su vida privada? Marck sacudió su cabeza tratando de sacar esos pensamientos de su mente. Aquel chico era un idiota, nada más.

.

Las últimas clases retomaron su usual ritmo lento y un poco agobiante, hasta que por fin,  llegó la hora de la salida y los estudiantes se escapaban con alivio de aquellos salones, Marck no era la excepción y sin darse cuenta, ya iba de camino a la cafetería a la que Alan dijo.

Estaba nervioso y emocionado, tenía mucho tiempo sin salir con alguien, y menos que el primero en pedir la cita sea el contrario. Pero a mitad del camino no tardó en querer echarse atrás con cobardía como muchas veces solía hacer. Marck frenó unos segundos sin saber que hacer.

Escapar es lo que siempre hacía, pero ¿Era realmente lo correcto?

Miró sus pies dudoso y las advertencias de Noah le vinieron a la mente. Sacudió su cabeza, él no podía dudar de sus decisiones por alguien más. Tenía que por primera vez confiar más en sí mismo. Así que siguió caminando.

Ya estaba cerca de la cafetería cuando pudo ver a Alan de espaldas, estaba bastante cerca de él cuando de repente los amigos de este llegaron, inconscientemente, Marck se escondió y maldijo por ser tan cobarde.

—¡Alan! ¿Que haces aquí? ¿Esperando una conquista?— Los vellos de Marck se erizaron.

—Algo así, estoy esperando a Marck, el estudiante menor que yo.

—¡¿Que?! Alan hermano ¿Acaso bateas para ese lado?

Pasaron unos segundos de silencio antes de que una carcajada netamente sardónica vino de Alan.

—¡Por supuesto que no! ¿Eres tonto?— La respiración de Marck se cortó ante eso—Este es mi último año en el instituto, y a diferencia de Ethan, he fingido que soy un santo por mucho tiempo. No quiero irme, sin antes...divertirme un poco y ese chico parecía muy ingenuo ¿Tiene algo de malo jugar un poco con él?

Otra risa se le escapó, el semblante con el que lo dijo era completamente diferente a la fachada con la que le habló hoy o con la que lo había visto por tanto tiempo en el colegio.

La sangre se le subió a la cabeza debido a la vergüenza y el enojo. Marck era el mismo que decía que odiaba que le vieran la cara de estúpido, pero claramente eso es lo que era ahora; un estúpido ingenuo.

Inmediatamente se fue de ahí corriendo sin que se dieran cuenta y no pudo evitar que algunas lágrimas salieran de sus ojos debido a las ganas de gritar y a la ira que se aguantaba, ira que poco a poco se fue convirtiendo en humillación, porque esto, no era la primera vez que pasaba.

Sin darse cuenta, llegó a una calle llena de edificios residenciales y se sentó en la acera, se sentía tan patético. Se empezó a limpiar las lágrimas con rudeza, incluso se había permitido llorar por esta ridiculez. Realmente era muy miserable a sus ojos, y lo peor de todo, es que era su culpa. Suya y de nadie más.

Estaba realmente alterado, así que cerró los ojos, esperando que la calma llegara y que pudiese olvidar todo esto, deseando profundamente que todo cambiara, que fuese afortunado por lo menos una vez en su vida.

Saltó en su sitio al sentir algo frío tocar su frente.

Y cuando abrió los ojos, encontró una amable sonrisa y una mano que le ofrecía una lata de refresco, y pensó, que no pudo haber pedido algo mejor.


Fecha de public: 25/11/17

Fecha de edición: 10/03/19

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