Rusia parte 2

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Maratón 4/5 :B

Era una escena macabra. Parecía débil, pero dentro de varios años se encontraría entre los países más importantes, con una gran historia que niños de todo el mundo aprenderían en la escuela. Pero lo que ahora se veía era un pequeño, caminando sobre la nieve teñida de rojo, esquivando cadáveres de sus soldados y los de su enemigo, espada en mano llena de sangre y un objetivo frente a él.

Parecía joven, aparentaba unos quince años y algo en su mirada decía que no era alguien con quién debían meterse. Cuando vió al rubio rió burlón.

—¿Tú quieres detenerme? ¿En serio esa idiota de mi hermana vale tanto para que arriesgues tu vida por ella? ¿O sólo sigues sus órdenes?

—¡No le faltes al respeto! ¡Nunca! Y menos si es enfrente mío. No me importa si eres su hermano, te haré pedazos— gritó el pequeño con más valentía de la que tenía.

—Me impresionas— alzó las cejas. —Pero debes saber que no tienes oportunidad, no tú solo.

El menor se lanzó al ataque con bravura y las espadas chocaron con un sonido metálico y rápidamente se separaron para volver a atacar. En un rápido movimiento Rusia le cortó la mejilla al castaño.

—Te subestimé—dijo tocándose la cortadura. —Pero... No es suficiente.

Iván bajó la mirada lentamente hacia dónde estaba la espada del contrario, viendo cómo estaba incrustada en su abdomen y salía de allí su líquido vital.

El ver la herida también pareció hacerle sentir el dolor ya que inmediatamente se echó hacia atrás y gruñó.

—Ya dentro de poco te envío a (T/N), enano—dijo bajando la espada hacia su cabeza. Con furia se enderezó y se protegió del ataque, pero ya estaba herido y llevaba bastante tiempo en el campo de batalla con sus soldados, en comparación con el mayor que hacía poco que hizo su aparición.

Le quitó rápidamente la espada y le apuntó al corazón. Rusia lo miraba desafiante.

—Hasta nunca... —casi daba el ataque final cuando sintió el filo de una daga en su cuello.

—Tanto tiempo ¿Verdad hermano? —los chicos sintieron un escalofrío al escuchar la dulce voz de la chica. —Suelta la espalda.

—Púdrete.

—¿Qué no te vas a rendir?

—¿Frente a tí? No, gracias. Mátame. Prefiero llevarme la vida de este conmigo... —antes de que llegara a apuñalar nuevamente al menor lo lanzó hacia atrás, evitando cortarlo.

—¡(T/N)! —gritó Iván.

—Esto ahora es entre tú y yo, no lo metas en esto.

—¡No pienso perder contra tí! —gritó enfurecido con lágrimas en los ojos.

—Nunca hablaste conmigo ¿Por qué me declaraste la guerra? ¡¿Por qué siempre me odiaste?!

—¡Cállate!

—¡No hagas berrinches, eres el mayor, maldición! —el otro no dijo nada, lloraba en silencio.

—Hace años que no nos vemos ¿Verdad? ¿Por qué no me dices a la cara lo que te molesta, eh? —lo soltó. —Mírame.

El castaño ya no parecía tener intenciones de volver a atacar, se mantuvo mirando al piso un buen rato antes de voltear lentamente y con miedo y una vez vió a su hermana se tapó la boca horrorizado, dejando caer la espada. Iván también dejó escapar un grito ahogado ahora que la veía bien.

La piel de la joven estaba pálida, o más bien algo grisácea, su pelo había crecido bastante y estaba completamente enmarañado. Bajo sus ojos casi sin brillo había dos grandes círculos negros, y para el clima, estaba prácticamente desabrigada, (quizá por salir a las apuradas) dejando ver sus manos, azules, congeladas y llenas de cortaduras, al igual que varias partes de su cuerpo, seguro se habría encontrado a algún enemigo en el camino.

Para completar la triste imágen la muchacha se dejó caer, sus piernas fallaban, su lado sur era un desastre.

—¿Y bien? Siéntate —palmeó la nieve.— Dime por qué carajos estamos pasando por esto.

El mayor luego de recomponerse pasó saliva.

—¿Qué pasa? —siguió la otra.— ¿Te recuerdo a alguien? ¿...A Madre quizás?

El chico desvió la mirada, parecía dispuesto a hablar finalmente.

—¿Por qué? Siempre fuiste el orgullo de Madre, siempre tuviste toda su atención, siempre te amó más a tí... ¡Y a mí siempre me ignoraba! Aún si yo hacía todo para que me prestara un poco de su atención seguía siendo menospreciado. Aún si yo siempre la quise y estuve con ella cuando... Cuando se tuvo que ir. —rompió en llanto. —Y ahora tienes que aparecer tú así, ¡De la misma forma que estaba ella antes de desaparecer! Eres idéntica a Madre.

Se largó a llorar tapándose la cara y luego de un rato la niña lo abrazó fuertemente, como nunca lo había hecho, el otro correspondió el abrazo.

La guerra acababa, pero no los problemas. Hubieron muchas bajas y era imposible que (T/N) volviera a recuperarse. Se acabaría todo en poco tiempo.

Su hermano aparecía de vez en cuando con vergüenza, les llevaba algunas medicinas y se iba sin decir nada. Aunque los guardias afirmaban que se quedaba escondido afuera del fuerte que habían armado y se iba poco antes de que salga el sol.

Rusia ya llevaba dos días dormido, había perdido mucha sangre y la niña rogaba que se despertara antes de su  lamentable final.

Ese día juntó las improvisadas "camas" de la enfermería (que sólo eran mantas) y se acostó junto a él. Había rogado que la atendieran en la enfermería ya que ella tenía una habitación aparte, pero lo único que quería era ver despertar al pequeño rubio.

Se sentía pésima, le dolía todo, ya iba perdiendo las esperanzas de que el otro abriera los ojos, pero luego sintió un movimiento e Iván ya estaba incorporado, tallandose los ojos.

—¡Iván! Qué bueno que despertaste —dijo mientras se apoyaba en la pared.

—¡(T/N), estás bien! —dijo él infantilmente mientras la otra sentía un nudo en la garganta.

—Iván, sobre eso... —comenzó.

—¿Me dirás que es imposible recuperarte y morirás de todas formas?

(T/N) quedó en shock.

—Al parecer sí... Bueno, ya pensé en eso. —continuó él felizmente.

—¿S-Sí? —la otra aún no comprendía nada.

—¡Te harás una conmigo! —dijo no muy alto, pero lo suficientemente fuerte como para que el soldado que se estaba recuperando cerca de ellos escupiera su sopa.

—¿Y eso cómo sería? —preguntó (T/N) ladeando la cabeza.

—Fácil, te haces parte de Rusia y te quedas a vivir conmigo.

—Pero sólo tengo territorios devastados... —se desilusionó.

—¡No importa! La pasaremos bien (T/N), también estarán Belarús y Ucrania, por favor... Quédate.

—Está bien, lo haré.

Claro que los países que desaparecerían podían elegir quedarse, pero eso significaba renunciar a todo para ser sólo un renglón en el libro de historia, una leyenda de la que no se puede corroborar la veracidad y una persona con un nombre que nadie recuerda. Por eso casi todos decidían irse, y los que se quedaban no podían hacer otra cosa que observar el globo terráqueo en dónde no se encontraban.

Algo muy deprimente, pero Iván lo sabía, y no dejó de recordarle ni un minuto a (T/N) cuán importante fue y aún hoy, era para él.

Ay qué kk. (Y por cierto, han pasado 84 años, pero acá está el capítulo xD)













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