No soy un ratón

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Al final de la tarde ya estaba casi todo el plan armado. Los amigos de Tina me cayeron muy bien. Todos parecían sacados de una película cómica de Adám Sandler

-Rescatarla de vos querrás decir. – había dicho Tomas en un principio.

-Rescatarla de su madre loca. – replicó Tina

-De su tía loca. – concluyó Sofia.

Tina se cruzó de brazos, molesta por las bromas de sus amigos.

- ¿Van a ayudarme o no?

-Sí. – dijeron los tres al unísono, mientras que yo solo asentí con la cabeza.

Una vez estuvimos todos de acuerdo, Tina se sentó en el brazo del sillón individual donde estaba sentado Pancho, y me miró con una sonrisa satisfecha que me hizo reír.

-Asi que, ¿vos sos el ratón de iglesia? - preguntó Tomas, y sin estar viéndolo supe que se refería a mi.

-¿De dónde salió ese apodo? –pregunté.

-No nos mires a nosotros – se defendió Sofia –. Cat llegó un día diciéndolo.

La miré y se encogió de hombros.

-Lo escuché en una serie.

-Esta bien, pero ¿por qué me llamas así?

Puso los ojos en blanco.

-¿En serio me preguntás? Todo lo que sé de vos tiene que algo que ver con la Iglesia. Es como si vivieras ahí adentro.

-No es así. - repliqué.

Tomás se incorporo en el sillón.

-Okey, ratón, tengo preguntas.

-No soy ratón – mascullé.

-A la Iglesia no les gusta los maricas, ¿cierto? ¿No es un poco hipócrita de su parte? ¿Sabías que hace como mil años los curas podían saciar sus deseos carnales con hombres? Es decir, que eran tan maricas como yo.

-Okey, no sabía eso – admití sorprendida –. Pero no es cierto que la Iglesia odia a ... - ¿los maricas? ¿Podía decir eso? – nadie, no oficialmente. O sea antes sí, pero ahora son más abiertos. Claro que la mayoría de la gente no sabe eso y siguen siendo - me encogí de hombros - intolerantes.

- Intolerantes, sos adorable. – dijo Tomás – Querrás decir que siguen siendo unos hijos de puta. – me corrigió, poniéndose un cigarrillo en los labios.

-No fumes en mi casa – le advirtió Tina –. Pero decile la otra parte, - me pidió – la de seguir las reglas. Eso no me quedó claro. ¿Qué reglas tenemos  que seguir para ser aceptados?

En ese momento me di cuenta que tenia los ojos de los cuatro amigos sobre mí, esperando que sea la voz de una institución que les había hecho la vida imposible a millones por siglos. Genial.

-Bueno, la Iglesia tiene reglas, para todos. Como...

-¿No robarás?

-Exacto, y la de la pureza.

-¿La de virgen hasta que te cases? – preguntó Pancho –. Siempre me pareció muy romántico.

-Siempre me pareció imposible. – confesó Tina.

-Sí, a mi también. – admití .

Ya a este punto de la conversación mi rostro no daba más de rojo. Debía parecer un enorme y avergonzado tomate. Y empeoró cuando Tomás exclamó, aplaudiendo:

-Iuju, el ratoncito no es ninguna santa. – haciendo que todos rieran. Todos menos Tina, que miró hacia otro lado, casi igual de roja que yo.

-La cosa es que... – hablé sobre las risas - cuando dije que para que la Iglesia aceptaba las diferentes sexualidades siempre que vivieran según sus reglas, se refería a eso.

Mi mundo realHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora