Es una cita entonces

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Habían dejado en la iglesia varias cajas y bolsas con donaciones, desde ropa hasta alimentos, y nosotros teníamos que acomodarlos donde cupiera. Yo intentaba hacer todo rápido para salir de allí lo antes posible, pero todos parecían empecinados en tomarse su tiempo. Y por todos me refiero a: mi mamá, dos de sus amigas, Martina y Damián. Realmente no me necesitaban allí, así que pensé en mil excusas para irme. Lo único que quería era estar en el departamento de Tina y ser tan felices como lo fuimos anoche, solo que sobrias.

¿Y después qué?, me pregunté. Miré a mi alrededor: mi mamá, esas mujeres que siempre habían sido tan buenas conmigo, Martina y Damián, que no estaba segura de si podía considerarlos amigos, pero sí los apreciaba. Probablemente perdería a todos ellos. El miedo me invadió, mas debía recordar lo que me había dicho Matias: cualquier persona que no aceptara que fuera feliz, no valía la pena. Había tomado la decisión de estar con ella, de que ella me hacía feliz y no iba a dejar que ningún miedo, ni nada por el estilo, me lo impidiera.

Dejé lo que estaba haciendo, miré la hora y dije que ya tenía que irme.

- ¿Qué tenés que hacer ahora? -preguntó mi mamá de mala gana - Últimamente nunca está en casa -le contó a sus amigas.

- Támara me pidió si podía cuidar a Kiara. -mentí.

-  ¿Qué tiene  que hacer un domingo a la tarde que no puede cuidar a su hija? -inquirió.

Típico de ella: una madre solo puede ser madre, no puede tener una vida.

- No sé, mamá -suspiré -. Me pidió que vaya y voy, es mi trabajo. Chau.

Y antes de que pudiera criticarme algo más, salí de la habitación. Una vez estuve afuera no pude evitar sonreír, pensando en lo que vendría ahora. Me acordaba de anoche, la forma en que la besé y me besó y nos besamos, y no podía evitar pensar en que eso mismo iba a hacer en unos pocos minutos.

- Ana -me llamó Damián.

Me di la vuelta y lo ví venir hacia mí con paso apurado. Lo esperé en donde estaba, impaciente.

- ¿Qué paso? -pregunté - ¿me olvidé de algo?

- No, no -dijo, llegando a donde yo estaba -. Solo quería preguntarte algo.

Ahora ¿qué?

- Decime.

- Solo quería preguntarte por Matías. Vi que pasan mucho tiempo juntos y me preguntaba si pasaba algo entre ustedes. El es mi amigo y me gusta saber en qué anda. -sonrió, haciéndome sonreír a mí.

Damián tenía ese efecto en las chicas. Era lindo, encantador y con una sonrisa desarmadora. No por nada me había gustado durante toda la secundaria.

- No pasa nada -respondí -. Somos amigos.

- Pero ¿se hicieron amigos de repente?

Sonaba raro dicho así. Matías y yo apenas nos hablábamos y ahora éramos casi inseparables.

- Sí. -me encogí de hombros. - No sé, solo... conectamos, creo. Pero amigos, nada más.

Damián volvió a sonreírme.

- En ese caso... -dijo - Últimamente no estuviste mucho por acá.

- ¿Vas a hacerme los mismos reclamos que mi mamá?

Abrió los ojos sorprendido. Apuesto a que no se espera que le respondiera tan tajante. La buena y dulce Ana era tímida y amable, y yo ya no me sentía tímida, ni tan amable.

- No, para nada -respondió -. Solo que se nota tu ausencia ¿sabés?

- ¿Ah sí?

- Sí. Y, en fin, cuando notás la ausencia de alguien es porque te hace falta.

¿Esto era una especie de conversación para que estuviera más presente en el grupo? ¿Alguien le había pedido que hablara conmigo? Esto empezaba a molestarme.

- Por eso -continuó -, me preguntaba, si querías que hagamos algo un día de estos.

Me estaba ¿invitando a salir? ¿Damián Carlo me estaba invitando a salir? Esto era un chiste, una escena sacada de mis más estúpidos sueños de cuando tenía quince años.

- No digo nada formal solo... pasear -insistió al notar que no respondía.

A ver, no es que estuviera considerándolo... ¿O sí? Damián me había gustado por mucho tiempo, que él se diera cuenta de que existo y me invitara a salir había sido todo lo que siempre había querido, al menos hasta que terminé el secundario y me di cuenta que eso nunca iba a pasar. Pero acá estaba. Mas yo ya no era esa niña, no era esa Ana. Quería otras cosas, quería a alguien más. Entonces ¿por qué costaba tanto decirle que no? Quizás era porque esa ilusión, que se diera vuelta y me viera, nunca había muerto del todo. En ese caso ¿cómo podía estar segura de lo que sentía por Tina era real? Tal vez... estaba confundida y esto era real. El corazón me latía con fuerza a causa de los nervios. Damián me miraba, esperando mi respuesta.

- Mmm... -titubee.

La escena de anoche, besando a Tina en la glorieta, se aparecía en mi cabeza como un recuerdo lejano. Me preguntaba ¿cómo sería besarlo  él? Siempre lo había imaginado. Todas las inseguridades me asaltaron. Quizás estaba confundida con Tina, pero sabía que lo que había sentido por Damián era real. Con Tina podía perderlo todo, con él... Estaba a salvo.

- Esta bien - me escuché decir.

- Perfecto -exclamó - ¿Te parece el miércoles? Lunes y martes curso.

Asentí.

- Perfecto, es una cita entonces. Tengo tu número, así que te escribo para terminar de acordar. No te robo más tiempo. Chau, Anita. - se despidió con una sonrisa.

Sonreí, sintiéndome nuevamente una adolescente idiota. Pero me sentí una verdadera idiota cuando me subí al auto y recibí un mensaje de Matias preguntándome cómo me había ido, seguido de la llamada de Tina. Me quedé mirando la pantalla.

Que idiota.

Mi mundo realHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora