Cuando ya no escuchaba los insultos, los gritos o ya no alcanzaba a ver volando a cada uno de mis lados las muchas cosas peligrosas que me lanzaban los miles de niños que me perseguían comencé a andar un poco más lento, volteando a ver una que otra vez hacia atrás, pero tampoco confiándome tanto ya que sabía que podían reaparecer en cualquier momento y de cualquier parte. Solté un suspiro de alivio al momento en el que vislumbré la puerta principal de mi casa y me quité el sudor con el dorso de la mano para evitar que las heridas que tenía en la cara —principalmente rasguños— me ardieran más de lo que ya lo hacían, tosiendo después de dar el respiro. Estaba bastante seguro de que mis piernas ya no aguantarían mi peso por más tiempo, pero creí que no me importaba tanto ya que, aún así, estaba provocando que estas hicieran un esfuerzo demás cuando comencé a correr como lo venía haciendo antes aunque ya no hubiese nadie persiguiéndome.
Metí la llave que tenía aferrada con mucha fuerza en la mano y un tanto empapada de sangre por mis aberturas en las manos en el cerrojo de la puerta de manera torpe, fallando una y otra vez, pero giré la muñeca cuando ya estaba perfectamente dentro para así abrirla y entrar. Casi caí cuando metí un pie en la sala de la casa, pero traté con todas mis fuerzas de detenerme ya que las enormes y frescas cortadas que tenía en ambas palmas ardían a más no poder, el dolor era tan intenso en aquella zona que inclusive llegaban a palpitar. Dejé caer la mochila llena de enormes piedras y porquería que mis compañeros de escuela habían metido, liberándome de un peso extra y casi sintiendo que flotaba también por el muy intenso dolor de cabeza que provocaba que me mareara.
—¡Mamá! —grité lo más fuerte que pude para que la persona más cualificada en el planeta fuera a mi rescate.
Justo después de que grité escuché el explotar de un llanto muy agudo y quise golpearme la frente porque no recordaba que mi hermano más pequeño estaba aún aquí. Mi madre salió del cuarto de mi hermano con él cargado en brazos, mientras lo arrullaba para que parara de llorar. No pude evitar el sentir una oleada de celos y confusión ante la diferencia de situaciones, pero aquello no parecía tener remedio, aún así, adoraba a mi hermano a más no poder, pero cuando se tienen menos de siete meses uno puede vivir con todo ese tipo de lujos.
—Danny, calma. Ya despertaste a tu her...
Dejó de hablar cuando me vio de rodillas en el suelo, con la cara completamente colorada, lágrimas rodando por debajo de mis ojos y uno que otro gran rasguño en toda el área de mi cara también. Mi ropa estaba rasgada y la sangre salía en gotas de mi nariz. Yo traté de envolver las cortadas de las palmas con la tela de mi ropa, pero no podía tan siquiera cerrar el puño ya que el dolor se había intensificado de una manera muy notable. Abrió los ojos, sorprendida y gritó el nombre de uno de mis dos hermanos mayores para que pudiera dejarle al bebé y que ella bajara las escaleras para ir por mí. Con mucho cuidado me levantó y ambos comenzamos a subir hacia cualquier cuarto. Mi mamá daba pasos lentos para que pudiera yo ir a la par y no se desesperó para nada cuando yo daba un paso por cada cinco segundos que pasaban.
Quise sonreír débilmente, eso era lo que más me gustaba de mi madre: no tenía preferencias por ninguno de nosotros. Justo ahora acababa de dejar a su hijo más pequeño de meses para ir a atender a su hijo más problemático.
—Mami... —murmuré apenas audiblemente por mi debilidad y porque supuse que me había acabado mi voz gritándole.
—Chist —me calló, mirándome con paciencia—. No te desgastes, mi niño de oro; ya estás en casa, ya estás bien.
Iba a agregar algo más, pero me lanzó una mirada que me hizo abstener. Me llevó cargando a su habitación, mirándome varias veces de reojo para que rectificar que no me estuviera haciendo daño y, cuando me dejó en el suelo, me dio la orden de sentarme en su cama; me subí en esta de un salto y no pude evitar sentir una punzada de tristeza y culpabilidad al verla tan alterada buscando el botiquín de los primeros auxilios. Cuando lo encontró cerró su armario y se colocó en cuclillas frente a mí, moviendo sus mechones de cabello para que quedaran por detrás de la cabeza y ponerse a trabajar. Buscó las gasas, el antiséptico y las venditas. La manera en la que trataba de curarme era lo que me estaba haciendo sentir mejor, ya que sus técnicas eran únicas de ella: amorosamente y con dedicación.
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CURSE | dan reynolds
Fanfiction❝he was just a city, she's just a dirt road, but that never meant a thing❞ Dan sólo quiere tomarse un respiro de su ajetreada vida de superhéroe y espera que Skylar sea quien lo ayude a mantenerse cuerdo. ━𝐄legí esta vida y ahora estoy eligiendo...
