—¿Compañero Oculto? —exclamé, lanzando con molestia el periódico que tenía en las manos—. ¿Qué tipo de nombre es ese?
—No es el mejor titular y reconozco que no es el mejor seudónimo —admitió Dan, cerrando sus ojos para que pudiera seguir aplicándole la pintura negra en sus párpados—; pero, viendo el lado positivo, ya eres un titular y ya tienes un seudónimo.
—No me convence —espeté, tomando más pintura con mis dedos para ahora colocarla alrededor de sus ojos—. En primer lugar no soy un chico y, en segundo lugar, deberían esforzarse más en pensar en los nombres que quieren crear; quiero decir, tu sólo te pintas una franja negra en la cara y de repente ya eres El Gran Guardián de Zurmund —hice una pausa para asegurarme de que su distintivo como héroe estuviera bien hecho—, me pregunto a quién se le habrá ocurrido.
Una vez que terminé con la pintura negra que cubría una parte de su cara cerré el frasco que la contenía y la dejé encima de aquella barda de ladrillos que rodeaba el techo de la biblioteca.
Nos encontrábamos haciendo guardia nocturna en el que ambos decíamos que era nuestro lugar preferido. En la biblioteca podía percibirse aquel olor tan característico que los libros que se encontraban por debajo de nosotros, tenía una vista maravillosa hacia cualquier ángulo de la ciudad y, sobre todo, era lo más céntrico que podía encontrarse en Zurmund. Tal vez no era el edificio más alto del pueblo, pero poco nos inportaba: nada podía pasar desapercibido estando ahí.
—¿Por qué una franja negra de todas maneras? —le pregunté, recargando mi barbilla en mi mano mientras que mi codo se apoyaba en la barda de ladrillos del techo.
—Es sutil —respondió sin dudarlo mientras se encogía de hombros—. Honestamente es mucho más sencillo de lo que parece, y la gente piensa que no funciona para ocultar tanto mi identidad como quisiera hacerlo, pero todos se concentran demasiado en aquella marca que no se detienen a buscar cualquier otra cosa que podría hacerles ver que, en realidad, soy yo.
—Yo sabría quién eres sin tener que buscar algo que pueda delatarte aún si no tuvieras nada que ver conmigo —le dije con total confianza, mirando al frente—, esos ojos son demasiado llamativos como para no prestarles atención.
Aunque no lo había hecho la primera vez que me salvó, ni la segunda, y no supe quién era hasta que sus amigos tuvieron que decírmelo a pesar de haber estado con él por seis meses. Alcé mi vista al cielo con las mejillas infladas, un tanto molesta conmigo misma al recordar mis primeras fallas. Podría haber hecho un mejor trabajo averiguando acerca de él si tan sólo hubiese sido un poco más inteligente.
—Me haz visto desnudo —rio—, de ti espero que me reconozcas a más de diez metros, de espaldas y con la lluvia arruinando tu vista.
Sonreí levemente de lado. Ahora lo conocía como a la palma de mi mano y creía que reconocerlo como él me lo pedía no me sería complicado en lo absoluto.
—Cuenta con que lo haré.
Y, dicho esto, ninguno de los dos agregó una palabra más a la conversación que estábamos teniendo. El mutismo envolvió toda nuestra atmósfera, aunque del ruido del viento y alguno que otro grillo que se escuchaba a pocos metros de nosotros eran la excepción. Por todo el tiempo que llevábamos juntos, habíamos aprendido a hacer que los silencios entre nosotros dejaran de ser incómodos, dando paso a una sensación de serenidad que, dadas las habilidades y la vida que Dan siempre había llevado, tenía que ser aprovechada.
Gracias a aquella misma razón cerré los ojos discretamente y solté un soplo de irritabilidad, casi como por reflejo, cuando escuché el estallar de un transformador a mis espaldas.
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CURSE | dan reynolds
Fiksi Penggemar❝he was just a city, she's just a dirt road, but that never meant a thing❞ Dan sólo quiere tomarse un respiro de su ajetreada vida de superhéroe y espera que Skylar sea quien lo ayude a mantenerse cuerdo. ━𝐄legí esta vida y ahora estoy eligiendo...
