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Skylar

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No podía evitar sentirme abrumada por entrar una vez más a aquella oficina de periódicos a la cual no había entrado desde el día que Jonathan fue asesinado. Aún cuando habían pasado varios meses desde lo sucedido seguía sin superarlo, ni siquiera cuando decía que ya lo había hecho; incluso había noches en las que aquella imagen de él siendo desmembrado por una criatura fuera de este mundo me provocaba pesadillas o no me dejaba dormir en lo absoluto.

Todo lo que me encargaba de redactar junto con Elise lo hacía en su mismo departamento, pues ella sentía casi lo mismo que yo. Solíamos odiarnos, eso era cierto; pero la manera en la que ambas nos sentíamos con respecto a Jonathan era muy similar y, de cierta forma, encontrábamos el consuelo apoyadas en la otra. Había llegado a la conclusión de que, en realidad, estaba escrito que fuéramos inseparables, pero ambas nos habíamos encargado de ser demasiado orgullosas para ver lo que estaba justo frente a nosotras.

Eran pasadas de la una de la mañana; no dormir en toda una noche para ir a investigar todo lo que nos fuera posible sobre cualquier cosa para que Maxwell terminara siendo derrotado o, mínimo, para que nos dejara en paz era sólo un pequeño sacrificio.

Con mis manos temblorosas metí las llaves en el cerrojo de la puerta de la oficina en la que anteriormente trabajaba y pude sentir la rapidez con la que mi corazón comenzaba a latir. No sentía que estuviera lista para ver de nuevo aquel lugar que tantos recuerdos me traía.

Pero no iba a estar sola para enfrentarlos.

Solté un largo suspiro y con ello un leve empujón que provocó el rechinar de la madera al abrirse con lentitud.

El interior estaba oscuro y una ráfaga de aire nos envolvió al entrar. Cuando traté de encender las luces con el interruptor que se encontraba a un lado mío el par de focos que se encargaban de iluminar todo el cuarto parpadearon con velocidad por unos segundos y después soltaron una luz muy débil que no parecía ser del lugar al que antes pertenecían.

Mis ojos recorrieron la oficina entera. No sabía con exactitud cuándo había sido la última vez que alguien había pisado el lugar, pero el desastre que se veía daba a entender que nadie había tomado la iniciativa de entrar en, por lo menos, un par de meses. Ni siquiera Elise.

Jonathan habría odiado un lugar como aquel.

—Los registros están en el sótano —hablé, haciéndome a un lado para que Dan pudiera entrar—, la llave debe estar en el escritorio de Jonathan. Ponte cómodo mientras la busco, ¿de acuerdo?

Lo vi pasar frente a mí y me di cuenta de que recorría todo el lugar con sus ojos, casi con incredulidad. Curvé los labios, sabía que tampoco le cabía la idea en la cabeza de que, lo que alguna vez fue un lugar lleno de movimiento, ahora fuera un lugar lúgubre.

Abrí el cajón del escritorio de Jonathan y me dispuse a encontrar las llaves, pero no pude evitar distraerme y sentir un toque muy leve de confusión al ver aquella libreta que yacía lo más escondida que se podía entre todas las cosas que se encontraban en el cajón. La tomé con cuidado y  la hojeé, creyendo que serían datos de la oficina; pero mi corazón dio un vuelco cuando una de las hojas se leía Junio 26. Los días no son como esperaría...

Sin pensarlo dos veces cerré de golpe la libreta. El diario. No era correcto que leyera las cosas que Jonathan se guardaba, aunque la curiosidad por saber qué tantas cosas pasaban por su mente me inundara todo el cuerpo. Solté un último suspiro, lo extrañaba y, aunque nuestra relación no hubiera terminado de la mejor manera me quedaba claro el hecho de que nunca iba a superarlo y que cargaría con el arrepentimiento de no haber resuelto nuestros problemas por el resto de mis días.

Guardé el diario en una de las bolsas que se encontraban por dentro de mi chaqueta, no tenía intenciones de leerlo, sólo quería darle un cierre a toda esa historia. Una vez que encontré las llaves cerré el cajón y agité estas mismas para que Dan me escuchara y nos dirigiéramos a las escaleras para bajar al sótano.

CURSE | dan reynoldsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora