Mi teléfono sonó, interrumpiendo el imparable movimiento de mis ojos por las páginas del libro que Elise había llevado consigo en su visita al hospital, horas después de la curiosa visita de Dan.
Y creí que sería una gran idea ignorarlo.
Sonó una vez más.
Me decidí a hacer lo mismo.
Por tercera ocasión en la que emitió la vibración y un estridente sonido que parecía ser demasiado para un lugar como la habitación del hospital me dispuse a silenciarlo, tomándolo con mi mano débil por el tubo de plástico que hacía que palpitara con cada movimiento y, antes de que pudiera hacer cualquier cosa, observé el nombre que la pantalla otorgaba con claridad a pesar del enojo que estuviera inundándome.
Jebid.
Toda la frustración se disipó como por arte de magia y fruncí mis labios, cerrando el libro que tenía entre mis manos teniendo la completa certeza de que mi estancia en el hospital estaba por convertirse en algo interesante.
Contesté la llamada con manos temblorosas, sin estar del todo segura de estar haciendo lo correcto; pero podía sentir la consternación de quien había llamado tres veces continuas sin que mi evidente rechazo fuera un obstáculo. No tuvieron que pasar ni siquiera dos segundos cuando escuché a una mujer lo suficientemente alterada como para haber llamado en repetidas ocasiones, cada una de ellas con el mismo fervor que podrían conllevar.
—¿Apuñalada? —exclamó de inmediato la voz al otro lado de la línea—. Cariño, ¿qué demonios?
—Hola, mamá —respondí con calma, sabiendo que una respuesta igual de alarmante se encargaría de hacerla perder los estribos.
La razón por la cuál Elise y Jonathan eran mis contactos de emergencia era, simplemente, por que residían en el mismo pueblo diminuto bastante apartado de las grandes ciudades del país en el que yo lo hacía. Mis padres se encontraban en Nueva York y, a juzgar por la experiencia que viví cuando llegué a Zurmund por primera vez tras un viaje de dieciocho horas en automóvil, no me parecía del todo justo que tuvieran que tomarse tanto tiempo para venir y atender las urgencias. Aunque, siendo del todo honestos, no llegué al pueblo con la esperanza de ser apuñalada.
Pasaron pocos segundos desde mi sustancial respuesta para que volviera a escucharla del otro lado de la línea.
—¿Qué estoy...? —se interrumpió, buscando las palabras y tratando de ponerles un orden para seguir hablando con el apuro que ella creía que la situación ameritaba—. ¿Qué estoy haciendo hablando contigo? Saldré de inmediato e iré a esa ciudad en la que vives.
Era una petición mas que una promesa. Era una manera de hacer que reconsiderara todas las decisiones de mi vida que, invariablemente, me habían llevado a esa posición. Tallé mi frente, sabiendo que todo lo que me decía no se trataba mas que de un simple disparo de adrenalina ocasionada por lo que sabía. Aún así, estaba hablando con mi madre, la conocía y me quedaba claro que no había mejor manera de hacer que se relajara que seguirle la corriente a mi manera por un corto lapso de tiempo.
—Por favor, no lo hagas.
Asumí que habría dejado el teléfono y me había ignorado en el proceso cuando el estático sonido del aire hizo presencia en la línea y, tras sólo unos segundos, la voz de mi padre fue la que llegó a mí a través del teléfono.
—Hola, nena —saludó tras caer en cuenta de que tendría una oportunidad de hablar conmigo y decidir esclarecer ciertas cosas—, nos llamaron del hospital de tu ciudad hace algunas horas, ¿estás bien? ¿Qué ocurrió?
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CURSE | dan reynolds
Fiksi Penggemar❝he was just a city, she's just a dirt road, but that never meant a thing❞ Dan sólo quiere tomarse un respiro de su ajetreada vida de superhéroe y espera que Skylar sea quien lo ayude a mantenerse cuerdo. ━𝐄legí esta vida y ahora estoy eligiendo...
