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—¿M-Me amas?—pregunté casi sin aliento.
El rostro de Joel palideció. El miedo se reflejó en sus ojos.
—Erick, y-yo...
Una sonrisa terriblemente estúpida se extendió por mi rostro. ¡Me amaba!, ¡Joel Pimentel me amaba!, definitivamente era el chico más afortunado de la tierra por provocar algo así en el.
—¡Me amas!—le acusé sin reprimir mi sonrisa.
Joel fruncio el ceño con angustia y dijo—¿No estas asustado?
—¡Claro que no lo estoy!, quiero decir, ¡Me amas!—dije emocionado.
Joel se sonrojó completamente mientras escondía la cabeza en el hueco de mi cuello. Su aliento me causo escalofríos y dijo con los labios pegados a mi cuello—Te amo, Erick.
Mi corazón comenzó a palpitar a toda velocidad con sus palabras y lo abrace con fuerza contra mi pecho.
—Te amo, Joe—susurre en su oído.
El se tenso en mis brazos y murmuró —¿Puedes volver a decirlo?
Sonreí bobamente—¡Te aml, Joey!
El me abrazo con fuerza y me besó. Sus labios danzando con los míos lentamente, su lengua buscando la mía, mis manos en su nuca presionándolo contra mi y mi corazón palpitando frenéticamente dentro de mi pecho.
Sus manos se deslizaron por debajo de la playera y acarició mi espalda suavemente, provocando en mi una extraña sensación de vértigo.
—¡Dios mío!, ¡Te amo!—susurro contra mis labios.
Yo sonreí y volvimos a besarnos. Todo era increíblemente perfecto.
~
Habían pasado ya siete meses desde aquella noche en al que nos dijimos “te amo” por primera vez.
No podía creer que lleváramos diez meses juntos; era tan fácil estar con el. Habíamos visitado todos los cafés existentes en la ciudad, habíamos paseado por todo Londres a lo largo de esos siete meses ye ta increíblemente feliz.
Las discusiones nunca faltaban, pero nunca habíamos dejado que una pelea nos separará demasiado. Ambos eramos celosos y ese había sido, principalmente, motivo de muchas discusiones, pero habíamos sabido manejarlo.
Nuestros encuentros y sesiones de besos eran frecuentes, sobre todo después de discutir por algo. Generalmente, discutíamos por su renuencia a seguir con su vida. Había insistido innumerables veces en convencerlo de volver a la universidad pero el se negaba rotundamente. Debía que no iba a exponerse a las burlas de la gente que no entendía que estar ciego no era lo mismo a ser invalido.
Estaba profundamente enamorado de Joel y, para mi, cada segundo a su lado era increíble. Jamas habíamos llegado a algo mas que caricias y besos a pesar de la sólida relación que tenemos. Cada que estaba a punto de suceder algo mas, el miedo me asaltaba y nos deteníamos. Lo amaba por comprende que sin no estaba listo para algo tan grande como eso.
Joel e Ivan se llevaban cada día mejor, incluso, estaban planeando una salida a la playa con sus antiguos a amigos. Algo así como una reunión de viejos amigos. Estaba feliz por el aunque me sentía nervioso por alejarme de el todo un fin de semana.
—¿No beberás, cierto?—pregunte angustiado una noche antes de que salieran de la ciudad. Lo estaba ayudando a hacer su maleta.
—Por supuesto que no. No te angusties, solo estaré con mis viejos amigos, nada mas.—dijo mientras depositaba un beso en mi frente.
—Tengo un mal presentimiento sobre esto—me quejé.
En realidad lo tenía. No confiaba en una bola de chicos en la playa bebiendo hasta la inconsciencia y las imágenes sobre el accidente de Joel rondaban mi mente. Tenia una imaginación muy poderosa y no dejaba de imaginar aquel aparatoso accidente en el que Joel perdió la vista.
—Estare bien. Me comportaré, lo prometo.—dijo con una sonrisa tierna en los labios.
—Debes ser cuidadoso, amor—dije intentando alejar los horribles pensamientos de mi.
—Lo juro, corazón.
Al cabo de casi treinta minutos, Patricia se ofreció a llevarme a casa. Yo estaba muy renuente a irme porque no vería a Joel hasta el lunes por la tarde porque saldrían por la mañana del día siguiente y, tras unos largos minutos despidiendonos, me llevaron a casa.
Aquella noche no pude dormir. No podía dejar de pensar en Joel y su dichoso viaje.
No seas ridículo, Erick. Solo será un maldito fin de semana; estas actuando como todo un psicópata. Me regañe mentalmente.
El sábado salí con Yoandri al centro comercial cerca de su casa.
Definitivamente necesitaba distraerme. Me invitó a quedarme a dormir en su casa y acepté gustoso de tener un fin de semana con mi mejor amigo.
Charlamos a morir y me confesó que había estado íntimamente con Ivan hacia una semana. Me contó como había sido, como Ivan había sido todo un caballero con el y lo mucho que lo amaba.
Estaba feliz por el. Dar un paso como ese era algo que yo aun no me atrevía a dar. No por falta de amor, sino por miedo a lo que pasaría.
Nos fuimos a la cama pasadas las tres de la mañana y no sentí haber dormido nada, cuando mi celular sonó.
Gemí contra la almohada mientras lo buscaba a tientas en el mueble junto a la cama.
—Contesta, por el amor de Dios—se quejó Yoandri.
Tome el teléfono y respondí sin saber quien era. —¿Diga?
—¿Erick?—la familiar voz de Patricia me hizo sentarme de golpe en la cama.
Algo iba mal. Patricia jamas me llamaría a mitad de la noche solo porque si. Mis pensamientos se precipitaron hacia Joel y el corazón comenzó a golpearme con fuerza en el pecho. Me costaba trabajo respirar, me sudaban las manos, me temblaba todo el cuerpo y una sensación de pánico se apoderó de mi.
—¿P-Patricia?
—Erick, Joel tuvo un accidente.
Sus palabras me golpearon como un látigo. Toda la habitación comenzó a dar vueltas a mi alrededor, la angustia se apoderó de mi y no pude articular palabra alguna. ¡Sabía que algo malo ocurriría!, ¡Lo sabía y no había hecho caso a mis instintos!, ¡Que estúpido había sido!
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Blindly »joerick
Hayran Kurgu❝ Mereces algo mejor que un maldito ciego.❞ • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • Historia original de Sam Leon.
