—¿Qué somos?— preguntó de nuevo, pero esta vez sonó más insistente.
—Poché— susurré. No quería decirlo, me dolía decirlo.
—¿No somos nada, o somos todo?— dijo tensando su mandíbula y juntando sus cejas.
—Poché...
—Te escuché en el baño, cuando estabas con Pau— confesó.
—Poché, yo...— trataba de explicarle las cosas, porque veo que solo escuchó lo del principio, pero las palabras no podian salir de mi boca.
—Porque al final de todo, yo...— ella trago saliva mientras juega con sus manos —Temo no ser correspondida con mis sentimientos— dijo saliendo de la camioneta.
—Poché— dije bajando también y la seguí hasta la entrada de mi casa —Yo te quiero demasiado, lo hago, te quiero con toda mi alma— tomé sus manos para que no siguiera caminando y les di un ligero apretón, quiero que sepa todo lo que me importa.
—Calle— ella sonrió con tristeza y después negó con su cabeza —Yo... Yo te amo, ¿Sí?— me sorprendí al escuchar sus palabras —Me enamoré de ti, sin pensarlo, era imposible no hacerlo, te miraba todos los días y pensaba que no podía existir alguien tan hermoso como tú, pero al tenerte me di cuenta que contigo lo imposible se volvía posible, todo, hasta el amor, los sueños y que la tristeza se fuera. Tu me ayudaste tanto y no te diste cuenta, ni yo, solo hasta cuando me di cuenta que ya estabas dentro de mi corazón y me curabas desde ahí, tu solo has traído cosas buenas a...
Antes de que siguiera hablando más, tomé sus mejillas y la calle con un beso, no quiero seguir escuchándola, no más. No me importaba que estuviéramos enfrente de la puerta de mi casa y hubiera la posibilidad de que alguien saliera por ahí y nos viera, no me importaba el riesgo.
—No digas más...— susurré juntando nuestras frentes —No hables más— acaricie su rostro mientras sentía una lágrima bajar por mi mejilla izquierda.
—¿Por qué lloras?— preguntó entre risas, aunque las lágrimas caen por sus mejillas también.
—¿Por qué lo haces tú?— la cuestioné abriendo mis ojos para verla.
—Te dije primero yo, boba— ella sonrió pero sus cejas estaban juntas, sigue estando triste.
Tomé sus manos entre lanzandolas con las mías y deje caer mi frente sobre su hombro. Ella me ama, no dejaba de pensar en eso, ella lo hace...
—Quédate— susurré apretando más el agarre en sus manos, no quería que se fuera, no quería verla irse.
—El tiempo que quieras— contestó depositando un beso en mi mejilla.
Me alejé y la guié dentro de casa tomándola de la mano. Pasamos el pasillo de la entrada hasta llegar a las escaleras. Las subimos en silencio, seguramente mamá ya estaba dormida, así que no quería hacer mucho ruido para no despertarla.
Cuando llegamos a la puerta de mi cuarto, la abrí lentamente y encendí la luz de la habitación. Ramón llegó a nosotras y me agache para acariciarlo, Poché me pidió ir al baño, lo cual acepté dándole una camisa mía. Yo comencé a buscar otra camisa para ponerme. Me desvestí quedando solo en ropa interior y me puse la primera camisa que vi, me quedaba muy grande por cierto.
Comencé a quitar las sábanas de mi cama. A la acabar, me metí bajo las cobijas y espera a que Poché saliera del baño. Después de unos segundos, salió con su celular en la mano mandando algún tipo de mensaje de texto. Llegó a la luz de la habitación y la apagó quedando solamente iluminadas por las lámparas al lado de mi cama. Poché dejo su celular en, la que ya es prácticamente su mesita de noche. Se mantuvo algunos segundos sentada, apagó la luz de su lámpara y finalmente se acostó en la cama dándome la espalda. No dijimos nada la una o la otra, la sentía tan lejos a pesar de que estaba a mi lado y odio, demasiaso, esta sensación nueva. Nunca nos habíamos dormido así y me sentía extraña.
Después de unos minutos me armé de valor.
—Poché— la llame rogando que todavía no estuviera dormida.
—¿Sí?— respondió en medio de la oscuridad. No sentí ningún movimiento así que pensé que seguía todavía dándome la espalda.
—Perdón por lo de hace rato— dije tragando el nudo de mi garganta. Ella sabe de que hablo.
Pasaron los segundos y no recibí ninguna respuesta de su parte. Dios, no debí decir eso, soy una idiota.
—No te preocupes— sentí como se encogió en su lugar y su voz se entre cortó. Se posicionó en forma fetal y no podía aguantar las ganas de abrazarla por la espalda.
—Si lo hago— mire el techo no tan oscuro gracias a la luz de mi lámpara —En serio, lo siento mucho, tu sabes bien que te quiero mucho, lo sabes, pero...
—No hables más— me interrumpió con voz fuerte —No digas nada, lo entiendo, y lo sé...— ella tembló ligeramente, ¿Estaba llorando? —Se que no sientes lo mismo que yo— añadió.
Puse mis dos manos sobre mis ojos y solloce. Intentaba parar las lágrimas pero era imposible hacerlo, no quería sentirme así, no quería que nos sintiéramos así.
—Calle— por fin sentí que cambió de posición y se acercó a mi recargándose en su codo izquierdo —Perdón, perdóname, no llores— en un segundo senti sus manos sobre mis mejillas combatiendo con las lágrimas —No llores por favor, me duele escucharte y verte así— aparté mis manos y la vi en la semi oscuridad de mi habitación, detalle su rostro perfectamente gracias a la luz.
—Poché— traté de hablar.
—No llores y menos por eso— tomó mi mano y comenzó a acariciar su mejilla con esta mientras agachaba su mirada —No te puedo obligar amarme como lo hago yo— me dio un beso en mis nudillos —Debería de agradecerte...— mencionó en bajo.
—¿Por qué?— pregunté sin entender nada de lo que dijo.
—Porque habiendo miles de personas mejores que yo, me hayas escogido a mi, me hayas dado la oportunidad de amarte con todo mi corazón, y te prometo que no desaprovecharé esto— ella me miró.
—Poché, solo tengo miedo de que esto termine tan rápido, no me quiero ilusionar y que esto acabe, tengo miedo de eso— confesé tomando sus mejillas.
—No debes de tener miedo— ella se acercó y me dio un beso en la frente —Las únicas que podemos acabar esto somos nosotras, y eso no pasará, no habrá razones para hacerlo porque yo te amo y nunca me iría de ti, sería una tonta si lo hiciera.
—Te amo— susurré con miedo y no tan segura de decirlo.
—Calle...— ella río levemente, sin dejar de llorar —No digas eso— susurro alzándose sobre mí. Puso sus piernas a mis costados y sus dos manos al lado de mi cabeza, sin dejar que nuestros cuerpo se tocaran.
Vi las puntas de sus cabellos bajar hasta sentirlas acariciar mis mejillas provocandome cosquillas. Sus labios tenían ya un camino directo a los míos, pero al estar a centímetros, en el último momento, cambiaron de dirección, estos sellaron en la piel de mi cuello sus sentimientos y con su lengua los trazó expresandolos. Subió hasta llegar a mi oído.
—No digas eso— repitió con voz lenta y suave.
—¿Entonces cuando lo podré decir?— respiré hondo al sentir sus besos por toda mi mandíbula, donde la mordió un poco.
—Cuando lo sientas— habló cara a cara. Acarició mi nariz con la suya y dejo un beso en ella. Después dejo besos lentos en toda mi cara sin pasar por mis labios.
—Muéstrame— susurré y ella dejó de besar mi rostro y me miró.
—¿Mostrarte?, ¿Qué?— cuestionó alzando una ceja.
—Muéstrame— repeti tomando sus mejillas entre mis manos una vez más —Muéstrame a sentirlo, muéstrame como amarte— dije y ella sonrió.
—Te enseñaré a amarme, Daniela Calle— dijo con voz sensual en mis labios para después unir su boca con la mía.
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Alguien Como Ella | TERMINADA
FanfictionCalle es una chica con un futuro prometedor y Poché con un pasado que la persigue. Calle esta rodeado de gente que la quiere y Poché se aísla alejando a todo aquel que quiera acercarse. Calle es buena hija y Poché trata de serlo. Aún siendo tan dife...
