D a m i á n
—No es mi cagá. —Marco finalmente dice después de veinte segundos bastante largos—. Lo siento, no te puedo ayudar.
—¿Y cómo pretendís que venda la weá si me tienen fichao? ¿Acaso tú no pensai? —vocifero, tocándome la sien dos veces mientras terminaba de decir la frase completamente emputecido.
—Damián... —La Monse me intenta calmar, pero no lo logra.
Marco coloca un rostro de irritación, como si no me soportara. Se pasa las manos por toda la cara, sin siquiera decir una palabra.
—Si esta weá pasa a mayores, si hay de por medio una denuncia, van a hacer redes de mis contactos y ahí podís cagar tú. Si se enteran que tú erís uno de los mejores productores de la región échate mínimo unos cinco años en cana. —refuto.
Ni perra idea si lo que dije es verdad, pero sonaba bastante convincente.
Son las nueve de la noche del Jueves y estamos en La Laguna de los Patos —una pampa que está en mitad de la nada, donde hay una laguna... con patos—, está oscuro, pero no está tan helao. Estamos aquí porque la Monse logró convencer a Marco de que nos reuniéramos y yo informarle sobre que me habían cachado.
Marco es un weón de pelo largo y castaño, tiene la nada misma de barba, ocupa una expansión en una oreja de cinco milímetros y en la otra oreja trae colgada la Estrella de David. El gil tiende a ocupar polerones anchos —más anchos de los que ocupo yo— y buzos con puño. Tiene veintiún años y eso no más se sabe de él. Al parecer, el culiao no tiene amigos, sólo gente que trabaja pa él pa que él no se ensucie las manos.
—Es que eso no va a pasar... —Marco dice, juntando las manos y apuntándome a mí con total confianza—. ¿Sabes por qué no va a pasar?
—Es que sí va a pasar —sigo hinchándole las weas.
—No —afirma, con total calma— ¿Sabes por qué?
—A ver, dime. —lo desafié.
—Porque por algo te elegí a ti y a tu hermana, porque son inteligentes, son cabros con recursos y sé que podrán arreglárselas solos. —Pongo los ojos en blanco, chato por la forma en que nos manipulaba—. Ya, mira, te doy una idea... ¿Qué tal si tú creas tu propio negocio con tus amiguitos y ellos aumentan la red de clientes y te ayudan?
—No quiero meterlos en problemas. —aseguro.
—Grindr y era. —murmura la Monse.
—Éjale —Marco la frena y noto cómo mi hermana se tensa del susto—. Grindr está prohibido pa nosotros. Mucho riesgo, pacos fingiendo ser civiles... tú cachai po, ¿O no veís la tele?
—¿Y por qué no mejor me aplazas la fecha de entrega? En vez de pasarte las sesenta lucas el domingo, te las paso a fin de mes. —ideo, pero él ladea la cabeza.
—Eso también está prohibido —Ve su celular y se rasca detrás de la oreja—. Me tengo que virar. Espero las sesenta lucas entonces.
Se dio media vuelta, sin embargo, la Monse lo frenó.
—Oye, Marco —Le gritó y él giró la cara—, ¿Y qué pasa si no tiene las sesenta lucas pal domingo?
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volao culiao
Teen FictionDe cómo la Vale le ayuda a vender mota al Damián, un weón drogo con polola.
