s e i s

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V a l e n t i n a

—Como que sin los lentes veo 140p —me dice la Cata, sacándose unos lentes cafesitos y mononos que usa de vez en cuando—. No, no. 360p.

—Creo que 360p no existe, weona —Nos miramos en el espejo de mi baño. Me saco también mis lentes y veía quizás un poquito más borroso—. Yo veo 720p, o quizás 480. No sé.

—Imposible. Vo erís más piti que yo. Cuando me pruebo tus lentes veo el futuro de tanto aumento. —Se vuelve a poner sus lentes y se acomoda un poco el pelo.

—¡Valentina! ¡Ya nos vamos! —Oigo la voz de mi vieja desde el primer piso—. ¡Ven a despedirte!

—Por fin, conchesumare. —murmuro y la Cata pega saltitos más emocionada que yo—. ¡Ya bajo!

—Sus bongazos mierda. —La Cata aplaude.

Salimos hechas un peo a las escaleras pa despedirnos de mis viejos. Mi papá estaba vestido con una camiseta celeste, casi blanca, con el cuello perfectamente doblado, unos pantalones azules oscuros, un cinturón negro y un reloj de cuero en la mano derecha, y con la otra sostenía su maleta; y mi madre estaba toda regia y mina con un vestido con escote de color esmeralda y unos tacos plateados finitos.

—Estaremos llegando a Valpo como en dos horas más menos, apenas nos instalemos en el hotel Ibis te voy a pinchar —Me da un besito en la frente mi mami—. No quiero que hagas weás. Te amo.

—No haré na. Calmao pan amasao —Sonrío, nerviosa y mintiendo—. Te amo más.

—Chaito, Catita. —Le da un besito en la frente a la Cata también.

Mi papá es más frío, sólo se acerca y me dice «obedece a tu mamá», despidiéndose con un tosco beso en la mejilla y a la Cata sólo con un movimiento de cejas.

Cerraron la puerta y con la Cata fuimos corriendo hacia el gran ventanal pa cachar cuando definitivamente abandonen el condominio... hasta que lo hicieron y la camioneta desapareció totalmente.

—Viva Chile conchetumare —La Cata va a buscar un bong rosado que hace un par de días compró y quiere estrenar.

Yo, por otro lado, fui a buscar el gramo que me había comprado a unos panas equis del liceo.

Es viernes por la noche y la ansiedad me ta revolviendo toda la wata. Con tan sólo pensar que en exactamente en veinticuatro horas más habrá el meo vacilón en mi casa y gente llegando sin parar me ponía los pelos de punta y sentía la necesidad de perrear hasta conocer al diaulo.

—Aquí lo tengoooo. —La Cata trae el bong rosado y se va directamente al sillón y posiciona el bong en la larga mesa céntrica de cristal.

Yo, arrastrando mis patas con las chalas rosaditas de mi vieja que hace poco me las regaló, caminé lento hasta lanzarme al sillón, sin antes pasarle la bolsita con el lindo y verdesito fluorescente gramo de mota.

Ella agarró su pinky moledor de metal, puso el cogollito y empezó a molerlo, mientras que yo conectaba mi celu al parlante bluetooth y puse una canción que a las dos nos encantaba: Ulalá de Catana. Apenas la cancioncita se reprodujo, dejamos el silencio a un lado y comenzamos a mover la lengua.

volao culiaoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora