seven up

2.6K 213 35
                                        

Valentina

—Pensé que no tomabai —El Nico me webea—. ¿De qué te reís? —Me pincha una mejilla con su dedo, manteniendo su cara culiá de pesao buena onda.

—A vo' te gusta wearme parece. —Le doy un sorbo a mi piscola, y se me hace terrible difícil no arrugar la cara.

Weón, es que no hay manera que me guste la piscola. El sabor de mierda del pisco me recuerda a todas las veces que he caído en coma etílico. Algún día contaré toda y cada una de esas anécdotas y wenas experiencias, pero hoy no es ese día.

—¿Una zorrona que no le gusta la piscola? Erís distinta a las de tu especie.

—Yia —lanzo—. Pa' ti es como un nuevo ecosistema esta weá.

—Es que no soy tanto de carretes sabí. Obvio me gusta pasarla bien y toda esa volá, pero me considero un mino tranquilo. —Se apoya en la pared, sin pasar a llevar a ninguna persona que estaba vacilándola alrededor de nosotros—. Si me invitai a bailar, lo más probable es que te diría que no.

—¿La pulenta? —Mis planes de comérmelo se tiran al water de una velocidad como la de Usain Bolt. Él me asiente con la cabeza, pero lo pongo a prueba—. ¿Y si te invito un par de piscolas más, te soltaríai un pichintún?

Él me mira de patas a cabeza, con la expresión cuáticamente neutra, que incluso sentí que me había comido sólo con su mirá de mino serio, ah. Igual como que con la ojeá que me dio me puse un poco nerviosa, sentí que estaba haciendo el ridículo, aparte que el conchesumadre se tardó caleta en contestar.

—No me gusta tomar. —termina por decir y yo pongo los ojos en blanco.

Tanto que se demoró en contestar pa' que me mate las pasiones.

—Pero me copetearé sólo por ti. —atina en decir, aunque por la manera en que me la soltó me di cuenta que había planeado decirlo después de un rato pa' aumentar la tensión.

—Eaeaea. —Lo agarro de la muñeca y lo llevo a la barra.

Aún no se colapsa tanto esta weá, así que la barra taba maoma vacía. Había una que otra cara conocida; me hacían gestos de saludo lejano y uno que otro me apuntaba. No quiero sonar egocéntrica, pero es terrible penca ser faralita dentro del liceo... Sólo por culpa del Seba, en parte.

—¿Con negra o con blanca? —Nos pregunta una mina rubia, muy bien arreglá que estaba atendiendo detrás de la barra.

—Con negra po', obvio. —El Nico contesta por mí y se inclina apoyándose de nuevo en la barra, pasando la lengua por sus labios y examinando cada botella de pisco que había detrás de la mesilla.

—¿Y tú pensai estar todo el rato aquí conmigo? —Se la tiro así concisa precisa, esperando a que la mina le entregue el vaso—. Porque igual... —Me doy vuelta pa' cachar si sus amigos seguían ahí, y efectivamente lo estaban—... viniste con tus panas po'.

Me doy cuenta que literalmente atrás de nosotros, a unos quince metros de distancia, estaban sus cabros. Sus amigos po'. Y en el asiento estaba el Damián. Lo pude distinguir sólo por la pinta que tiraba, y encima de él estaba su polola, que no me quitaba el ojo de encima.

Mis pelos se pusieron como piel de gallina altoque.

¿Habrá cachao' que yo soy amiga del Damián? O sea igual, amiga no soy, pero nos hemos juntado de vez en cuando.

—Los aweonaos se divierten entre aweonaos. —Me la hace corta, y recibe el vaso para después apoyar su espalda en la barra y también fijar su mirá hacia su grupo de amigos.

—¿Te caen mal?

Él me ladea la cabeza.

—No es por mí que me alejo, es por el Damián —me copuchentea, y cada vez se hace más difícil distinguirlos ya que empezó a llegar más gente pa'l vacile, el humo de los cigarros y la mota se corría de un lado a otro y las luces coloridas llegaban a marear, pero aún podía cachar sus siluetas—. Lo cachai po'.

—¿Al Damián? —pregunto, un poco descolocá. Él me asienta con la cabeza—. Ah, sí. ¿El blanquito como la coca? —me hice la weona, claramente.

—Ese mismo.

—¿Y por qué te alejai por él? ¿Están peleados o alguna weá así?

Le da un sorbo a la piscola, sin embargo, no emite ninguna expresión facial que me indique que la weá estaba cabezona.

—La Ingrid es mi ex. Su actual polola. A mí no me importa que esté con ella, pero el weón es más sensible y emocional que yo, aunque no se note na' —Saber eso de él me interesó. El Damián siempre mantiene su imagen fría, como el típico volao' culiao' pesao'—. Se esfuerza caleta en ser así.

—¿Así cómo?

—Que las weás no le afecten. Mientras yo estaba pololeando con la Ingrid, este gil se la intentó jugar de nuevo, pero lo mandó por un tubo. No sé qué habrá cambiao' —Se rasca la barbilla sin demostrar pena o remordimiento por ella. Fuera de webeo, es más simpático que el Damián el Nico, pero se nota que es más neutro para las weás—. Sé que si estoy con ellos, y me coma con alguna weona que esté cerca de ese círculo, la Ingrid no me va a parar de mirar, y el Damián se dará cuenta de la reacción de la Ingrid y se va a sentir mal. ¿Por qué creís que la Ingrid no nos quita el ojo de encima?

—¿No te importa la Ingrid?

—No me importa como amor o pelación, sólo como amiga o alguna volá así. Sólo me importa el Damián. Lo quiero mucho al gil. Amigos antes que minas po'. —En una se queda callao' y me da el impulso de mirarlo.

Él estaba mirándome, sin pera. Se notaba caleta que había tensión sesual en este momento, pero yo sólo me hice la que no quiere la kosa y me reí, moviendo un mechón de mi pelo.

—Pero si la Ingrid no cacha dónde estamos no nos mirará. —Extiende su brazo y con sus dedos acaricia mi mentón, poniendo la voz cada vez más ronca.

Miro pal frente de nuevo, pa' cachar si la Ingrid ta viendo la weá que esta haciendo el Nico, pero al parecer estaba re en buena hablando con sus amigas.

Aun así, alguien me estaba mirando fijamente.

El Damián.

Mientras que el Nico me acariciaba el cuello de arriba hacia abajo con la yema de sus dedos, sin dejar de sostener su vaso rojo con piscola, fijaba mis ojos en la mirada del Damián. Estaba serio. Pero sentía que había algo más. Sé que no me estaba mirando simplemente porque estoy acá, algo me daba la impresión que algo más estaba pasando por su cabeza.

No fue hasta que la Ingrid se dio vuelta pa' plantarle un beso en la boca al Damián y un grupo de minas terrible prendidas se situaron entre ellos y nosotros, donde ya no pude ver lo que estaban haciendo.

—Yapo'. Vamos. —Termino accediendo, y el Nico rápidamente me agarra de la cintura.

—Puta que cansa esta weá de ser un genio. —Es la única talla que tira que me hace cagarme de la risa, mientras nos encaminábamos a una esquina para perrear tranquis.

volao culiaoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora