d i e c i n u e v e

4K 284 38
                                        

V a l e n t i n a

—Aah, ¿Y por eso adoptaron a tu perra? —digo con la lengua un poco dormida de tanto tomar.

—No. Eso es una historia aparte —El Damián responde igual de curado que yo—. Es que yo crié a ese perro pensando que no se iba a ir, de hecho le pusimos hasta nombre creyendo que ya era de la familia.

—¿Y cómo se llamaba? —Me adelanto en preguntar.

—Perchero —Ok—. Es que cuando sólo mi vieja estaba en la casa él la ayudaba a llevar la ropa al canasto. Por eso lo llamamos Perchero. Y na' po. Después desapareció no más.

—¿Y cómo se llama tu perra?

—Monserrat —webea, refiriéndose a su hermana. Él se ríe y yo le lanzo un cojín por ser falta de respeto, pero igual me cago de la risa—. Na'. Se llama Yuyu.

—Yuyu... —repito, casi susurrando—. Yyyuyyyu...

Analizo el nombre una y otra vez. Mientras más lo repito, más se pierde el sentido de la weá.

—Estái postre parece... —El Damián dice y yo ladeo la cabeza—. No si no.

El weón me queda mirando con la cabeza media agachada y expandiendo una suave sonrisa cada vez más. Lo quedo observando también y nadie de los dos dice nada.

Ni siquiera con el Seba me he sentido tan cómoda en alguna situación así; al Seba lo conozco de hace años, y sé que en una instancia así —tal y como pasó la noche del vacile— las cosas se tergiversarían demasiado y de alguna forma u otra me hubiese incomodado, sin embargo, con este weón del Damián es primera vez que estoy tan chill en una ocasión así. Quizás es porque es el primer mino que no se me lanza, o tal vez es porque sé que él está en algo con una mina.

—¿Cuánto llevai con tu mina?

La pregunta lo descoloca. Se rasca la nuca —pa' variar— y se agita.

—Es raro de explicar... —Suelta un laaargo suspiro—. ¿Me estái joteando acaso que andai preguntando weás?

—Bájate de esa nube, culiao —Le doy un manotazo en el hombro—. Nop. Sólo no quería perder el hilo de la conversación.

—Ah —Asiente con la cabeza, convencido—. Aprovechando que toy un poco curao, te respondo la pregunta... —Le dedico una risita victoriosa—. La Ingrid fue mi mejor amiga. De hecho, a mí me gustaba otra mina en ese entonces, una mina perfecta... —Se apoya en la pared y mira hacia el techo, enfocándose mucho en su historia—. Se llama Paulina. Era preciosa. No sé qué la hacía distinta al resto de las minas. La Ingrid me ayudó a conquistarla, pero cuando me comenzó a ayudar me apegué más a ella que a la Pauli. Aparte con la Ingrid teníamos más cosas en común: mismo estilo de música, los mismos vicios... Todo. Me terminó gustando ella y olvidé a la Paulina.

—¿Y la Paulina era amiga de la Ingrid?

—Siguen siendo amigas de hecho —me corrige—. La Ingrid era la ex de mi mejor amigo, el Nico. Entonces tampoco quería ser tan maricón de comerme a su ex, pero con el tiempo se dio. Ambos nos gustamos y la weá. Nos empezamos a comer y me ilusioné altoque. Las cosas están yendo relativamente bien.

—¿Y por qué dijiste que era raro de explicar? —curioseo—. O sea, me lo explicaste súper bien. Te entendí todo todito.

volao culiaoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora