Siguió avanzando hasta llegar a mí. Se detuvo y me miró de arriba a abajo.
—Tú vas a entrenar a solas conmigo —dijo con una expresión parecida a: "Vas a sufrir, maldita".
Oh. Mierda. Me aferré a la tela de mi pantalón y apreté los dientes. Hice lo posible por no abrir tanto los ojos e intenté mirarla el mayor tiempo posible sin parpadear. Ninguna de las dos cosas funcionó. En sus labios apareció una diminuta y malvada sonrisa. Agh. Como la odiaba.
— ¡Los demás! —continuó y aplaudió dos veces para captar su atención. —Mismo modo. Voy a comunicarles a los otros líderes para que sepan que ya están listos. —dijo, y acto seguido caminó hacia un poste común y corriente, hasta que veías la parte media. Éste tenía una pequeña puerta, la cual Hanna abrió. Dentro, se encontraba un botón ancho y color café. Lo apretó, y en algún lugar cercano a la zona se escuchó un timbre parecido a una chicharra.
— ¿Qué van a hacer ustedes? —le susurré a Toño.
Arqueó la ceja y mientras me miraba, esbozó una sonrisa.
—Que sea una sorpresa —dijo. — ¡Pssst! ¡Adam!
El nombrado volteó.
— ¿Qué? —preguntó en un susurro.
—No le vayas a decir a Crist que es lo que vamos a hacer. Mejor que sea una sorpresa —respondió Toño y Adam le dedicó una sonrisa de complicidad. <<Malditos>>.
Un silencio se apoderó del ambiente. Era tenso.
De pronto, sonaron dos timbres más, uno detrás de otro. Al oír esto, todos (a excepción mía), comenzaron a correr. Wow. Realmente eran rápidos. Me quedé viendo por un momento, anonadada, sus cuerpos ágiles y en movimiento hasta que desaparecieron entre las oscuras calles.
—Bueno, pedazo de inmundicia —dijo Hanna —No te creas demasiado por lo que ocurrió hace dos días. Sigo siendo más fuerte que tú, recuérdalo. —sentenció en forma de amenaza. Después se hizo silencio. — ¡Ciento cincuenta sentadillas! —exclamó de pronto.
— ¿Qué?
— ¡Ciento cincuenta sentadillas! ¡Ya! ¡Hazlo rápido, basura humana!
—Sí, sí, ya voy. —musité con irritación y empecé a hacerlas.
Pronto descubrí lo difícil que era llegar al treinta, pero no me detuve. No iba a sucumbir frente a esa cabrona. Llegué al cincuenta. << ¡Vamos, Crist! Todavía faltan cien>>. Después al setenta. Los músculos me ardían y empezaba a tambalearme. No es que nunca hiciera ejercicio, ¡pero tampoco hacía tanto, joder! Sentadilla número cien. Sentía como el sudor bajaba por mi cara y tenía el resto de mi cuerpo igual. Cada vez que estaba a punto de caer, pensaba en el aborrecimiento que le tenía a la persona junto a mí. Eso me dio fuerzas. Sentadilla ciento cuarenta y cinco. Me mordí el labio. Ciento cuarenta y seis. << ¡Ya basta!>>. Ciento cuarenta y siete. Ciento cuarenta y ocho. A solo dos. Ciento cuarenta y nueve << ¡Vamos!>> me animé. Cuando iba a hacer la ciento cincuenta, Hanna me indicó que no podía subir.
— ¡No me jodas! —exclamé. Ella se limitó a observar, divertida. <<Maldita sádica>>, pensé pero resistí. Cerré los ojos, apreté los dientes y me dediqué a ponerle atención únicamente a mi respiración. Inhalé. Exhalé. Inhalé. Exhalé.
—Suficiente —dijo Hanna e inmediatamente me tiré al piso mientras suspiraba. No me importó acostarme en el asfalto frío. Escuchaba el corazón en los oídos. Respiraba agitadamente.
Miré el cielo. Las estrellas lucían espléndidas. Tantas y tan brillantes, me trajeron dolorosas imágenes a mi mente. Recuerdos. Recuerdos de mi padre. Exactamente de cuando ambos fuimos de campamento. Los astros nos miraban con sus deslumbrantes ojos. Era perfecto.
De pronto la realidad.
Él estaba muerto. Una rabia profunda contra su desconocido asesino me inundó el corazón. Y en medio de esa melancolía, se me ocurrió una idea. ¡Tonta! ¿Por qué no lo había pensado antes? Ahora trabajaba para una empresa de seguridad e investigación privada... así que... ¿Por qué no pedirle apoyo a Kiyoshi Izumi para que me ayudara a atrapar al culpable? Tal vez... Si me convertía en la mejor... Tal vez el jefe me ayudaría. Con renovada fortaleza, me levanté.
— ¿Cuál es el siguiente ejercicio? —cuestioné.
Hanna me miró con inocultable desconcierto.
— ¿Acaso eres masoquista o qué?
Sin hacer caso a su comentario, dije:
—Dime, ¿cuál es el siguiente ejercicio?
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Sombras Traicioneras | COMPLETA
Fantasy-¡Crist, tenemos que bajar! -dijo él. ››-¿Estás loco? ¡Esas llamas nos quemarán vivos! (...) ››-Crist... Esa es la cosa... No lo estamos...›› Cuando el padre de Cristina debe irse a un viaje de negocios, parece que el único desastre será vivir tem...