— ¿Estás segura de que no lo conoces?
— ¡No, jamás lo había visto en mi vida! —Exclamé en un susurro mientras me volteaba, dejando a mi costado al misterioso chico; Adam me imitó. —Hay algo raro en él. —le dije. —Respira —sentencié, mirándolo de reojo.
Adam se mordió el labio y lo miró de soslayo. De pronto, volvió la cabeza bruscamente hacia esa dirección.
— ¡Desapareció! —me volví rápidamente. Era cierto. El chico se había esfumado. Reforzaba mi hipótesis del intruso. Sin embargo, no era eso lo que más me llamaba la atención. Había algo más.
Sin pensarlo dos veces, corrí hacia donde, momentos antes, se encontraba él y vislumbré su cabello desordenado de la nuca entre los exaltados cuerpos, quienes ocasionalmente le daban golpes en las costillas. Sin embargo, él seguía adelante, empujando, pisando pies, recibiendo reclamos y golpes. Comencé a correr, queriéndolo alcanzar, al ver que se alejaba. Pronto, empecé a sentir mallugaduras por todos lados.
— ¡Hey, espera! —le grité al chico, pero mis palabras quedaron ahogadas en el escándalo.
De pronto, sentí que alguien agarraba mi mano. Me volví desesperada y descubrí a Adam.
— ¡Espera, tranquilízate, no podrá salir, las puertas están cerradas! —gritó para hacerse oír.
— ¿Y qué me dices de las ventanas?
—No creo que salte desde el último piso... —dejó las palabras en el aire y se quedó mirando un punto a su derecha.
Mierda. Estaba haciendo casi lo opuesto a lo que Adam había dicho. Sólo cambió el hecho de que en vez de saltar, estaba usando una cuerda atada a un mueble cercano para bajar. Corrimos hacia la ventana y nos asomamos.
— ¡Hey! —le grité. El chico se tensó y comenzó a bajar más rápido. — ¡No, aguarda!
—Déjame, yo me encargo. —dijo Adam.
Acto seguido cerró los ojos y se concentró profundamente. De pronto, el chico comenzó a zarandearse junto con la cuerda. Profirió un grito, como si una bestia lo estuviera devorando internamente.
— ¡No quiero! ¡Me rehúso a morir aquí! —exclamó el joven para alguien invisible, mientras cerraba sus ojos con fuerza, luchando, soportando.
Adam seguía con los ojos cerrados. Su concentración comenzó a asustarme ¿De qué podía ser capaz?
El chico seguía moviéndose bruscamente. Entonces dejó de ofrecer resistencia. La cuerda se escapó de sus manos y su cuerpo cayó en picada.
Me incliné más y más, hasta que la mitad de mi cuerpo quedó fuera de la ventana, como si pudiera detener su caída. Adam me tomó de la cintura, y me jaló hacia atrás, antes de que viera y oyera el golpe de su cabeza contra el pavimento. El golpe final. Me descubrí sentada en el suelo, asimilándolo todo. Adam se arrodilló junto a mí y tocó mi mejilla.
—Tenía que morir y lo sabes.
Me mordí el labio y asentí.
—Sí... Sí, lo sé, no sé qué me pasó. —dije mientras me levantaba y trataba de parecer normal, aunque en el fondo sentía todo lo contrario a "normal". —Vamos, regresemos. —tomé su mano, apenas dándome cuenta de lo que hacía. Mi mente estaba muy lejos de ahí.
Lo que había sentido con ese desconocido, era una enigmática conexión que jamás había sentido con nadie más...
— ¡Guarden silencio! —exclamó la voz de Izumi, haciéndome volver a la realidad. Todos obedecieron. —Bien, esta será la forma: El ataque será en la estación de policía, dentro y fuera del edificio. Las fuerzas de la OLFD que se encuentran ahí contraatacarán, pero el factor sorpresa es lo que nos dará ventaja.
>>Las formaciones van a ser así: En la primera fila estarán los que forman escudos, es decir, campos de fuerza. En la segunda van a encontrarse los que pueden formar esferas de energía. Arriba del edificio van a estar los que pueden volar o saltar alto. Y por último, se quedarán conmigo los que tienen alguna otra habilidad, así como ver a través de los espejos, por ejemplo.
Una vez que hayan entrado al edificio, deben encontrarse con su pelotón. Sus líderes les dirán en qué lugar se encontrarán y una vez ahí les dirán como procederán.
>>El objetivo final es que asesinen al mayor número de agentes, pero sobre todo, tendrán que buscar al más importante: Al jefe de la OLFD. Pase lo que pase, no puede salir vivo del ataque.
>>Para los que no lo conozcan, es este hombre —dijo, y acto seguido, detrás de él se proyectó la imagen de un hombre de unos 50 años, algo arrugado y de cabello en su mayor parte blanco. —Él, es el objetivo principal. En recientes investigaciones descubrimos que la OLFD se atrasa y se debilita cuando el jefe muere.
>> Otra cosa. Los que se quedarán aquí, les darán indicaciones a los atacantes para que puedan encontrar al mayor número de opositores. Les inyectaremos un líquido cartográfico para conocer su ubicación, y para que reciban instrucciones, auriculares.
>>Antes de que se muevan y para finalizar, Leticia Benavente, la encargada de las dagas, y otros, les darán a cada uno un ejemplar. Con ello atacarán a los agentes de la OLFD. Hemos identificado una debilidad en sus trajes por lo puntiagudo. Podrán ser a prueba de balas y a prueba de algunos de sus poderes, pero no hacia las dagas
>>Vayan con sus pelotones para que sus líderes les ayuden a aplicarse el líquido cartográfico, y sigan sus indicaciones. Ahora, sean libres, mis pajarillos.
Leticia y otros adultos repartieron las dagas, y una vez terminada su tarea, nos esparcimos y nos encontramos con nuestro pelotón. Después de un rato, Hanna llegó con un frasco lleno de un líquido color azul antinatural, que me dio la impresión de ser radioactivo; en la otra mano traía una caja de jeringas empaquetadas. Las repartió.
—Supongo que no son tan pendejos como para no saber aplicarse una inyección. —dijo. A decir verdad, era lo más amable que había escuchado provenir de su boca. —Así que voy a pasar con el frasco, van a llenar la jeringa hasta el 10 y van a administrarse la dosis aquí —dijo señalándose una vena en el dorso de su mano.
Hanna fue pasando el frasco. Cuando fue mi turno de llenar la jeringa, abrí la bolsa del aplicador, lo saqué, lo introduje en el frasco y lo llené. Vacilé un momento. Izumi no había mencionado por cuánto tiempo duraría el efecto del rastreador, y si preguntaba, me arriesgaba a recibir una mentira o a que me presionaran a aplicármelo. Así que cuando todos se distrajeron, tiré el líquido al suelo alfombrado, dejando solo una húmeda mancha.
— ¿Dónde dejamos esto? —pregunté a Hanna. De mala gana tomó la caja y dejé la jeringa.
Cuando terminamos Hanna y otros líderes indicaron que bajáramos a la calle. Intenté ver el cuerpo del chico. Sin embargo, la marea de personas me arrastró lejos de ahí rápidamente. Cruzamos la calle y nos topamos con una serie de furgonetas negras. Hanna indicó a nuestro pelotón que nos subiéramos a la primera de la fila. Fue la primera en abordar, sentándose en el asiento del conductor. Toño se sentó en el asiento del copiloto y los demás nos acomodamos en los asientos traseros. Me situé en la segunda fila, entre Adam y Laila. Sergio y Alexa se sentaron en los asientos de la tercera fila.
Justo cuando iba a estirar la mano para tomar el cinturón de seguridad, Hanna encendió el auto y aceleró como una maldita loca.

ESTÁS LEYENDO
Sombras Traicioneras | COMPLETA
Fantasy-¡Crist, tenemos que bajar! -dijo él. ››-¿Estás loco? ¡Esas llamas nos quemarán vivos! (...) ››-Crist... Esa es la cosa... No lo estamos...›› Cuando el padre de Cristina debe irse a un viaje de negocios, parece que el único desastre será vivir tem...