Wayre

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Alejé el pensamiento de mi mente. Arrimé los papeles y me recosté en la cama. Wayre se levantó y me miró desde arriba. Le devolví una mirada distante. Luego, me restregué los ojos y me senté. Alejó los papeles, tirándolos al suelo, y también se sentó, con los codos recargados en sus rodillas y las manos sosteniendo su cara. Lo imité.

— ¿Estás bien? —preguntó.

Me sinceré y negué con la cabeza.

—Odio a Izumi. Lo aborrezco.

—Ya somos dos.

Apoyé mi cabeza en su hombro, y él apoyó su barbilla en mi cráneo. Sentía como su pecho subía y bajaba, y su corazón latía, placeres que se me habían negado desde el ritual.

—Extraño esto. —señalé su pecho.

— ¿Qué?

—Que mi corazón lata. Te envidio. —estaba más expresiva de lo normal.

Se rió.

—Creo que el que debería envidiarte soy yo. Soy un simple mortal, sin ninguna habilidad sobrenatural, motivado por la ira contra mi familia y los demonios. —dijo.

—Yo soy un demonio. ¿Eso significa que me odias? —me separé de él y lo observé. Me devolvió una mirada inexpresiva.

—Me gustaría hacerlo, créeme —respondió al cabo.

— ¿Y por qué no? Es decir... Maté y destrocé vidas. Apoyé al grupo en algún momento. ¿Por qué no me asesinaste en la primera oportunidad que tuviste? Habría sido lógico, considerando que... —"odias a los demonios", quise decir, pero me interrumpió.

— ¡No todo es lógico! ¿De acuerdo? —Exclamó repentinamente enfadado. — ¿Acaso querías que te matara? —gritó, mientras se levantaba de la cama. — ¡Bueno, si gustas lo hago ahora!

—Hey, ¿qué te pasa?

Se puso a dar vueltas por la habitación mientras se restregaba la cara con la mano, con brusquedad.

— ¿Qué diablos me pasa? Me has hecho entrar en razón, ¿por qué hago todo esto por ti? — musitó. Su cara enrojeció.

—Si gustas mátame. De cualquier manera, no encuentro un mejor motivo para seguir en Terra que la venganza. Quien quite y desde Inferna puedo cobrar mejor.

—Es que no lo entiendes. ¡No puedo!

— ¿Por qué no? —cuestioné, levantándome y parándome justo frente a él. Lo miré con brío.

— ¡Porque, porque...! —se interrumpió. — No importa. Supongo que no vale la pena seguir ocultándolo.

Dicho esto, me tomó por los hombros firmemente, y su cara empezó a acercarse rápida e intensamente a la mía. Sus labios atraparon mi labio superior. Estaban calientes, y un poco rígidos. Parpadeé un par de veces, confundida, mientras veía sus párpados. Se separó de mí, ruborizado.

Trabamos la mirada, mientras un silencio indescriptible nos rodeaba como una espesa niebla.

—Lo siento, no quise...—empezó, pero entonces, sin pensarlo dos veces, lo abracé por el cuello mientras le devolvía el beso. Después de unos instantes, bajó sus manos a mi espalda baja. Perdió el equilibrio y se apoyó contra lo primero que sus palmas encontraron. La pared.

Nos separamos, sólo para que él recuperara el aliento, y sumergirnos nuevamente en un fluido beso. Este no se sentía como el de Adam. Se sentía mil veces más electrizante, como si pudiera seguir besándolo sin parar y sin aburrirme.

De pronto, se separó de nuevo, y cerró la puerta con pestillo. Volvió a sumergirse en el beso, y sentí como jaloneaba algo. Abrí los ojos, y vi qué era: se estaba quitando la camisa. Una vez hecho esto, pasó sus manos cálidas por debajo de la mía. Ambos caímos en la cama y... Ya, no sean morbosos, ya saben lo que pasó.

Sombras Traicioneras | COMPLETADonde viven las historias. Descúbrelo ahora