Ataque a la OLFD

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A pesar de que en nuestro grupo había muchos revoltosos y ruidosos adolescentes, todos permanecimos en silencio, esperando una señal, cualquier cosa que indicara que el ataque había comenzado.

Silencio.

Silencio.

Más silencio.

De pronto, desde la parte de atrás, alguien hizo sonar un estrepitoso silbato. Un grito casi unísono de guerra apareció en nuestras bocas, y varios levantaron las manos.

Los que estábamos en la segunda fila comenzamos a formar esferas entre nuestras dos manos. Una plateada surgió a mi derecha, a unos cuantos metros, y se estrelló contra el edificio, provocando que el suelo temblara. A la esfera le siguieron más, incluidas las mías. Dentro del edificio se disparó una alarma y una luz roja parpadeante.

No tardaron en asomarse algunas cabezas por las ventanas. En pocos minutos, entre temblores y adrenalina, se vieron más personas enmascaradas y con gabardinas. Empezaron a atacarnos desde cualquier lugar, el techo, las ventanas, las puertas y demás.

Por nuestro lado, los de la primera fila hacían su mejor esfuerzo por sostener los campos de fuerza; los de arriba trataban de distraer a los de techo, y en mi fila nos dedicábamos a dañar el edificio o a alguno de los agentes del bando contrario.

Un hombre cayó desde la azotea, lanzando un grito desgarrador antes de que su cabeza se encontrara con el suelo y sonara un desagradable crack. Uno menos. Parecía que las cosas iban a nuestro favor. Sin embargo, el grito de una mujer a mi derecha nos anunció que los papeles habían cambiado. Me volví de un salto, justo en el instante en el que las balas de los Mors Daemoniourum golpeaban a algunos de mis compañeros. Los agentes de la OLFD nos estaban atacando por la espalda. Nos superaban en número. Maldije. ¿Cómo carajo estaban ahí?

El auricular empezó a sonar de forma molesta. Alguien me llamaba, y me pedía explicaciones de por qué no veía mi ubicación. Terminó por hartarme, así que lo tiré, y molesta, lo aplasté con el pie.

Una bala iba hacia mí. Me libré. Sólo rozó mi brazo. Me aparté justo en el momento en que otra X venía hacia mí. Formé un campo de fuerza a mí alrededor, y corrí en medio de los agentes de la OLFD y mis compañeros. Lástima que sin notarlo en ese momento protegí a Hanna. Ni siquiera me miró. Simplemente se limitó a lanzar una ráfaga de sombras con formas humanas y de animales a los oponentes.

—Esas ratas nos atacaron por detrás. —dijo de pronto. — ¡No podemos entrar, maldita sea! También nos atacan por adelante. No sé. Tengo la impresión de que alguien canalizó la información —caí en la cuenta de que estaba hablando a través del auricular. — ¡No lo sé! ¡Un espía, supongo! —dijo. Entonces recordé al chico que había caído por la ventana. Pensé en comentárselo a Hanna, pero sólo iba a gritarme y lo hecho, hecho ya estaba.

Me dediqué de lleno a cubrir a la líder del pelotón y a otros demonios. En una de esas, corrí, y mi pierna derecha quedó adentró de una coladera pública destapada. Y entre eso, se me ocurrió una idea. Tal vez, podríamos entrar al edificio a través de las alcantarillas. Me levanté, cerré el hoyo y corrí hacia Hanna.

— ¡Hanna! —la llamé. Me echó un vistazo y siguió atacando desde lejos a uno de los agentes. —Ya sé cómo podemos entrar al edificio sin ser detectados.

— ¿Cómo?

—Entraremos por debajo. Por las alcantarillas.

Hanna atacaba, mientras sospesaba la idea. Luego, le habló a la persona del auricular.

— ¡Creo que encontramos una manera de entrar! ¿Qué? Claro que no, estúpido. Por las alcantarillas. ¿Las tienen mapeadas? Cristina, cúbreme —indicó. Se puso un dedo en el auricular y miró el suelo fijamente. Formé un campo de fuerza alrededor de las dos. Hanna guardaba silencio mientras escuchaba atentamente. —Entendido —dijo al cabo. —Dicen que es buena idea, pero que debemos hacerlo sigilosamente. Quédate arriba y distráelos. Voy a reunir a otros tres para que me acompañen.

Sombras Traicioneras | COMPLETADonde viven las historias. Descúbrelo ahora