—Voy a hablar con Izumi —me dije mientras miraba mi reflejo. —Tengo que hacerlo —me exigí, tratando de buscar algo de valor en mi interior. Ese era el día perfecto. No tenía entrenamiento, ni deberes.
Me encontraba en la habitación. Era un jueves soleado por la tarde. Leticia y Adam habían salido a no sé qué cosa, por lo que Yannick y yo éramos los únicos habitantes de la casa en esos momentos.
Me separé del espejo y salí del cuarto con paso decidido (o al menos trataba de que fuera de esa manera). Caminé por el pasillo y bajé las escaleras. Metí la mano en el bolsillo para comprobar si traía dinero. Sí.
— ¿A dónde vas? —preguntó a mi espalda cuando agarré la manija de la puerta principal.
— ¿Eso importa, Yannick? —dije volviéndome.
— ¿Qué tal si te secuestran? Van a preguntarme a dónde fuiste, y no quiero quedar como estúpido.
— ¡Jajá! ¡Qué positivo! Adiós. —le dije mientras abría la puerta. —Sé cuidarme sola —añadí antes de cerrarla.
Desde que me había enterado de los entrenamientos de la empresa, decidí ser un tanto más cautelosa. No le dije a Yannick a dónde me dirigía, sólo por si eso se usaba en mi contra.
El centro no quedaba lejos, pero no tenía ánimos caminar, así que tomé el autobús. El trayecto duró poco tiempo. Me bajé de este en la parada más cercana a mi destino. Una vez hecho esto, caminé hacia el lujoso edificio. Subí las escaleras principales dando traspiés. Luego corrí por encima de la alfombra roja. Doblé y recorrí los pasillos y escaleras necesarias. Un señor de la limpieza me gritó que no corriera, pero hice caso omiso.
En fin, cuando me encontraba frente a la puerta de Kiyoshi, di tres golpes un tanto frenéticos. Estaba de un humor muy extraño.
— ¡Pase! —exclamó la voz ahogada de Izumi desde adentro.
Sin dudarlo, abrí la puerta, a punto de caer de bruces. Sin embargo, me aferré a la chapa antes de perder el equilibrio. Me erguí y miré al hombre que estaba detrás del escritorio, con una expresión de sorpresa mezclada con confusión.
— ¿Qué la trae por aquí?
—Yo... —dije. — Yo...—no sabía cómo pedirle el favor. —Yo creo que usted es un buen jefe —solté, sin saber muy bien lo que decía. Me descubrí sonriendo bobaliconamente. Realmente estaba de un humor muy raro.
—Em... Pues... Gracias (?) ¿Solo es eso o hay algo más? —preguntó mientras se reía. De seguro pensaba que estaba ebria o drogada.
— ¡Hay algo más!
—Bueno, entonces, ¿por qué no se sienta y lo hablamos? —por alguna razón quería contradecirlo, pero me mordí la lengua antes de decir alguna otra estupidez. Caminé a la silla que me ofrecía y luego me senté en ella. —Ahora sí. Veamos, ¿qué ocurre?
Suspiré.
—Yo... Quería pedirle un favor.
—Ajá, comprendo. ¿Cuál es?
—Bueno, sería increíble si... Bueno, si usted quisiera... —suspiré nuevamente. Necesitaba ordenar mis ideas. Me tomé unos segundos para aclarar mi mente y después seguí. —Me gustaría que me ayudara a buscar al responsable de la muerte de mi padre.
Me miró inexpresivamente a los ojos. Después, obtuve un leve movimiento afirmativo de cabeza, en conjunto de una expresión preocupada.
— ¿Ocurre algo, señor Izumi? —pregunté y el hombre sacudió la cabeza. Sonrió.
—No, no... Por supuesto que acepto su petición. —dijo tratando de sonar convincente, aunque cada palabra dejaba un rastro de vacilación.
— ¿De verdad? —pregunté emocionada.
—Claro que sí. Ha sido buena en lo que se le ha pedido... Abriré el expediente tan pronto como pueda...
— ¡Muchísimas gracias! —exclamé mientras le estrechaba la mano, sin prestarle atención a su reacción.
Oh, mierda, su reacción.
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Sombras Traicioneras | COMPLETA
Fantasy-¡Crist, tenemos que bajar! -dijo él. ››-¿Estás loco? ¡Esas llamas nos quemarán vivos! (...) ››-Crist... Esa es la cosa... No lo estamos...›› Cuando el padre de Cristina debe irse a un viaje de negocios, parece que el único desastre será vivir tem...
