Gaia Vitali sólo tenía seis años cuando sus padres la abandonaron en el bosque. Esperaban que muriera y así deshacerse de ella, pero nunca pensaron que la mafia de Calgary la encontraría y salvaría su vida.
Han pasado dieciocho años y ella aún luch...
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GAIA.
Caminamos a través de un gran espacio abierto hacia un enorme edificio con furgonetas estacionadas en el frente. A pesar de ser casi medianoche, la gente está pululando alrededor, moviendo paquetes de apariencia pesada y dando órdenes; pero todos detienen sus actividades en cuanto se percatan de nuestra presencia.
Tengo mariposas en el estómago y me cuesta respirar cuando sus ojos registran a nuestro pequeño grupo antes de posarse sobre mí.
—Todo estará bien —Gideon murmura en voz baja—. ¿Confías en mí?
Asiento.
Confío en él. Siempre he confiado en él.
Le seguiría hasta las profundidades del infierno si me lo pidiera y ni siquiera le preguntaría por qué.
Su mano se desliza por mi nuca, infundiéndome las fuerzas que necesito, y empieza a guiarme hacia la estructura. Discretamente, arriesgo un vistazo a su rostro. Su mandíbula está tensa, sus ojos miran a la gente a nuestro alrededor con una expresión de advertencia y respira de manera controlada.
Imitándolo, mis pulmones absorben el aire lentamente mientras intento reunir las fuerzas necesarias para enfrentarme al edificio que se alza frente a mí. Pero todo eso es en vano porque puedo notar las barreras invisibles que intentan impedirme que siga avanzando, es casi como si la estructura estuviera hablándome.
¡Éste no es tu sitio!
¡Vete!
Me quedo con la mirada perdida en las puertas, sintiéndome más vulnerable que nunca. Entonces Zev capta mi atención cuando avanza con firmeza y determinación hasta la puerta para llamar en ella con un golpe de sus nudillos.
—¿Lista? —preguntaGideon con su mirada fija en su Caporegime y el hombre inmenso de gafas oscurascon el que se encuentra hablando.
Él está ahí de pie como si estuviera hecho de piedra, inquebrantable, impenetrable, sin embargo, se mueve como si fuera una sombra. La oscuridad moldea su intimidante cuerpo, barriendo sobre sus amplios hombros, imponentes brazos y tenso pecho. Es una maravilla que sea capaz de encajar su sólido cuerpo en sus ropas negras. Sin embargo, las gafas de sol por la noche parecen un poco ridículas.
—Mantente cerca de mí —Gideon murmura en voz baja, sus labios apenas moviéndose—. Y por lo que más quieras, no digas ni una palabra.
Simplemente asiento, incapaz de responder al toque de vulnerabilidad en su voz y la seriedad de sus palabras, antes de seguir al hombre del tamaño de un pequeño edificio. Zev y el sujeto de gafas lideran el camino, siendo seguidos por Marlon y Burne mientras Aryeh y Gideon se quedan a mis costados como si fueran mis guardaespaldas.
Con nuestros pasos resonando en el vestíbulo mientras hacemos nuestro camino a través de la construcción, dejo que mi visión se aclimate a las sombras y miro a mi alrededor con el calcáreo olor a polvo de las habitaciones abandonadas haciendo a mi nariz picar.