Gaia Vitali sólo tenía seis años cuando sus padres la abandonaron en el bosque. Esperaban que muriera y así deshacerse de ella, pero nunca pensaron que la mafia de Calgary la encontraría y salvaría su vida.
Han pasado dieciocho años y ella aún luch...
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GAIA.
Dos semanas han pasado desde nuestra boda y oficialmente estoy en el séptimo mes de embarazo. La fecha de parto está cada vez más cerca y ni siquiera disponemos de una pequeña manta para recibir al bebé, mucho menos una cuna para que él pueda dormir.
Siendo conscientes de eso, mi marido y yo decidimos transformar nuestra luna de miel en una maratón de compras compulsivas de artículos para West. Razón por la cual el día de hoy, luego de haber visitado tres tiendas para el mediodía, ambos cargamos montones de bolsas de pequeña ropita de bebé mientras ingresamos a una tienda de muebles.
Sigo a Gideon por los pasillos hasta que se detiene en la sección de bebés, y mientras mi marido compara las diferencias de dos cunas frente a nosotros, una mujer se acerca.
—¿Puedo ayudarlos en algo? —pregunta atentamente.
—Sí. —El modo serio en que Gideon le responde antes de voltearse para enfrentarla me toma un poco fuera de guardia—. Estamos buscando una cuna y una cómoda, preferiblemente a juego.
—Bueno, mi nombre es Olivia. Definitivamente puedo ayudarte. ¿Qué estaban buscando en sus muebles?
—Nos gustaría algo que dure, pero también que cumpla con todas sus necesidades —explico.
Olivia asiente.
—Síganme, por favor.
Con nuestros dedos entrelazados con los del otro y cargando un aproximado de cuadro bolsas en nuestras manos libres, Gideon y yo seguimos a la vendedora.
—Me recuerda a Claudia Cardinale —dice Gideon silenciosamente. Y al ver la confusión en mi rostro, agrega—: La mujer que interpreta a Jill McBain en "Érase una vez en el oeste".
Por supuesto que se refería a una actriz de una película del oeste. Me río y golpeo suavemente su hombro con el mío.
Tres cunas y cuatro cómodas más tarde, siento ganas de estrangular a la gemela de la Sra. Cardinale. O a Gideon, quien resulta ser un completo psicótico cuando se refiere a la seguridad de nuestro hijo.
—Cariño, si quieres puedes irte y seguir buscando ropa para West —dice Gideon cuando me ve arrastrar los pies detrás de él y la vendedora—. Esto me llevará más tiempo del que tenía pensado.
—¿Estás seguro? —pregunto—. No quiero dejarte aquí solo, se siente como abandonarte.
—Estaré bien. —Sonríe y rodea mi cintura con sus brazos para atraerme a él y depositar un beso en la cima de mi cabeza—. Además, buscar una cuna adecuada para nuestro hijo me hace sentir de la misma forma que buscar ropa para él te hace sentir a ti.
—De acuerdo. —Me elevo de puntillas y beso sus labios.
—¿Aún tienes tu teléfono móvil contigo? —pregunta cuando nos separamos.