Gaia Vitali sólo tenía seis años cuando sus padres la abandonaron en el bosque. Esperaban que muriera y así deshacerse de ella, pero nunca pensaron que la mafia de Calgary la encontraría y salvaría su vida.
Han pasado dieciocho años y ella aún luch...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
GAIA.
Despierto de golpe de un sueño perturbador y me siento momentáneamente desorientada. Me encuentro mirando con ansiedad el otro extremo de la cama, pero no hay nadie ahí. Apenas pasan de las cinco de la madrugada y el sol está lejos de hacer su camino por sobre el horizonte, pero sé que voy a ser incapaz de volverme a dormir.
Alargando el brazo hacia la mesita de noche, tomo mi nuevo teléfono celular y me sorprendo al descubrir un nuevo mensaje de Gideon, recibido hace sólo una hora.
Dormí un par de horas. Soñé contigo. Nos vamos a detener para desayunar y luego voy a conducir por las próximas cinco horas o menos. -: Gideon.
Sonrío en la oscuridad y pienso por un segundo antes de escribirle.
De nuevo, ¿por qué no viajaron en avión? Hubieran hecho diez veces más rápido y no hubieran estado atrapados dentro de un coche en un viaje de casi dos días. Pd: ¿Soñaste conmigo? ¿Qué tipo de sueño?
Ya sé cuál va a ser su respuesta en cuanto presiono el botón para enviar el mensaje: les hubiera sido imposible pasar la exuberante cantidad de armas que seguramente portan como parte de su equipaje.
Por lo que, sin esperar una respuesta, coloco nuevamente el dispositivo en la mesita y me levanto de la cama. Estoy tomando un par de bragas limpias de uno de mis cajones cuando el teléfono suena, haciéndome saltar. Me llevará un tiempo acostumbrarme al nuevo aparato.
¿Qué haces despierta a esta hora? Deben de ser las cinco de la madrugada por allá. -: Gideon.
Me siento con las piernas cruzadas sobre el colchón y dejo la ropa junto a mí para poder teclear rápidamente mi respuesta con ambas manos.
Lo son, pero aun así ya estoy lista para comenzar el día. No te preocupes por eso. Y si mal no recuerdo, estabas a punto de contarme sobre tu sueño.
¿Recuerdas aquel día en el bosque? -: Gideon.
Es todo lo que recibo como respuesta unos segundos después, pero aun así sé a qué día se refiere. Todavía puedo sentir sus manos sobre mi cuerpo y el frío de la corteza del árbol contra mi espalda mientras él me besaba, provocando que la electricidad y la emoción corrieran a través de mis venas.
Así que fue un buen sueño.
Un muy, muy buen sueño. -: Gideon.
Te extraño, pero por más que nos pese, vamos a tener que esperar hasta el próximo lunes para eso. Aunque ya sabes lo que dicen, la clave para la felicidad es tener algo que esperar.
Mi teléfono se queda en silencio por unos pocos minutos antes de que finalmente suene.