CAPÍTULO XI

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GAIA

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GAIA.

Desciendo las escaleras con Gideon caminando silenciosamente detrás de mí y me adentro a la cochera en busca del set de cuchillos con el que practiqué en el bosque; los guardo en los bolsillos secretos de mis botas, cierro el panel que oculta las armas y abro la puerta del garaje.

Hace más frío en la calle de lo que imaginaba, el aire de la noche se filtra a través de mi chaqueta de cuero y me hace estremecer. Siento la sangre drenarse de mi rostro cuando veo el SUV negro de Zev estacionado en mi camino de entrada.

Santa mierda. Esto está ocurriendo.

Quiero decir, sabía que estaba sucediendo, pero realmente no lo comprendí hasta ahora.

Y para ser honesta, estoy aterrada.

Mi padrese encuentra hablando con su Caporegime, quien se encuentra recostado contra lapuerta del lado del conductor de su coche. Marlon, Burne y Aryeh también están allí,con un mapa ante ellos sobre el capó del SUV.

Necesito de toda mi concentración para caminar sin matarme por la acera cubierta de hielo en dirección a la puerta de entrada para esperar a que terminen de discutir la estrategia. Aun así, estoy a punto de perder el equilibro cuando Gideon extiende su brazo y rápidamente me estabiliza.

—¿Cómo te sientes? —pregunta, poniéndose a mi lado.

Me encojo de hombros—. Nerviosa.

Envuelve un brazo alrededor de mis hombros y me aprieta a su lado, soltando un suspiro.

—No tienes nada de qué preocuparte. Será sólo una negociación tranquila.

No sé qué contestar a eso, por lo que sólo asiento y elevo mi rostro para contemplar el cielo desprovisto de estrellas y la luna oculta por las espesas nubes grises.

—Gaia...

Bajo la vista al escuchar mi nombre. Mi padre se encuentra de pie frente a nosotros.

—¿Cómo te encuentras, hija?

No tengo la voz ni la humildad para decirle que tengo miedo, no tengo idea de lo que podría esperarme esta noche, por lo que pongo todo mi esfuerzo en tratar de que la mentira abandone mis labios con total naturalidad cuando le digo que me encuentro bien.

Sé que no logré engañarle ni un segundo cuando sus labios se curvan en una pequeña y triste sonrisa, casi como si pudiera oler la mentira sobre mí.

Volviéndose hacia Gideon, busca en los bolsillos de su pantalón y le entrega las llaves de nuestro auto mientras dice—: Vayan en dos coches. Si algo ocurre, quiero que la saques de allí. ¿Entendido?

—Entendido. —Gideon asiente, estando completamente de acuerdo.

—Cuidarás de mi niña, ¿verdad?

TraiciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora