Gaia Vitali sólo tenía seis años cuando sus padres la abandonaron en el bosque. Esperaban que muriera y así deshacerse de ella, pero nunca pensaron que la mafia de Calgary la encontraría y salvaría su vida.
Han pasado dieciocho años y ella aún luch...
Surprise, babies! Ya sé que les he dicho que si elegían el adelanto del segundo libro no tendrían la escena extra de Gideon, ¿pero qué creen? Mentí 🤷♀️😈 Así que prepárense para ser parte, una vez más, de la mafia italiana y conocer los hechos que hicieron posible aquella noche que lo cambió todo. ¡A disfrutar!
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GIDEON.
—Tienen que moverse deprisa, muchachos —fueronlas últimas palabras de nuestro Don cuando nos despidió esta misma tarde—. Está en un almacén en Thorncliffe, pero ya saben que este tipo no se queda mucho tiempo en ningún sitio.
Ninguno de nosotros se molestó en responder verbalmente a sus observaciones; en cambio, asentimos levemente y nos dirigimos a nuestras casas para prepararnos.
Mi mejor amigo y yo nos mantuvimos en silencio todo el viaje, cada uno sumido en sus pensamientos y preocupaciones. Porque aunque se trata de una simple reunión, el riesgo siempre está presente. No podemos permitirnos el lujo de bajar la guardia, sobre todo después de lo que había ocurrido en nuestra última operación.
Siguiendo las coordenadas GPS que mi padre nos había proporcionado, lidero el camino por alrededor de dos horas antes de aparcar a un par de manzanas de nuestro destino.
Las temperaturas siguen descendiendo y las espesas nubes grises que presagian tormenta ocultan las estrellas mientras nos desplazamos a pie entre las estrechas calles secundarias hasta el almacén.
El área industrial en la que nos hallamos se encuentra desierta, por lo que no nos molestamos en trasladarnos hasta el edificio en silencioso sigilo ni agacharnos detrás de todo lo que nos podría ocultar, ya que al estar vestidos con ropa de combate negra nos camuflamos entre las sombras de los edificios con bastante facilidad.
Llegar a la puerta principal es sencillo, ingresar al edificio lo es aún más gracias a la extraña e inexplicable ausencia de un hombre armado montando guardia.
Zev y Marlon toman la delantera con sus armas listas, seguidos muy de cerca por Burne.
—Tengo un mal presentimiento —susurra Aryeh a mi lado, desenfundando su arma.
Asiento, coincidiendo, y me pongo en marcha con mi pistola alzada frente a mí.
Mirandoa su Caporegime en busca de aprobación, Burne espera la señal para patearla vieja puerta de madera con cerradura barata. Al parecer, quien fuera el dueño del almacén no estaba preocupado por su seguridad.
—El lugar perfecto para una emboscada —murmura mi mejor amigo en voz baja, estudiando el vestíbulo cubierto de telarañas y polvo.
—¿No me digas que tienes miedo? —me burlo silenciosamente, todavía avanzando a través de pedazos de madera y fragmentos de cristales con dirección a las voces provenientes de la habitación contigua.
—No tengo miedo, sólo me pregunto por qué no nos emboscaron.
Estamos a sólo setecientos metros del final del corredor cuando un sujeto surge de entre las sombras.