Gaia Vitali sólo tenía seis años cuando sus padres la abandonaron en el bosque. Esperaban que muriera y así deshacerse de ella, pero nunca pensaron que la mafia de Calgary la encontraría y salvaría su vida.
Han pasado dieciocho años y ella aún luch...
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GIDEON.
—¿Entonces, estás completa, totalmente, cien por ciento seguro que quieres hacer esto? —pregunta Aryeh pensativamente como por décima vez desde que dejamos el hotel.
Miro el escaparate frente a mí. Me encuentro un paso más cerca de hacer a mi mejor amiga, mi alma gemela, mía. No tengo ni una duda acerca de ello y es por eso que volteo hacia mi mejor amigo con una sonrisa en mi rostro.
—Nunca he estado tan seguro de algo en toda mi vida—le respondo intensamente, sin apartar mis ojos de los suyos para que sepa que hablo en serio—. Ahora, por favor, ¿podemos ir dentro? Estoy demasiado emocionado para holgazanear en la calle por más tiempo y estoy seguro que tenemos alrededor de una hora antes de que Zev comience a buscarnos.
Aryeh suelta un pequeño suspiro antes de asentir con su cabeza.
—Está bien, vamos.
En el minuto que caminamos dentro de la tienda, los asistentes de venta estrechan sus ojos hacia nosotros sospechosamente. Supongo que sus clientes regulares visten trajes y corbata en vez de pantalones de combate y camisetas térmicas como nosotros.
Una mujer alta y pulcramente vestida con una blusa de seda y una falda gris camina hacia nosotros, luciendo en su engreído pequeño rostro la sonrisa más falsa que he visto en toda mi vida.
—Caballeros, ¿puedo ayudarlos en algo?
Doy un paso adelante y la mujer eleva su cabeza para poder mirarme.
—Sí, estoy buscando un anillo de compromiso.
Su cabello está recogido en un complejo nudo detrás de su cabeza que estira la piel de su rostro, pero aun así puedo notar que su ceño se frunce levemente.
Suspirando con exasperación, Aryeh camina hasta detenerse junto a mí y se enrolla las mangas de su camiseta, haciendo que la pequeña mujer estirada obtenga un buen vistazo de sus brazos tatuados y, especialmente, de su reloj Bulgari.
Los pequeños ojos castaños de la dependienta se iluminan y su boca forma la figura de una "O".
—Ciertamente, señor. —Sonríe con un destello codicioso en sus ojos y se inclina con un movimiento claramente ensayado para ser elegante antes de colocar frente a nosotros una bandeja exhibidora.
Entrecierro los ojos ante las filas de anillos con brillantes diamantes que ocasionan que mi cabeza comience a doler casi inmediatamente. La variedad de sortijas es tan amplia que incluso después de casi media hora, Aryeh y yo seguimos inspeccionando detenidamente las bandejas.
—¿Qué tal este, Logan? —pregunta mi acompañante, apuntando a un anillo en la última bandeja que la vendedora sacó para nosotros.
—No lo sé, Finn. —Sacudo la cabeza ante la gran piedra cuadrada decorada con pequeños y brillantes diamantes a los lados—. No creo que sea del estilo de Blaire.