CAPÍTULO XXXII

578 87 75
                                        

GIDEON

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

GIDEON.

Gaia no ha dicho una palabra desde que abandonamos la casa de sus padres para dirigirnos a la de los míos. El familiar vestido color púrpura que lleva es uno de sus favoritos últimamente ya que es una de las pocas prendas que aún le quedan a pesar de que su vientre hinchado de casi seis meses acorta la longitud más de lo que cualquiera de los dos preferiría.

Detengo el coche frente a la puerta de entrada y me volteo para enfrentarla.

—Quiero que me escuches, ¿de acuerdo? —anuncio enfáticamente. Coloco una mano sobre su muslo descubierto y utilizo el contacto con su suave piel para ganar fuerzas.

Cuando asiente y aleja sus ojos de la construcción junto a nosotros para enfocarlos en mi rostro, continúo.

»Ellos probablemente se meterán con todo lo que puedan esta noche, con saña. Cualquier cosa que digan, no dejes que te afecte. Los protegeré, a ti y al bebé —le aseguro, peinando hacia atrás su espeso cabello negro con mis dedos—. Si necesitas irte cuando quieras, por cualquier razón, nos iremos, sin peros. Sólo prométeme que no les permitirás herirte —digo, sin dejar lugar para la discusión cuando la miro directamente a sus cautivantes ojos heterocromáticos.

—Lo prometo —dice severamente, pero aun así puedo percibir en su voz un deje de desesperación y miedo.

Miro su rostro con atención unos minutos más y luego suspiro antes de descender del coche y rodearlo para abrirle la puerta.

Gaia alisa la falda de su vestido y entrelaza sus dedos con los míos mientras emprendemos camino hacia la entrada de la casa. Apenas terminamos de subir el último escalón cuando la puerta de madera se balancea abierta.

—Gideon. —Mi padre escupe mi nombre como si fuera una maldición y entrecierra sus ojos grises en mi dirección, haciendo caso omiso de Gaia a mi lado—. ¿Qué estás haciendo aquí?

Ni siquiera me sorprendo al no recibir un "es bueno verte". Hace años he aceptado que nunca tendré una buena relación con mis padres.

—Tengo que hablar contigo y con mi madre —digo con frialdad, dándole un ligero apretón a la mano de Gaia todavía en la mía—. Es importante.

Frunciendo su ceño, se da la vuelta y camina dentro de la casa, esperando que lo sigamos. Me muevo lentamente, casi en un estado de ensueño, y me adentro junto a Gaia antes de cerrar la puerta a nuestras espaldas.

Rápidamente me pregunto qué es más importante, ¿informarles a mis padres sobre el bebé que Gaia y yo estamos esperando, o mi chica y mi hijo?

No hay competencia.

Me detengo a medio camino de la sala de estar, donde mis padres nos están esperando, y me volteo para enfrentar a la persona más importante en mi vida.

—Volvamos a casa —digo, colocando mis manos en su cintura y acercándola a mi cuerpo—. No vamos a hacer esta mierda. Sólo terminaremos sintiéndonos terriblemente mal.

TraiciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora