44- Planes y permisos.

3.5K 172 234
                                        

Stephen:

La sensación de algo un poco afilado presionando mis dedos me despierta. Muevo mi mano hacia mí sin abrir los ojos -porque los parpados me pesan demasiado- e intento alejarme de lo afilado para dormir un poco más y regresar a ese maravilloso sueño que estaba teniendo, pero me es imposible. 

Lo afilado me persigue y continua presionando, no con la suficiente fuerza como para lastimarme, pero si para hacerse notar y no dejarme dormir. Suelto un quejido, enfurruñado y abro mis ojos de a poco, parpadeando varias veces para acostumbrarme a la iluminación de dónde quiera que estoy y -cuando lo logro- un par de enormes ojos cafés y una nariz negra que resalta en pelaje blanco aparecen frente a mí.

-¿Por qué me muerdes? -le riño a Queen, tomando su rostro en mi mano para sacudirlo juguetonamente- ¿Tienes hambre?... ¿Qué hora es?

Aparto mi rostro de donde estoy acostado para levantar la cabeza y mirar a mi alrededor algo desorientado. Tardo a penas unos segundos en reconocer la sala de estar de nuestra casa. Busco mi teléfono, un reloj o lo que sea que pueda decirme qué hora es pero lo único que encuentro es que -si bien estoy en el sofá- estoy acostado sobre un Aaron vestido con la misma ropa de salir que había usado ayer en la noche cuando fuimos a beber con mis amigos. 

Me quedo mirándolo por un momento, fascinado ante la vista de su rostro durmiente tan cerca de mí. 

No importa que su cabello esté hecho un desorden, que sus ojos estén cerrados, que una de sus mejillas esté aplastada por la almohada o que sus labios estén entreabiertos; es tan guapo durmiendo como cuando está despierto.

Sonrío, deslizando suavemente mi dedo índice por el puente de su nariz y luego por la punta de ésta con un sentimiento de amor y cariño llenando mi pecho inevitablemente. Él está tan profundamente dormido que ni si quiera se inmuta. Me pregunto mentalmente si se despertará si intento levantarme para darle de comer a Queen y me quedo quieto haciendo estrategias de posibles movimientos suaves que me ayuden a dejar el sofá sin despertarlo.

Me decido por una y me muevo ligeramente para llevarla a cabo -porque Queen parece estar más que lista para hacer una protesta con ladridos si no le doy su desayuno pronto-, pero entonces la voz de Aaron preguntando "¿Deberíamos casarnos?" resuena en mi cabeza, trayendo recuerdos de la noche anterior en los que prácticamente le había pedido matrimonio varias veces e incluso le había expuesto razones por las que deberíamos casarnos.

-Oh, Dios... -suelto, sintiendo la vergüenza apoderándose de mí al mismo tiempo que mi rostro comienza a arder por el recuerdo de cómo había expresado mis dudas a Aaron sobre la forma en la que deberíamos comprometernos.

Todo, desde mi curiosidad por si estaba bien que yo se lo preguntara primero hasta si debería esperar a que él lo hiciera primero o a que nos pusiéramos de acuerdo para hacerlo al mismo tiempo porque los dos somos hombres, había sido preguntado hacia él como si el tema de conversación fuera algo de todos los días cuando en realidad no habíamos tocado ese tema en meses, desde que nos reconciliamos.

Y lo que hace esta situación más vergonzosa es que, en realidad, ayer en la noche estaba bastante consciente de lo que hacía. 

Es decir, sí, el alcohol hizo efecto sobre mí cuando estábamos en el bar y todo, pero después de que dormí un poco y me desperté siendo cargado en la espalda de Aaron, ese efecto parecía haberse ido casi por completo. Lo único que podía sentir en ese momento era hambre y una enorme necesidad de hablar con Aaron sobre matrimonio, así que lo hice.

En mi mente algo ebria nuestra plática había sonado bastante romántica. No sé, algo así como si lo que dijimos hubiera sido sacado de una película o de un libro de amor que muchos soñaban tener en la vida real, pero ahora que la recordaba mejor más bien había sido como si hubiera impuesto mis deseos con argumentos previamente preparados para poder conseguirlos a un Aaron completamente confundido por la situación.

Nuestro AmorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora