CAPÍTULO 34

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HIELO

-- Bueno será mejor que empiece desde el principio de la historia.-- Dijo él tío.

Yo miré a Kaled con rostro interrogante y él me respondió con la misma mirada cómo para indicarme que él tampoco tenía ni la más remota idea de que iba todo aquello.

-- A ver-- empezó su tío mientras se frotaba las manos nervioso.-- Cómo ya sabéis, desde hace ya mucho tiempo el odio entre los hielanos y los fogosos a estado patente. Y así pues las guerras también han sido inevitables.

Se paró un momento para mirarnos a los ojos.

¿Pero que pretende? ¿Darnos una clase de historia? Para eso me vuelvo al insti. Pensé sarcástica, pero no dije nada.

-- Bueno pues cuenta una leyenda-- prosiguió-- que, entre tanta tragedia por las guerras, nació un profeta. No se sabe si fue un hielano o un fogoso, pero eso no es algo importante. Lo que este profeta predijo fue lo siguiente. "En un futuro un poco lejano un ser del fuego y otro del hielo concibirán a dos hermanos: uno mestizo, el otro no tanto. Ellos, unidos por la sangre, salvarán al planeta de la devastación y le llevarán la paz. O bien provocarán la catástrofe de nuestro planeta y lo undirán para siempre en la miseria y la destrucción."

Se paró de nuevo para vernos. Yo estaba perpleja. Nunca había oído esa historia.

-- ¿Y con eso que nos quieres decir? -- Preguntó Kaled perplejo al igual que yo.

-- Todo a su tiempo muchacho, que aún no he acabado.-- Le respondió severo su tío.-- Pasaron décadas y nada sucedió. Al principio todos habían pensado que quizá fuera cierto, que quizá algún día alfinal uviera paz y se acabaran las guerras. Era su esperanza la que los instaba a pensar de ese modo. Pero nada sucedió. Las guerras siguieron y siguieron. Hasta que un día y de eso solo hace unos años. Una joven hielana cometió el tremendo error de acercarse a la linde, llevada por su instinto.

Yo tragué saliva y él me miró y asintió con la cabeza como afirmando una sospecha. Luego prosiguió.

-- Al otro lado de la linde había un apuesto muchacho fogoso. No voy a entrar en detalles, creo que con decir que se enamoraron basta. Incumplieron las normas más de mil veces, cruzando la linde y teniendo relaciones. Hasta que un día la hielana se quedó embarazada. Dió a luz a dos lindos mellizos. Un niño y una niña. Pero estos salieron distintos. La niña era una hielana mientras que el niño aparentaba ser un fogoso.

-- ¿Y que pasó con ellos? ¿Que les hicieron?-- pregunté desesperada por la intriga, después de un rato de él haberse callado.

El tío de Kaled me sonrió satisfecho de saber que estaba atendiendo a su historia.

-- Los ocultaron. Decidieron irse a una pequeña casita de madera en la que los criaron hasta que cumplieron los dos años

Yo contuve la respiración por un momento. ¿Que?

-- ¿Te refieres a esta casa?-- Preguntó Kaled perplejo.

Su tío asintió y prosiguió.

-- Pero un fatídico día, cuando los pequeños aun recién habían cumplido los dos años, ocurrió algo terrible. Los gobernantes de ambos los dos reinos de fuego y hielo habían decidido hacer una breve unión de un día para atacar a los que habían osado incumplir sus normas, pues se habían enterado de su osadía. Y así lo hicieron. Descubrieron donde se escondían y atacaron, pero antes de eso, los dos acusados se enteraron de lo que les ocurriría y decidieron esconder a sus hijos en otro lugar, para que no los mataran. Los dejaron al cuidado de un gran amigo del padre de los niños. Luego con los niños ya fuera de su alcance fueron atacados en su propia casa. Los mataron sin ningún esfuerzo, pero nunca encontraron a los pequeños.

Yo me quedé perpleja sin saber que decir. Pero él todavía no había acabado.

-- Los padres de los niños y el hombre que, tras su trágica muerte, los cuidó creían, o mejor dicho, intuían que los niños eran los elegidos de la profecía. Los que salvarían o destruirian nuestro mundo.

Y entonces sí. Se calló y nos observó expectante esperando alguna respuesta o pregunta.

Yo miré a Kaled, él estaba tieso. Yo tenía una leve intuición de por qué. Tenía una leve intuición de lo que sucedería ahora. De lo que estaba a punto de descubrir.

-- Y... ¿Que les pasó a eses niños?-- Pregunté casi sin voz.

-- Esos niños sois vosotros.-- respondió.

Hielo contra Fuego. (LIBRO I)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora