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Un Gilbert Blythe furioso caminaba por toda la escuela a paso rápido. Parecía dispuesto a matar a alguien. Apareció en el patio cuando los chicos comenzaron a idear un nuevo plan para la señorita Stacey y Sebastian. Se paró frente a Anne con voz ruda.

–¿Qué te sucede?

–¿Y ahora yo que hice? –pregunto nerviosa.

–¿Qué ocurre? –dijo Diana, confundida.

–Que la señorita Anne está loca, me dio su examen y entregó el mío como si fuera suyo porque es una salvadora –estaba muy enojado–. No le basta ayudarnos a que no nos expulsen, sino a que nos graduemos con honores. No te hagas la heroína.

Moody intervino.

–Hermano, ¿de que hablas? Ella te hizo un favor…

–¡Por favor, Moody! ¿Qué caso tiene?

–Cuida tu tono, idiota –dijo Diana levantándose de la banca.

–¿O que harás? –le dijo Blythe levantando la voz– ¡Es una ridiculez! –se giró de nuevo a Anne, quien tenía sus ojos azules cristalizados– ¿Por qué la gente hace favores para sentirse bien consigo mismos? ¡Pues que se vaya a ayudar a los niños de África! ¡Deja de usarme para sentirte bien! –ahora miraba al resto– ¿Ven muchas películas, o qué? ¡No viven en la realidad!

–Mejor púdrete, Gilbert –casi gritó Diana–. Ella hizo algo bonito por ti, ¿Qué tiene de malo?

–¡No quiero que lo haga! –gritó haciendo un gesto con sus manos– ¡No quiero que me haga ningún favor! –comenzó a gritarle a la pelirroja– ¿Me oyes? ¡Ninguno! ¡Ninguno!, no me des tu examen ni nada, no quiero nada de ti –le lanzó su hoja de papel arrugada.

Jerry lo empujó.

–Métetelo por el culo, idiota.

Moody y Diana trataron de separarlos.

–¡Calma, Jerry!

–¿Por qué me voy a calmar, Diana? –señaló a Gilbert– Estoy harto de él y de la situación. No hay forma de saber que quieren.

–¡Entonces púdranse! –les gritó la chica– ¡Todos púdranse! Pueden irse a la mierda, como si nos agradáramos. Esto no funciona entre Stacey y Lacroix, ¿Qué querían que hiciéramos? Si no funciona, no funciona. Terminamos, la operación terminó, terminamos. ¡Si quieren echarnos, que lo hagan!

–Me importa un carajo –dijo Jerry, golpeó con su pecho a Gilbert al momento de pasar junto a él –. Quítate.

–Púdrete, idiota –gritó el muchacho Blythe.

Anne comenzó a llorar y salió corriendo del lugar, Diana dio dos pasos al frente hasta que estuvo lo suficientemente cerca del oído de Gilbert como para gritarle.

–¡Te puedes morir! ¿sí? Ve a matarte como siempre has querido –también se fue.

Moody, de la misma forma se acercó a él.

–Muy bien, Blythe, tenias razón. Lo dijiste millones de veces y resulta esto. Ahora estamos jodidos, justo como tu dijiste –le dio la espalda y caminó a paso lento.

Gilbert se quedó solo en aquel lugar y apretó sus dientes.

「𝐋 𝐎 𝐕 𝐄, 𝐩𝐭. 𝐈 ; 𝐀𝐧𝐧𝐞 𝐰𝐢𝐭𝐡 𝐚𝐧 𝐄」Donde viven las historias. Descúbrelo ahora