「1998」
Sobre la mesa de la sala del departamento de Muriel, se encontraban los cinco expedientes de los chicos. Tenía tantas preocupaciones que no sabía por dónde empezar, además, el teléfono no dejaba de sonar, al igual que el timbre. Cuando abrió se dio cuenta que se trataba de Peter González.
–Quise tocar y no entrar –dijo el hombre.
–Que considerado –dijo ella, algo desesperada–. Pensé que ya estarías en Nueva York, porque, al parecer, ya todos se enteraron.
–Les conté como precaución. Déjame entrar para que hablemos.
Muriel se lo impidió.
–No puedes, estoy ocupada.
–¿Con que?
–Estoy pensando en algo.
–¿En lo nuestro? ¿En como te vas a disculpar? Estas cosas pasan. Estabas ebria, de acuerdo, pero me lastimaste. Incluso llegué a pensar que no te conocía, pero entonces pensé que estabas estresada por lo de la boda…
–Peter, ¿Por qué dices esas tonterías? ¡Terminamos! ¿Acaso no lo entiendes?
–Ay, por favor…
–¡Terminamos, Peter! ¡Terminamos! ¡No hay más!
–¿Quién te metió ideas?
–Nadie –respondió ella, firmemente–. Mira, estoy muy ocupada, Peter. Tengo muchas cosas en las que estar pendiente. No tengo tiempo para tus tonterías. Vuelve a Nueva York, haz lo que quieras, encuentra alguien que te soporte y sácala a pasear ¡Vete!
Le cerró la puerta.
A los pocos segundos, el timbre volvió a ser tocado.
–¿Ahora qué? –preguntó alzando la voz. Un segundo después se dio cuenta que frente a ella estaba Sebastian Lacroix.
–¿Tu prometido está dentro? –preguntó él.
–No, no está –respondió ella– ¿Qué haces aquí?
–Si pensamos en algo, probablemente encontremos una solución. Activar la alarma no fue algo permanente, y para que no lo malinterpretes, traje algunos borradores de ideas.
–Pudiste pensar con la maestra Roberts –dijo Stacey.
–No mereces ninguna explicación al respecto.
–De acuerdo, pasa –le dijo ella–. Entonces yo tampoco te debo ninguna explicación.
Cuando estuvieron dentro y Muriel le sirvió algo de coñac, Sebastian le hizo una pregunta.
–¿Por qué quieres salvarlos? Por lo que veo, ellos no quieren que los salven, tienen antecedentes muy malos.
–Sí, es verdad, pero estos chicos tienen problemas para adaptarse a la vida en la preparatoria. No encuentran su lugar en el mundo, no creo que debamos castigarlos por eso.
–Quizá sí lo entiendas cuando leas todas las cosas malas que han hecho.
–¿Solo importa lo escrito?
–Sus acciones están escritas. Nuestras acciones demuestran lo que somos. Deja que vivan su propio destino. Tal vez es mejor que vivan las consecuencias de sus acciones. Tal vez tu lucha es en vano.
Ella puso ambas manos sobre su rostro, estaba desesperada.
–¿Qué lucha? No puedo hacer nada.
–Déjame decirte algo que aprendí hace poco –le dijo Bash–. Aceptar tus debilidades también es bueno. Si crees que has hecho lo posible, debes aprender a aceptar las derrotas. Es parte de ser adulto. Ya no somos niños.
Muriel hizo una mueca y asintió.
Al mismo tiempo, en la casa de los Cuthbert se presentaba una visita inesperada. Un muchacho con sus libros escolares en mano, su uniforme puesto de manera impecable y completamente sobrio que se hacia llamar Gilbert Blythe, preguntaba por Anne.
–¿No te bastó arruinar la vida de mi pequeña Anne? –dijo Marilla.
–Tiene razón, señora Cuthbert, pero Anne no fue a la escuela hoy y empezamos un nuevo tema, pensé que podía repasarlo con ella.
–¿Le vas a enseñar el nuevo tema? –preguntó la mujer, cruzada de brazos.
–Puedo hacerlo, si usted me lo permite. Quiero ayudarla porque no quiero que esta situación la perjudique, ni que usted siga molesta.
–De acuerdo, bien, pasa –Marilla le abrió la puerta– ¿Quieres tomar algo?
–Leche con chocolate estaría muy bien.
Cuando Anne abrió la puerta de su habitación, no pudo evitar sonreír al ver al muchacho. Él tampoco pudo.
–Deja la puerta abierta –dijo Marilla–. Van a repasar la lección de hoy.
Ambos tomaron asiento en las sillas frente al escritorio de Anne, Gilbert abrió su cuaderno y buscó la pagina en la que tenia anotados sus apuntes. Comenzó a explicarle todo, mientras sus manos se tocaban de la manera más discreta posible.
Esa misma noche, mientras el señor Barry escribía la carta para finalizar el traslado de Diana a Francia, ella misma lo detuvo.
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「𝐋 𝐎 𝐕 𝐄, 𝐩𝐭. 𝐈 ; 𝐀𝐧𝐧𝐞 𝐰𝐢𝐭𝐡 𝐚𝐧 𝐄」
FanfictionSí, son los peores del instituto. Rebeldes, indolentes, y probablemente, unos fracasados cuando les llegue la hora de crecer, pero hay algo que los une: El amor. Fecha de inicio: 03.11.2020. Fecha final: 06.03.2021.
