Mi pasado. Jaque- Parte 3

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No era difícil saber quiénes estaban sentados alrededor de la fogata. Lo difícil era caminar entre ellos.

Jaque era jalado por Salomé hacía el otro lado del circulo de fuego al que todos miraban con atención. Sólo tendrían que esperar a que la luna estuviera en su punto y el evento iniciaría. Algunos jóvenes estaban emocionados al lado de sus padres y éstos se encargaban de contar la historia de cuando les tocó cantar a la luna por primera vez después de su metamorfosis.

Al final, Jaque había convencido a su amiga de ir a aquel ritual, pues era muy importante para cada miembro de la manada, pero aún así no logró convencerle de que cantara junto a sus padres. Sólo serían admiradores del importante evento donde se supone que los dos tendrían que participar.

No fue cuestión de tiempo para que algún chico se percatara de la presencia del azabache y comenzara a burlarse. Preguntándole el motivo de su asistencia, pues no debería estar allí, no hasta que completara la metamorfosis. El ojiazul bajó la mirada y se vio tentado de soltar la mano con la que la castaña miel le retenía con firmeza para salir corriendo de allí. Un pie asesino salió de la nada, provocando que el joven lobato callera al suelo de un golpe sordo-casi arrastrando a su amiga junto a él-, y aplastando sin querer la cola de uno de los adultos que estaba entretenidamente contando una historia a unos pequeños; pero que se vieron sorprendidos al viejo pegar un grito ante el repentino dolor. Se giró molesto y miró mal al azabache, no pasó de unas amenazas con decirle al padre del joven y seguir con su relato.

Pronto atravesaron ese campo minado de jóvenes y chicos que por algún motivo tenían odio a Jaque. La joven se detuvo frente a un árbol de tronco grueso, mientras que de un parpadeo sacó sus garras y cola para comenzar a escalar el gran pino; con la gracia de un felino. El azabache le miraba desde abajo, pues le era realmente asombroso el cómo Salomé tenía esa elegancia. Quizá influía el que a la chica le encantara ver y leer sobre dicha especie, a la cual deberían ser enemigos por naturaleza. Pero la castaña miel era una extraña combinación que se negaba a seguir las reglas. De hecho, ahora mismo rompía una al no presentarse a la melodía, aun cuando ya estaba lista.

-¡Jaque!-le llamó y el chico salió de su transe. Le miró con duda, pues ya había subido demasiado alto. - ¡Sube!- ordenó. En otro caso, el lobato sólo hubiera necesitado de un par de saltos para llegar a la altura de su amiga, pero había 2 problemas. Su metamorfosis no había madurado y él mismo aún era considerado cachorro. Sólo un adolecente-adulto podría hacer esa Azaña. Bien, era hora de trepar... oh! Un problema más...

-Salomé...-no pudo evitar saborear el nombre salir de sus labios. La chica le sonrió y le hizo otro gesto de que subiera con ella. -Yo no sé escalar tan rápido. Menos sin garras.

-Pues sácalas-le respondió en un tono obvio. El chico lo intentó sin éxito. Estaba demasiado distraído por el ruido a sus espaldas que no se podía concentrar. ¿Algún día las sacaría a voluntad en un santiamén cómo su amiga? La joven suspiró resignada al ver los fallos de su joven amigo, quien le miró mal ante su acto. -Jaque... ¿Te gustó mi beso?- preguntó de pronto.

Al azabache le subieron los colores al rostro y abrió los ojos de par en par. Sus labios se separaron para responder, pero nada le salía de la boca. La castaña miel le sonrió con satisfacción ante la reacción del ojiazul.

-Bien, Jaque, ahora ven aquí. Ya tienes tus garras- su voz no se molestó en ocultar el toque divertido y el azabache le miró con confusión. Se miró las manos, y en efecto, tenía las garras fuera. Se llevó las manos a la cabeza donde tocó también sus orejas y el movimiento de su camisa en su espalda baja le indicó que su cola se movía sin piedad, haciéndole sonrojar de nuevo. Levantó la mirada e intentó mirar mal a su amiga por haber usado ese truco. Ella le sacó la lengua en un gesto burlón y divertido.

Protegerla de mí...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora