3 Años habían pasado desde ese día. Durante 3 años Jaque y Coraline estuvieron confundidos, pero no podría ser más la felicidad de la familia en aquellos momentos. Aley recientemente había cumplido los 7 años, Coraline estaba por terminar la carrera y Jaque ya se había graduado de la suya.
Ahora Jaque se encontraba junto a Coraline haciendo una limpieza: tirar papeles viejos, quitar el polvo, comprobar que no hubieran nidos de ratones entre todas las cajas abultadas que tenían años sin tocarse, entre otras cosas.
A la chica le trajo recuerdos el abrir las cajas y encontrar los libros de sus padres allí guardados, olvidados y empolvados. Vio cuales podrían servirles ya sea para los estudios de la chica o de literatura. Los que no podrían tener algún uso en la casa fueron separados y los que estaban en buen estado serían donados a alguna biblioteca.
Jaque estaba bajando unas cajas que estaban en altura mientras la chica las tomaba con cuidado y las bajaba al suelo. De pronto salió la caja con todos los CD's de la chica. Jaque no se dio cuenta de que contenía la caja, pero Coraline no necesitó abrirla para saber lo que encontraría.
Bajó la caja y siguieron con su trabajo.
-¿Quién es Graham? -Ambos padres giraron bruscamente a mirar al niño. Ninguno de los dos había mencionado nunca nada de ese hombre.
-No sé, ¿Escuchaste ese nombre en la escuela? -preguntó la madre con cuidado, eligiendo las palabras.
-Esta carta estaba tirada- le mostró a la joven un papel y por un momento creyó que perdería el equilibrio. -Dice que es para ti. ¿Quién es? -cuestionó. Quizá un poco molesto de que alguien le enviara cartas a su madre y no fueran ni él o Jaque.
-Préstame eso. -pidió Jaque. Ciertamente compartía el temor de que Graham hubiera visto al pequeño y pensara que era suyo o algo por el estilo.
El que ese hombre volviera aun cuando tenía, literalmente, una amenaza de muerte no tranquilizaba en absoluto a la pareja. El niño le tendió la carta con una mirada seria fija en el papel. No se había atrevido a leerla, pues no tenía ganas de que su madre le llamara de nuevo la atención, pues días antes se le había castigado por tomar unas cosas sin permiso. Jaque desdobló la carta y la leyó. Mostró duda y llevó sus ojos hasta el pie de página, miró a Coraline un poco más relajado. Pero no podía ocultar que lo escrito en ese papel le había incomodado.
-Es de hace 11 años... -La chica se tranquilizó y luego se sorprendió de que esa carta tuviera tanto tiempo. No se molestó por leerla, pues realmente no le interesaba. Hizo un ademan con la mano y Jaque tiró la carta en las bolsas negras donde estaban metiendo los papeles para tirar.
Siguieron con la limpieza y el niño preguntó si podría ir a ver los CD's, antes de darle permiso, rebuscaron el de Graham y lo metieron también a la bolsa negra. Pero antes de eso, la chica lo tomó en manos y lo partió por la mitad. No quería nada relacionado con ese hombre.
La tarde pasó mientras Jaque y Coraline seguían con su limpieza, teniendo de fondo a Coraline cantando, producto de que Aley veía los videos en la sala. El niño estaba sin creer que la chica de los videos era su madre; esa voz que salía de los labios de la joven no era igual a la que ahora poseía su madre. Aun cuando la castaña hablara con una voz baja, con una extraña mezcla de suave con ronca, él prefería la voz con la que había estado acostumbrado desde que tenía memoria. Aunque no negaba que el vídeo, donde su madre cantaba, era su favorito. Tomó otro y se encontró con sus abuelos. Él los conocía sólo por relatos y fotografías, pero verlos ese momento, hablando y sonriendo, no se comparaba a nada con su imaginación.
Su abuelo era poseedor de una voz profunda y suavemente varonil. Muy parecida a la de Jaque, pero la de éste último tenía siempre un toque de seriedad, mientras que la del hombre en la pantalla era claramente alegre a los cuatro vientos. Su abuela tenía unos bellos ojos cafés que compartía con la madre del pequeño y una sonrisa tan radiante y contagiosa. Y esa mirada que sólo había visto en una sola persona; en su madre. Una mirada tan cálida que te hacía olvidar tus temores y te mostraba tanto amor, más del que le eran posibles de dar con palabras o abrazos. Una mirada que el niño amaba tanto cómo el chocolate caliente -Hecho por su madre, pues a Jaque ni eso le salía muy bien en la cocina...- en mañanas frías. O como el simple hecho de saber que esos ojos siempre le miraban solamente a él de esa forma.
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Protegerla de mí...
Lupi mannariUna noche común de otoño, ella, pidió algo diferente para cambiar su vida. Algo que le hiciera ver las cosas de otro color, pero nunca creyó que esa petición se cumpliera. Mucho menos que fuera muy literal el "algo diferente que me cambie la vida"...
