Capitulo Especial (p16) Mundo Utópico, Epílogo

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Epílogo

Después de tres meses de haber despertado, Jaque aún tenía complicaciones para readaptarse de nuevo a lo que alguna vez creyó extrañar. Era tan extraño el tener de nuevo en sus brazos a una pequeña niña que crecía con una rapidez asombrosa. Volver a pasar lo mismo era complicado, incluso hablar con su mujer se había vuelto una tarea confusa al no saber lo que era realidad en los recuerdos o aquello que había sido inventado.

Recién se sentaba en la habitación, con Verónica entre sus brazos, hizo una mueca ante el nombre, pareciéndole incorrecto decirlo a su pequeña hija que dormía en sus brazos. Paula, eso sonaba mucho más acorde, pero no era capaz de llamarle así. Miró a la pequeña descansar con suspiros cortos, ceño fruncido y pucheros, con los dedos apartó los cabellos castaños de su carita regordeta y acarició la mejilla pecosa. Eran todas esas diferencias las que le complicaban creer que esa pequeña era la misma que había en sus recuerdos, provocándole una profunda nostalgia si se quedaba mirándola por largo rato.

Coraline salió de ducharse, con la toalla sobre la cabeza y otra sosteniéndola en su pecho. La sonrisa en su rostro al ver a su esposo se borró al notar la añoranza en su mirada perdida. Se acercó para sentarse a su lado, colocando una de sus manos sobre las de él.

-Amor...- Jaque se sobresaltó, sorprendiendo también a Coraline. - ¿Qué ocurre?

-Nada- colocó a la niña en sus brazos antes de levantarse y caminar por la habitación. Sus manos despeinaron su cabello y soltó un largo suspiro, confundido con sus pensamientos.

-Jaque, no me mientas. Lo he pasado por alto las semanas pasadas, pero es momento de hablar. Por favor, cariño.

El licántropo la miró, de pronto con lágrimas en los ojos, suplicándole que no le obligase a hablar. Aun no estaba preparado para contarle sobre Paula, no estaba preparado para dar a conocer esa bella niña que tanto amó. Estaba tan confundido, tan dolido. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas y la garganta se cerró, negándole hablar. Coraline le miró impaciente, deseosa de saber aquello que tanto dañaba a su marido, no podía seguir soportando esa miseria que le veía sentir cuando él miraba a la pequeña que dormía.

-Jaque, por favor- susurró, temiendo asustarle y se alejara. Él negó con violencia, miró a la niña primero y de nuevo a Coraline. Ella dejó a la pequeña dentro de la cuna en la esquina de la habitación antes de acercarse a él y tocarle el brazo. -Jaque, por favor, comparte conmigo. No te vuelvas a alejar de mí.

-Estoy aquí, Coraline.

-No, estás tan lejos ahora.

Jaque tragó el nudo de su garganta, imposible hablar cuando las lágrimas reprimidas se acumularon. Negó con violencia, no quería hablar, no aún. Coraline tomó sus mejillas, obligándole a no encerrarse dentro de sí mismo otra vez. La fachada fue demolida en segundo y el licántropo quedó vulnerable entre las manos de su mujer; las lágrimas corrieron y su rostro se contrajo con dolor al recordar aquellos seis años que sólo eran una imaginación y por primera vez en semanas, meses, años, se permitió confiar en su mujer todos sus temores, contando todo lo que había ocurrido mientras dormía. Coraline le escuchó en silencio hasta que terminó, tan frágil en sus brazos, recostados en la cama con el varón gimiendo como cachorro herido ante la pérdida emocional que sufría.

Después de todo era un licántropo, un padre que sentía la pérdida prematura de un hijo. Su instinto se negaba a creer de nuevo algún tipo de idea externa plantada en su mente, pero su corazón dolía por lo que pudo ser y no fue.

Era egoísta, lo sabía.

Se odiaba por no querer la oportunidad que tenía en frente junto a su mujer, pero era imposible aún. Coraline acariciaba su cabello en silencio, guardando todas sus preguntas y callando el dolor que le provocaba saber que su marido no podía aceptar a la pequeña Verónica en su vida. Lloró en silencio por todo lo que escuchaba, por lo que pensaba, lo que sentía. Cuando calló, Coraline dio bienvenida al silencio para dar tiempo a que Jaque se calmase.

Protegerla de mí...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora