#21 Parte

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Coraline llamó al señor, cuidando que su hijo no despertase, y le susurró que volvieran. Que ambos habían tomado la decisión de no realizar el matrimonio. Pero el Sr. Gourde estaba tan sumido en el camino que no prestó atención a lo que la chica le dijo. Pidiéndole que le repitiera. Jaque la escuchó fuerte y claro, al igual que Aley al estar acostumbrado al tenue volumen de voz de su madre, pero él seguía dormido. La chica suspiró y volvió a tomar el aire necesario para repetirle aquello. Por alguna razón el repetir esas palabras le causaban daño. Ese era el resultado por haberse ilusionado con algo que ella misma sabía que no tendría.

–Sr. Gourde... le decía que...–su garganta se cerró y el nudo que se había formado se hizo intragable. Carraspeó para poder retomar su frase pero fue interrumpida.

–Cariño, tienes que hablarme más alto. Este viejo–se refirió a sí mismo– ya no tiene el oído de un joven de 20 años. –se carcajeó.

–Le comentaba que no es necesario...

–¿Tanto les molesta que maneje lento? Perdona, pequeña, pero este viejo ya no tiene los reflejos de cuando tenía 20, como para andar como diablo por las calles– se carcajeó de nuevo. Sólo hacía que a la castaña se le hiciera más difícil la situación y comenzaba a temer que su voz se quebrara en plena oración. Dando a conocer sus emociones.

–Señor Gourde, por favor déjeme terminar la frase– pidió con un suspiro y el hombre sonrió, sin dejar de mirar al frente. –Le comentaba que usted...

– ¿Es hermano de Gabriela? –Coraline se exasperó. Por poco y quería golpear al que la había interrumpido, pero la oración se repitió en su cabeza, dejándola pensativa.

–¿Gabriela?¿Mi hermana? –Se carcajeó con ganas. Ese hombre de avanzada edad irradiaba felicidad. –Sí. –Contestó seco. Luego volvió a reír. –Ella es mi hermana. –la calidez en su voz le recordó a la chica a la voz de su padre cuando le decía a sus compañeros o conocidos que ella era su hija o presentaba con orgullo a su esposa. Coraline bajó la cabeza. Hacía mucho que no escuchaba ese sentimiento en la voz de alguien, que creyó había olvidado que su propio padre lo utilizaba.

¿Qué quería hacer? Ah sí, le diría al Sr. Gourde que ya no les llevara al registro civil para terminar el papeleo. Tomó todo su coraje, que al parecer había tirado por la ventana, y se decidió a hablar antes de que la interrumpieran de nuevo. Sólo se hacía daño ella misma al no dejar ya ese asunto de lado.

–Sr. Gourde...

– ¿Quieren ir a comer algo? –la interrumpió el canoso. –Digo, yo no desayuné. Yo invito.

–Nos encantaría. –apoyó el chico que iba en el copiloto. Al parecer el sobrino del que conducía y su ayudante.

–Sí. Nos parece bien. –intervino el azabache.

– ¡Jaque! ¡Cállate! –le reprendió entre dientes la chica, demasiado molesta. Él le guiño un ojo y le robó un beso.

–Vamos, gatita. No me digas por el nombre de ese idiota. –le susurró al oído y mordió el lóbulo de su oreja. Provocándola. La chica lo apartó de un empujón, muy molesta.

–No seas...–se mordió los labios para no decir algo que su hijo pudiera escuchar. El licáno le sonrió divertido.

–¡Oh! ¿Te dejaron en el altar? –se burló... Coraline bajó la mirada. No necesitaba que él echara más sal a la herida.

–Cállate. – pidió en un hilo de voz. Y giró la cabeza a un lado, cubriéndose el rostro con el cabello.

– ¿No eres lo suficiente para mantener a un hombre a tu lado? –volvió a burlarse. La chica levantó la mirada con los ojos llenos de lágrimas. No sabía que era tan patética que siquiera el que estaba frente suyo no quería tener un compromiso con ella. Quizá el licáno tenía razón.

Protegerla de mí...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora