Capítulo Especial (p11) Mundo Utópico

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-¿qué miras, amor? - preguntó Jaque, pasando sus brazos al rededor de esa estrecha sintura con la que sus manos estaban tan familiarizadas y sus ojos conectaron con aquellos café que le dedicaban una gran sonrisa.

-Todas las estrías que me dejará este segundo embarazo- respondió Coraline, acunando aquellas grandes manos entre las suyas para colocarlas sobre su barriga.

-Te hacen ver hermosa- le aseguró el azabache.

-Y no digo lo contrario. Me gustan. -respondió con simpleza la castaña. - Me recuerdan el milagro que se ha provocado dentro de mi- aseguró. Jaque le miró con una ceja alzada y una sonrisa. -¿Soy una esposa rara por gustarme las estrías? -Jaque negó con la cabeza.

-No tan extraña como yo- colocó un beso sobre la coronilla de la mujer y enterró con dulzura su cara entre el cuello y cabello de ella para aspirar aquel aroma.

-No me quejo- rió la castaña, antes de carraspear un poco la garganta con incomodidad -Pudieron mandarme algo peor. -El licano sonrió sobre la piel de aquel delgado cuello antes de mordisquearlo un poco y hacerla reír.

-Si, pudieron mandarte a un orco.

-Pues la actitud de Caín no es muy diferente a la de uno. -Jaque soltó una sonora carcajada y la abrazo contra sí con más fuerza, acunandola con amor. Una mirada divertida le devolvió el reflejo del cristal polarizado que también hacía de espejo.

-Bueno, cariño, tengo que ir a trabajar. -Se despidió con un beso a la mejilla.

Coraline le sostuvo con delicadeza de una mejilla y giró un poco su cara, mientras Jaque seguía desperdiciando pequeños besos por donde ella iba corriendo el rostro. Se detuvo en la comisura de los labios, donde su marido siguio dejando pequeños ósculos* para luego sentirle sonreir. La mujer rió por lo bajo y, por el mero placer de molestar a su marido, retiró un poco su rostro. Jaque le sostuvo con la mano el lado contrario del rostro de Coraline, al igual que ella hacia con el de él, y la giró para seguir plantando esos pequeños dulces húmedos y llegar a su destino.

-Cora....line- suspiró sobre los labios de la mujer, quien en algún momento había cerrado los ojos. -Deja de usar tus artimañas, mujer, que me debo ir.
Ella rió por lo bajo -Te amo. -otro beso. Y le dejo marchar, aunque Jaque ya no quería irse.

-También te amo- le aseguró y se obligó a soltarle, pues sabía que si no se alejaba en ese momento, terminarían muy unidos.

Despertó.

Caín abrió los ojos al sentir un hueco en la cama. Con su mano buscó sobre la superficie del colchón el objeto que hacia falta. Un cuerpo femenino que recibiera el calor de su cuerpo, pero no encontró nada. Se giró y siguió buscando a tientas hasta encontrar una fuente de calor. Se sostuvo a ella, pero era diferente. Extraña y a la vez tan conocida. Dirigió la mirada a aquel bulto que gruñía entre sueños y vio a Paula debajo de las sábanas.

No era Coraline.

Se tumbó sobre su espalda y miró el techo. De nuevo había soñado con su mujer, con oler su aroma y saborear la textura de su piel. Pero estaba solo.
Apretó la mandíbula y cerró los ojos. Un par de respiraciones profundas antes de sentir una pequeña presión sobre su pecho. Llevó una mano hacía aquel lugar y acuñó entre su palma y dedos la mano mucho más pequeña de su hija. Abrió un poco los ojos y le miró inclinada sobre él, apoyando su otra pequeña mano a un lado del cuello del mayor.

-Papi... -susurró bajito. Casi temiendo romper la armonía de aquel cuarto.

-¿qué pasa?

-Papá- se corrigió entonces. -¿qué soñabas?

-Con tu madre- respondió tranquilo. -Un recuerdo, cuando aun estabas en su barriga. - la niña borró lentamente la pequeña sonrisa en su rostro, cambiandole por una mueca de dolor y confusión.

-¿Ah? - Caín sonrió con la ternura que sólo le había mostrado a Coraline, Y ahora también a su hija. La tomó por la nuca y la acercó a su pecho para recostarla allí.

-Tu madre te ama. Tanto o mucho más que Aley y yo. -susurró contra el espeso cabello negro de la pequeña. -Ella siempre te ha esperado, cachorrita.

-Si es así, ¿por qué nunca me ve? Es imposible que me quiera más que tú, Papi o Aley. Ella nunca va a mi bailes o se presentó en mi graduación -protestó la pequeña. -ella siempre esta dormida, cuando ustedes o Aley siempre despiertan en cuanto abro la puerta. Ella sólo repite lo mismo en casa. No me puede querer más que
Ustedes si ella no es diferente a una foto.

-¿Por qué crees que tu madre no te quiere? - preguntó -¿qué hemos hecho mal para que creas eso?- se preguntó a sí mismo, abrazando a la pequeñita entre sus brazos. -Paula, ¿sabes algo? Te contaré un secreto- dijo con suavidad. La niña le miró entre atenta y dolida- Cuando tú decidiste venir a mis brazos; mamá cerró los suyos para que vieras el doble las sorpresas de la vida. Fue un regalo que ella te dio. -reveló, acariciando su cabello.

-Entonces ya no lo quiero- La niña comenzó a hipar, tomando entre sus puños la camiseta de su padre y enterrando su carita en ese gran pecho, buscando consuelo. -Ya no quiero su regalo- sollozó. -Si se lo devuelvo ¿Ella despertará? ¿No es asi, Papá?

Caín la abrazó con ternura y escuchó con dolor los llantos callados de su pequeña. La acunó entre sus brazos como tantas veces hizo en pasado. La arrulló tarareando la canción que tantas veces había escuchado a Coraline tararear para dormir a Aley de pequeño o cuando estuvo embarazada de Paula. Y sólo con aquella canción de cuna sin letra, Paula había logrado dormir durante esos años.
....
Disculpen la tardanza y el que esté tan corto este capítulo, pero ando en el celular y simplemente quise escribir un poco más sobre la relación entre Caín y Paula. Después será la de Jaque y Paula, pues como verán, Jaque es quien menos ha aparecido últimamente.
Espero actualizar pronto y también que tengan un bello rato :)
Dudas, preguntas o sugerencias? Con gusto dejen un comentario. Compartan esta historia si les ha gustado y ayudenme a crecer :)
INTERACTUAMOS LUEGO, PEQUEÑOS SALTAMONTES!!
-Mogam
(11/01/2016)

Protegerla de mí...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora