Parecía que la vida se burlaba de él. El tiempo no quería soltarlo de sus frías garras del pasado, ni su conciencia estaba a salvo en su presente. Una vil burla a su persona la que se estaba realizando en ese momento. El momento en que veía a travez del vitral a su niña.
Una bella y tierna niña de piel sonrrosada y una ligera capita de cabellos negros cubrian la cabeza de la pequeña musa que dormía en una cama de cristal. Como si de una princesa anciada se tratase y fuera tan frágil que sólo el cristal podría cuidar del cristal. Aley miraba desde sus brazos y mantenía un apoyo en el vidrio con sus manos a la par que miraba a su pequeña hermana que en un momento entreabrió sus grandes y redondos ojos con una fina capa de azabache pestañas que enmarcaban la belleza de dos perlas verdes.
Una vil burla y más burlas.
Caín miró con shock a la niña que el mismo había engendrado. Sentía que una risa inexistente se reproducía en su cabeza. El mismo Caín se vio confundido por aquello y apartó la mirada con el resentimiento que crecía en su pecho.
Esa niña era una viva imagen de Verónica. ¿estaría condenado a no poder olvidar su mayor odio y dolor?
Y aun cuando odiaba que esa pequeña fuera una copia de su hermana mayor, no podía odiarla. No a ella. Deseaba aborrecerla por arrebatarle a la mujer que tanto lo amaba y le había salvado, pero no podía. Era algo imposible. Algo estúpido. Apesar de sentiese perdido, amaba a esa criatura.
Aley sonrió con tristeza y giró a mirar al hombre que lo sostenía en brazos.
- también se parece a nosotros. -dijo bajito, como si temiera que la pequeña le escuchará -tenía el sueño de que se pareciera a mamá
-yo también tenía esa esperanza- le respondió el mayor con amargura. Y una risa carente de gracia brotó de sus labios. El enfermero se volvió al lado de padre e hijo, pues los había dejado solos un momento. La verdad es que el padre de familia siquiera le habia visto el rostro al sujeto.
- La niña ahora esta bien. El cordón umbilical se había envuelto al rededor del cuello, pero ahora no corre peligro. Le mantendremos bajo observación por el momento. -Caín asintió a las palabras del hombre. -¿quiere pasar a verla? - volvió a asentir.
Cuando abrió los ojos, seguía cargando a Aley en brazos y un ligero escozor se extendía por su hombro. Estaba frente a una puerta metálica y el hombre frente a él y su hijo le daba unas indicaciones. Jaque frunció el ceño, pero asintió y esperó.
Momentos después el enfermero volvió cargando consigo un bulto de cobijas rosas mientras sonreía con ternura a la criatura. Aley escaló a los hombros de su padre con ayuda de éste para que tuviera las manos libres y tomar a la pequeña en brazos.
Los ojos de la pequeña conectaron rápidamente con los de su padre y sin saberlo Jaque pensó lo mismo que Caín. Una burla a él, recordándole todo su pasado. Pero tampoco pudo odiar a la pequeña que extendió sus regordetas manitas y tomó entre sus dedos el cabello del azabache cuando él la extendió un poco para que Aley la mirará. Una sonrisa rosada y divertida de la pequeña, reconociendo inmediatamente al hombre que le había dado la vida. Aley rió con admiración y la niña rápidamente le miró. Dedicó una sonrisa y también rió con la inocencia infantil que dejó encantados a ambos azabaches.
-Caín ¿cómo se llamará? -preguntó el niño. Jaque paso por alto el que le confundieron y simplemente se encogió de hombros.
-Paula- reveló cuando un recuerdo de su hermana apareció en su memoria. Ella quería que su primera hija tuviera aquel nombre y lo creyó perfecto para la pequeña flor que estiraba sus manos y alaba su cabello.
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Protegerla de mí...
WerewolfUna noche común de otoño, ella, pidió algo diferente para cambiar su vida. Algo que le hiciera ver las cosas de otro color, pero nunca creyó que esa petición se cumpliera. Mucho menos que fuera muy literal el "algo diferente que me cambie la vida"...
