CAPÍTULO 15
-Jaque, amor, vuelve a mí. Te extraño.
Caín escuchaba en aquel cuarto obscuro de su mente la voz de su mujer, aquel sueño tan recurrente y que comenzaba a ser frustrante al saber que si despertaba todo aquello desaparecería. Esta vez, a comparación de las pasadas, sólo quedó de pie en la nada, escuchando los suplicios de su mujer que clamaba con dolo su presencia y temiendo que si se moviese todo aquello desaparecería. Con lentitud, casi con miedo, intentó levantar una mano para buscar la de Coraline y aquel calor tan familiar le envolvió, no a su mano, sino su pecho. La sentía recostada sobre él de aquella manera tan íntima en que solían dormir desde un inicio. Con temor intentó levantar su brazo, rodear aquella pequeña cintura para acercarla, pero las cadenas lo detenían en su lugar. ¿Así se sentiría Coraline postrada en aquella cama de hospital? Perdió la paciencia en ese momento. Rugió con dolor por no poder hacer nada para acercar a su mujer, sentía sus instintos a flor de piel y su aroma agudizado captó los recuerdos muy nítidos del cabello de su mujer bajo su nariz. Sus manos tibias en sus mejillas y sus labios puestos sobre los de él, susurrando cosas incomprensibles. Quiso amarrarla a él cuando la sintió alejarse y, por primera vez en todas las veces pasadas, pudo mover algo. Su mano salió disparada y entre sus dedos sintió la pequeña columna que formaba el brazo de Coraline, su pequeña muñeca entre su gran mano.
La jaló a él para abrazarla, pero tan rápido como todo había llegado, se había ido. Caín de nuevo estaba solo en aquella habitación con la luz pegando en sus parpados, obligado abrirlos para comenzar con la rutina.
En su habitación se levantó, preparó ropa para ir a trabajar en la carpintería. Al inicio era un trabajo tranquilo y cómodo, ahora le parecía aburrido e incluso fastidioso. Salió de la ducha con una toalla en su cadera, las ojeras marcadas y de pronto se veía demacrado. Paula había comenzado a dormir sola, un triste momento para él al no tener el tan acostumbrado calor a su lado, ya fuese de su mujer o hija. Un lobo no podía estar sólo, no habían sido creados para vivir en soledad, se necesitaban los unos a los otros para acurrucarse y lamerse las heridas, y ahora que se había acostumbrado de nuevo a ese tipo de acto le era más difícil deshacerse del sentimiento de abandono.
Miró el reloj, las 5:00am. Muy temprano, pero quería ir a visitar a su mujer. Últimamente tenía una imperiosa necesidad aun mayor por estar cerca de su mujer. Saber los motivos no era muy difícil de descubrir. Ahora que Coraline había dejado atrás el proceso de maternidad de amamantar a su cachorro, de nuevo era necesario para el licántropo asegurar más la descendencia su prole. Sí, a veces los instintos eran una joda.
Salió de la habitación, dejando una nota sobre la mesa para avisar a Aley que llevase a su hermana a la escuela, hoy Caín no tenía ganas de trabajar. Sacó su teléfono y sin importarle la hora temprana marcó el número de uno de sus mejores empleados, encargando la carpintería principal por ese día. El hombre no preguntó motivos, aunque los hubiese preguntado Caín no habría respondido. Descartó utilizar una corbata y marchó.
Ya en el hospital, a las 6:00am esperaba que le diesen permiso para entrar. Una de las jóvenes enfermeras le miraba mucho, su olfato sintió la excitación de la mujer pero él no hizo otra cosa que torcer el gesto y estornudar por el insoportable aroma. Esa mujer en particular siempre apestaba cuando estaba en su presencia. No era porque la mujer fuese antihigiénica, pero él ya una vez le había dicho a Bo que el aroma de otra fémina que no fuese el de su mujer era muy desagradable. No quiso esperar más tiempo, importándole poco que faltasen 15minutos más para el horario de visitas, entró por las puertas de cristal para dirigirse a su mujer.
Llegó justo cuando una enfermera ya anciana realizaba la limpieza. Le ayudó a cambiar a su mujer de posición y con el baño. Con cariño frotaba su piel con ayuda de la esponja, tomando momentos en que la anciana se descuidaba para acariciar la piel descubierta con sus dedos. Eso era una cruel tortura, lo que quería hacer no se acercaba ni por asomo en realizar un baño con una esponja húmeda, pero era lo único que podría obtener.
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Protegerla de mí...
WerewolfUna noche común de otoño, ella, pidió algo diferente para cambiar su vida. Algo que le hiciera ver las cosas de otro color, pero nunca creyó que esa petición se cumpliera. Mucho menos que fuera muy literal el "algo diferente que me cambie la vida"...
