Capítulo 13:
De nuevo aquella voz lo atomentava tanto como lo calmaba en sueños. Jaque la escuchaba susurrar en su oído palabras hermosas, con tantas promesas de amor y sintiéndola pegada a su costado, pero no podía tocarla. No podía verla. Se encontraba sólo en un sueño que le reconfortaba y rompía sin piedad su dañado corazón.
-¿Amor, puedes sentirla? Está sobre tu pecho. Nuestra niñita duerme.- susurró.
Jaque quiso gritar, removerse de su letargo para correr a abrazar a su mujer. Levantarla entre sus brazos y besarla profundamente como no había hecho en tantos años y que anhelaba. Su cuerpo y alma reclamaban las atenciones que sólo su mujer era capaz de satisfacer y manejar.
-Coraline, no me dejes- sollozó tal cual niño pequeño. De nuevo se sentía ser aquel infante que era rechazado y lloraba por las noches en una casa sola, clamando por la familia que le había sido arrebatada por culpa de una invasión. ¿Por qué la vida era tan injusta para con él?
-Jaque, Caín, los amo.
El licantropo gritó con agonía en su obscuridad al escuchar la voz amada cada vez más baja, más lejos. Su cuerpo convulsionó con violencia por el llanto que se negó a retener. Gritó una y otra vez aquel nombre que entre sus labios le sonaba tan dulce y placentero, pero que ahora le provocaba fuertes estocadas ardientes en su corazón. Siguió como un patético cachorro, gimiendo lastimeramente sin ser capaz de alcanzar su herida para lamer. Gimió por último antes de querer abrir los ojos.
-Papi...-la voz de su pequeña lo devolvió. -¿Papi qué pasa?
Abrio los ojos.
Paula se encontraba a su costado, con sus pequeñas manos apoyadas en su pecho para mantener el equilibrio, y se veía consternada. Jaque levantó su mano para acariciar el rebelde cabello de la pequeña y sonreír con tristeza al recordar una de las tantas veces que Coraline estaba en la misma posición cuando despertaba de una terrible pesadilla del pasado.
-¿Tuviste una pesadilla?- preguntó la pequeña -¿Por eso lloras?- gimió, asombrada de que su padre, su héroe, estuviera llorando.
-No era una pesadilla, mi amor, era un sueño hermoso y triste.
-¿Cómo puede ser hermoso y triste al mismo tiempo?- se veía confundida -¿Quieres chocolate? A mi siempre me gusta tomar chocolate cuando tengo sueños feos.
Y aquello bien lo sabía su padre. Era él quien le preparaba la bebida en aquellas noches donde su hija despertaba asustada.
-Yo te lo puedo preparar- ofreció. Jaque sonrió y aceptó la propuesta, consciente del daño que podría provocar al pequeño y tierno corazón infantil si rechazaba aquel favor.
Aley se encontraba en su habitación, con la cabeza metida en un libro de algebra y refunfuñando del por qué no había la posibilidad de aprender por medio de la homeostasis. ¡Tenía tanto que estudiar! Pronto se acercarían los finales y no encontraba donde meter tantos trabajos extra que habían encargado muchos de los profesores a última hora y, ¿Por qué no?, los trabajos que él había dejado a última hora.
Gruñó con profundidad, exaltándose a sí mismo cuando el sonido fue tan gutural y sonoro. ¡Wow, ya le estaba cambiando la voz! O en dado caso, el gruñido. Sólo de pura mofa volvió a gruñir, pero no había salido tan grotesco como el primero. Incluso había sonado agudo e infantil. Frunció el ceño con consternación ante tal cambio tan drástico. Una toz fingida a sus espaldas le hizo exaltar y girar con sorpresa para ver a su padre mirándole con diversión.
-¿Te diviertes?- preguntó Jaque con una sonrisa, mostrando todos los dientes perfectamente alineados y blancos que el mismo Aley había heredado por su parte licantrópica. El joven lobo soltó un suspiro fastidioso. -¿No deberías estudiar en vez de jugar con tus cuerdas vocales?
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Protegerla de mí...
WerewolfUna noche común de otoño, ella, pidió algo diferente para cambiar su vida. Algo que le hiciera ver las cosas de otro color, pero nunca creyó que esa petición se cumpliera. Mucho menos que fuera muy literal el "algo diferente que me cambie la vida"...
