Paula se encontraba feliz tomando la mano de su padre mientras saltaba por el blanco pasillo que le era tan conocido durante sus cortos cinco años de vida. Su hermano estaba a su otro lado con las manos en los bolsillos y mirada perdida, pero ella tomó por hecho de que se debía a la emoción de ir a ver a mamá.
Su padre se detuvo frente a la puerta blanca y ella la empujó con todas sus fuerzas sin lograr que se moviera ni un centímetro. Gruñó y antes de saltar para atacar a aquella barrera que le impedía el paso, Aley giro el picaporte y la hoja blanca se deslizó.
Al otro lado vio a la mujer que esa mañana le había dado un beso en la frente y dicho cuanto la amaba. Ella no entendía porque en las mañanas la despertaba con cariño y en la noche le metía en la cama para dormir contándole un cuento y cuando iban por las tardes, ella estaba profundamente dormida.
Jaló con urgencia a su hermano dentro y escaló hasta subirse a la cama y mirar con amor a aquella mujer que dormía. Sonrió y dio un pequeño salto antes de tomar la fría mano de la mujer entre las suyas más pequeñas.
-mami, papi me compró un vestido muy bonito. ¡Mira! -se puso en pie sobre la cama y giro con cuidado sobre su eje con una gran sonrisa -¿verdad que es bonito? -preguntó sin obtener respuesta. Su sonrisa poco a poco fue muriendo en su rostro al ver que la mujer dormía. Se giró a su padre -papá, ¿por que mamá no me mira?- Aley salió de la habitación sin dudarlo y la niña frunció el ceño a su hermano. ¿Quizá el feo aroma de medicina le lastimaba la nariz?
-Porque está cansada y duerme- le respondió su padre, tomando la de las axilas para sentarla en la cama de hospital.
-Mamá siempre esta cansada- respondió con un puchero - ¿trabaja mucho? Tú siempre llegas cansado después de mucho tiempo trabajando.
-Cuénta a tu madre todo lo que has aprendido en la escuela- la niña se emocionó y comenzó a platicarle a la mujer todas sus aventuras mientras Caín salía de la habitación. Encontró a Aley recargado al lado de la puerta y al verlo, rápidamente se limpió las lágrimas de un manotazo.
-Me duele verla allí. La extraño mucho- le dijo con voz quebrada. -Quiero que despierte.
-Yo también lo quiero. Pero debemos mantenernos por tu hermana.
Duraron poco tiempo hablando y cuando Aley se sintió listo para volver a entrar, encontraron a Paula bajo el brazo de su madre. Acurrucado en su costado y con la cabeza en el pecho de Coraline mientras escuchaba su respiración. La niña levantó la cabeza perezosamente y sonrió a su padre y hermano.
-El corazón de mamá suena muy bonito.
El tiempo pasó sin compasión y hoy Aley cumplía sus 15 años.
El joven se encontraba sentado frente a la mesa moviendo cansado el tenedor que poco antes había utilizado para comer. Miró el reloj de la cocina y decidió que ya era hora de alistarse para su cita.
Entró a la habitación que le era un poco ajena -pues entre él y Jaque habían decidido mudarse a las afueras de la ciudad desde que Paula había sacado las garritas- y tomó una ducha tranquila. Masajeaba su cabello mientras miraba el espejo lleno de paño por el vapor. Salió y se vistió con ropa de traje antes de dirigirse a la sala, por donde entraba Jaque de su mañana de trabajo. El azabache mayor se acercó a su hijo y le dio un fuerte abrazo que le correspondieron.
-¿Me prestaras las llaves del auto? - le preguntó y Jaque miró el reloj de pulsera. Le extendió las llaves.
-¿ya irás por ella? Aun falta para que salga de clases.
-No quiero hacerla esperar en su primera cita. - le respondió con una sonrisa. Jaque le devolvió la sonrisa.
-tratale como quisieras que otros se complortarán con tu hermana- le dijo con una palmada al hombro. -regresa temprano. Iremos con tu madre más tarde.
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Protegerla de mí...
Hombres LoboUna noche común de otoño, ella, pidió algo diferente para cambiar su vida. Algo que le hiciera ver las cosas de otro color, pero nunca creyó que esa petición se cumpliera. Mucho menos que fuera muy literal el "algo diferente que me cambie la vida"...
