A la mañana siguiente, a horas aún muy tempranas del día, se escuchó el ligero chillido de las bisagras de la puerta de la habitación y Jaque se despertó. Frente a él estaba Aley asomando la cabeza por el hueco de la puerta, cargando en sus brazos el peluche que le había dado Nana Gaby alguna vez. El niño tenía ojos llorosos y estaba sollozando. Se limpió los ojos y la nariz con el dorso de su mano y abrió un poco más la puerta al ver que Coraline estaba dormida allí dentro, al lado de Jaque.
–Mami... – su voz era sollozante y quebradiza, también se podía mostrar el miedo que había en ella.
–Aley, ¿Qué sucede?– preguntó Jaque mientras se sentaba contra el marco de la cama. Haciendo su cabello hacia atrás con su mano y soltando un bostezo.
–Tengo miedo... soñé un sueño feo. – contestó. Jaque le miró y se levantó de la cama para dirigirse a él. Aley retrocedió unos cortos pasos para que Jaque abriera la puerta.
– ¿Un sueño feo? – Repitió y Aley asintió con la cabeza – ¿Quieres contármelo? – el niño volvió a asentir. –Bien, vayamos a la cocina para que tomes un chocolate caliente. Tu mamá está dormida.– Aley lo siguió hasta la cocina y se sentó en una de las sillas. Sus ojos apenas lograban sobresalir de entre su cabello alborotado y la mesa. –Bien, ¿Cuál fue el sueño feo? – preguntó mientras preparaba el chocolate caliente.
–Soñé que mamá tenía un accidente. Se dormía y no quería despertar y tú no estabas. Yo no hacía nada, no sabía qué hacer.– Jaque le sirvió el chocolate en su tacita y lo tomó en brazos para sentarlo en su silla.
–Pero sólo fue un sueño feo. Yo nunca los dejaría y mamá tampoco te dejaría. – le aseguró y le revolvió el cabello. Se sentó a su lado.
–Jaque, quiero ser fuerte como tú para proteger a mamá. – A él le sorprendieron esas palabras, pero volvió a sonreírle y revolver su cabello.
–La fuerza no es algo que sólo sea de ganar.
–Pero tú ganas las peleas porque eres valiente. – respondió él exaltado.
–La verdadera valentía está aquí– le señalo su pecho –y aquí– llevó su mano hasta su cabeza. –lo demás sólo es fuerza, que, por sí sola, no sirve de nada. Y Aley es un niño valiente.
–Pero tengo miedo.– se aferró a su peluche –Siempre creo que hay un monstruo bajo la cama cuando mamá no está conmigo cuando duermo.– el licano cambio su mirar a una un tanto seria y miró a Aley beber el chocolate y limpiarse con el dorso de su mano.
–Puedes vivir con miedo, pero tienes que aprender a enfrentarlo.– su voz fue seria, pero no cortante o fría. –El miedo sólo te detiene a hacer lo que quieres. – añadió. – ¿Sabes? Yo a tu edad también tenía miedo– Aley levantó la mirada sorprendido y sorbió su nariz, pues aún seguía sollozando.
– ¿De verdad?
–Sí, pero aprendí que sólo me detendría y quitaría lo que quería. Si quieres proteger lo que tienes, entonces sé fuerte y valiente.– le apartó el cabello de los ojos y se miraron fijamente –Protege lo que tienes y lucha por lo que quieres. – volvió a revolverle el cabello haciendo que Aley se riera un poco.
–Pero ¿cómo seré tan fuerte y valiente como Caín y Jaque?– preguntó, Caín sólo se encogió de hombros.
–Tienes que entrenar y tener algo que quieres proteger.– se levantó de la silla y se dirigió a la sala, de nuevo a la habitación.
–Caín, ¿tú tienes algo que proteger? – él se volvió y miró a Aley se estaba girado en la silla, sosteniendo su peluche contra su pecho y le miraba con esos grandes ojos azules que el niño poseía.
ESTÁS LEYENDO
Protegerla de mí...
Manusia SerigalaUna noche común de otoño, ella, pidió algo diferente para cambiar su vida. Algo que le hiciera ver las cosas de otro color, pero nunca creyó que esa petición se cumpliera. Mucho menos que fuera muy literal el "algo diferente que me cambie la vida"...
