Jaque despertó al sentirse rebotar. Paula soltó una risa infantil antes de volver a saltar sobre el colchón y caer muy cerca del vientre de su padre. Le dio un sonoro beso en la mejilla como saludo y saltó con gracia a la puerta de la habitación antes de abrirla y correr como cervatillo desbocado, encajando las garras de manos y pies en la duela del suelo para impulsar sus movimientos, y desaparecer al otro lado. Jaque ce cepilló el cabello distraídamente mientras miraba las marcas de las garras de Paula sobre la madera del suelo y puerta. Sonrió al pensar que él era igual que su hija de pequeño. Recuerdos lejanos que le arrebataron un suspiro antes de escuchar un grito de dolor y la alegre risa de una pequeña que gritaba un "Buenos días Aley".
Saliendo de la ducha con una toalla enredada a su cintura, vio en la cocina a su hija sentada frente a la mesa, paseando los pies en la silla mientras una pequeña y peluda colita de color azabache se agitaba rítmicamente. La pequeña olfateó el aire y giró para ver a su padre y dedicarle una radiante sonrisa.
-Papá, te dará frio si no te secas.- dijo antes de ponerse en pie sobre la silla y tomar el respaldo en sus manos. -Yo me seco así- se agitó totalmente, desde cabeza hasta piernas y Aley la tomó de la cintura antes de que la silla callera al suelo por violenta sacudida.
-Paula, ya te dije que no hagas eso sobre las sillas.-le amonestó el azabache menor y la niña rió nerviosa, recordando todas las veces que le habían dicho aquello.
La tarde pasaba tranquilamente en la carpintería. Jaque recientemente había firmado la entrega de unos materiales, y terminado un contrato con una mueblería. Miró a su pasado para darse cuenta que antes ni le hubiera pasado por la cabeza el ser dueño de una carpintería, tener una carrera, ni mucho menos tener una familia hermosa. Una hermosa familia que se encontraba incompleta.
Aley pronto se graduaría de la escuela secundaria y Paula pasaría de grado. No se preocupaba por el dinero que gastaría, sino que serían más eventos en los que a Coraline le encantaría estar presente.
Coraline, la mujer que amaba con tanto fervor, pero se mantenía acostada en una fría habitación de hospital en vez de calentar la cama acurrucada a su lado. De pronto extrañó todo y sintió la insoportable presión en su pecho. Entró en la oficina y cerró la puerta, ignorando olímpicamente al hombre que se acercaba para pedirle unos planos, sintiendo sus ojos humedecer. Apretó los labios y forzó el gesto para evitar derramar las lágrimas de anhelo.
Necesitaba tanto de su mujer.
Le tomó unos minutos recomponerse. Miró el anillo sobre su dedo, el que siempre le recordaba el momento en que firmó los papeles. Tan jóvenes ambos, pero había sido la mejor decisión en su vida, después de abandonar su manada. Hizo una mueca, intento de sonrisa triste, antes de escuchar el golpeteo a su espalda. Respiró profundo antes de abrir. Uno de los trabajadores se encotnraba del otro lado y le miraba con cierta pena, Jaque le dio el pase y tomaron asiento.
-Sr. Había pedido permiso desde días antes para permitir que hoy saliera temprano- Jaque no recordaba eso, pero supuso que Caín había sido el que atendió al hombre. Asintió.
-Claro, Host, puedes retirarte.- el hombre agradeció y el licano hizo un movimiento de muñeca para quitarle importancia.
-Bueno, verá, Sr Malkavain, mi hija hoy tiene una presentación de violín y no quisiera llegar tarde. -Jaque le miró con una ceja alzada, estaba seguro que el hombre le había dicho que la niña tenía 7 años, era sorprendente que tocara un instrumento musical a esa edad, o lo era para un humano, concluyó. El hombre casi se encogió en su lugar bajo la mirada de su jefe. -¿Podría adelantarme el día de hoy? No quisiera llegar con las manos vacías a la primera presentación de mi pequeña.
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Protegerla de mí...
WerewolfUna noche común de otoño, ella, pidió algo diferente para cambiar su vida. Algo que le hiciera ver las cosas de otro color, pero nunca creyó que esa petición se cumpliera. Mucho menos que fuera muy literal el "algo diferente que me cambie la vida"...
