En multimedia un dibujo, prototipo, de Aley. Sigan su lectura.
Ya frente al gran edificio Coraline dejó escapar un suspiro nervioso. Jaque le apretó con poca fuerza la mano, en forma de reconfortación y ella devolvió el gesto. Entraron y esperaron a que la secretaria les llamara. Después de que les guiaran hasta una oficina y entraron, los recibió el hombre que les había entregado la carta de Gabriela, este les recibió con gusto y Aley se puso a jugar con el joven, que ayudaba al canoso hombre que atendía a la pareja, quien parecía nervioso y desorientado por la gran emoción de Aley. "Mira mami, él es más grande que Jaque" decía mientras corría alrededor de él y Coraline se burlaba entre silenciosas risas reprimidas y Jaque miraba con incredulidad al niño que cayó al suelo en una ocasión, se levantó de nuevo y volvió a correr mientras Coraline le decía que se estuviera quieto. Pero no duraba más de dos minutos en un sólo lugar.
–No se preocupe por el niño– dijo el hombre mientras se cruzaba de brazos con una sonrisa en su rostro. –Bruno ¿Podrías ocuparte un momento del niño?– preguntó a su ayudante, quien asintió nervioso mientras Aley corría alrededor y él evitaba pisarle. –Bien, Sr. y Sra. Malkavain– es así cómo Gabriela había hablado de esos 2. Jaque sintió que por su rostro se alojó un sonrojado al escuchar aquello y Coraline sonrió al ver la reacción de su acompañante –La señora Gaby me habló de ustedes y al fin les conozco. – Sonrió –Aunque me hubiera gustado más que nos hubiéramos conocido en otras circunstancias... – su tono de voz fue cansado y pesado mientras su rostro se tensaba un poco.
–Disculpe por ello Sr...– ella miró la placa que había sobre el escritorio organizado –Sr. Gourde. A nosotros tampoco nos agrada mucho la situación en la que nos encontramos. A decir verdad, no sabemos siquiera porque ella nos dejó a nosotros como...– no la dejó terminar y la interrumpió.
–Porque ustedes fueron más familia para ella que los que siguen peleando la herencia. – torció la boca en desaprobación. Negó con la cabeza y volvió a sonreír. –Me alegra que vinieran, sólo necesito hablarles de unas cosas y que me firmen unos papeles. – Coraline negó con la cabeza y miró a Jaque.
–Nosotros no queremos recibir la herencia de Gabriela– contestó Jaque por Coraline, el abogado personal de Gaby abrió los ojos de par en par y luego sonrió cómo el efecto de un buen recuerdo.
–Gabriela dijo que ustedes dirían eso. – Sonrió de nuevo y se acomodó la corbata. Abrió un maletín que estaba al lado del escritorio y sacó dentro de este una hoja y se las entregó. –Aquí está el motivo por el que me niego a que ustedes rechacen lo que Gabriela les dejó.
Era una carta de Gabriela, donde decía a Coraline las razones de ella para dejarle aquello a ellos 3. Luego una nota para Jaque donde venía escrito que ella sabía lo complicado que se volvería para él mantener a la familia después de que ella falleciera. Que tomara aquello cómo un agradecimiento a todo lo que hizo por ella.
Jaque se quedó en silencio leyendo la carta que Gabriela le habia dejado. ¿Cómo era posible que unas simples letras le describieran el cómo se sentía a respecto de que no podía tener el dinero para mantener a la familia? ¿Cómo esa amable anciana les dejó a ellos todo aquello? Cerró los ojos y se mordió los labios, dando la razón a esa hoja de papel. Coraline le miró dudosa de la repentina actitud de azabache, posó su mano sobre la de él y éste abrió los ojos, le pasó la hoja. Ella la leyó y comprendió lo que el licáno pensaba. Entrelazaron las manos y se dieron un lijero apretón de apoyo mutuo. Al de cabellos plateados que estaba frente a ellos les sonrió cálidamente y junto ambas manos, descansando su mentón con una barba de días sobre ellas.
–Son tal cómo Gaby me los describió– su voz fue cálida y ambos levantaron los la mirada hasta toparla con los ojos obscuros del Sr. Gourde. La pareja intercambió una mirada, uno preguntándole a que se refería el señor y la otra respondiendo que tampoco sabía. –Ya veo porqué Gabriela adoraba hablar de ustedes. Son tan peculiares. –se sonrió y ambos respondieron con una sonrisa nerviosa.
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Protegerla de mí...
WerewolfUna noche común de otoño, ella, pidió algo diferente para cambiar su vida. Algo que le hiciera ver las cosas de otro color, pero nunca creyó que esa petición se cumpliera. Mucho menos que fuera muy literal el "algo diferente que me cambie la vida"...
