–Tienes que subir ya– entró su manager para interrumpir nuestro momento, cabe resaltar que no me dirigió la palabra. Anthony era como su hijo, ella siempre estaba de su lado pasara lo que pasara y como de seguro anthony le contó todo, no quiere ni verme.
–¿Vienes?– me pregunto anthony mientras se acomodaba la ropa viéndose en el espejo.
–Te espero acá– le di una leve sonrisa, él asintió y salió rumbo al escenario.
Paso casi una hora cuando comencé a sentirme mal así que decidí irme al hotel. Ya hablaría con anthony después. Me hospede en el mismo hotel, quería ver a mi hijo pero no sabía cual era el número de la habitación, aunque preguntara no estaban autorizados a decírmelo, quizá deba esperar a mañana para verlo igual ya debe estar dormido.
Llegue a mi habitación, me desmaquille, lave mi cara, busque mi pijama y me fui a acostar. No recuerdo con Matías haberme sentido tantas nauseas, sentía como si quisiera voltear el estómago en el escusado. No había comido nada en todo el día pero aún así no se me antojaba nada.
Cerré los ojos y traté de controlar las nauseas pero en mi intento me quede profundamente dormida hasta que mi celular comenzó a timbrar haciéndome desear haberlo apagado y como siempre que me despiertan me puse de mal humor.
Era anthony.
–¿Donde estas?– fue lo primero que dijo cuando respondí.
–En mi hotel... dormida...– respondí adormilada.
–¿Por que no me avisaste?
No tengo que darte explicaciones anthony– lo pensé pero no se lo dije.
–Me sentí mal...– solo quería colgar y seguir durmiendo.
–¿En que habitación estas?– sonaba preocupado.
–Anthony no sé, déjame dormir por el amor de Dios.
No me dijo nada y corto la llamada. Debe estar histérico pero en este momento solo quiero cerrar mis ojos y volver a soñar con el Dios griego de Henry Cavill. Acomode mi almohada, cerré lo ojos y cuando estaba profundizando el sueño, escuché que tocaban la puerta.
Solté un bufido de frustración. Quien quiera que sea voy a asesinarlo yo misma.
–Ya voy– respondí al escuchar la insistencia de quien tocaba la puerta.–Ah pero que haces acá anthony? – le abrí la puerta y lo dejé pasar, me di la vuelta y camine a mi cama para acostarme. Escuche como se reía a mis espaldas.
Se quitó la chamarra y los tenis. ¿Y este para donde va o que? Fruncí la frente y me quede observándolo.
–¿Como te sientes?– Se sentó a mi lado. –¿Comiste algo?
Vete pa' tu cuarto y déjame dormir carajo– lo volví a pensar pero no se lo dije.
–Estoy bien– En ese momento como cosa del diablo, me dieron unas nauseas que no pude controlar y salí corriendo para el baño.
–¿No que estabas bien?– escuche a anthony gritarme.
Después de 10 minutos abrazada del escusado, me lave la boca y salí del baño.
–Te veo un poco pálida– mencionó al verme, se acercó y tocó mi frente para asegurarse que no tuviera fiebre.–¿Llamó al doctor? ¿Necesitas medicina?
–Anthony... estoy embarazada, no estoy enferma. Esto es normal– trate de tranquilizarlo.
–Me preocupas...– Este hombre me desarmaba por completo.
–En este momento por lo único que quiero que te preocupes es por conseguirme un pastel de chocolate que se me acaba de antojar.
Vi su cara de estrés y enseguida llamo al lobby del hotel para que consiguieran el pastel de donde fuera por que su mujer estaba de antojo.
Me daba un poco de risa ver que anthony no encontraba su lugar, podía sentir que estaba nervioso. Como si fuera la primera vez que saliera conmigo.
–Deb...– efectivamente estaba nervioso.–¿Todo está bien entre nosotros?
–Tu eras el del problema, no yo. Tú tomaste una decisión y te dije que iba a respetarla.
–pero ahora...
–Todo sigue igual anthony. No me voy a alejar pero por el momento tampoco vamos a estar juntos, quiero darte el tiempo para que pienses si realmente soy lo que quieres en tu vida.
–Claro que te quiero en mi vida.
–Te voy a dar tu tiempo.
–Quiero estar contigo...
–No quieres estar conmigo... quieres estar cerca de mi por tu bebé. Si yo no te hubiera dicho seguirías con la misma actitud.
–Debby... entiéndeme mi amor. Me viste la cara de idiota... como siempre. ¿Como te sentirías tú?
–Anthony... Es que nunca te he visto la cara de idiota. Nunca lo he hecho por hacerte daño, cuando omito información es por cuidarte por proteger a mi familia... por que si te pasa algo a ti o a mi hijo, me muero. Me muero sin ti. Sabes que sería capas de dar mi vida por ustedes dos.
–Déjame estar a tu lado– puso su mano en mi vientre y fue como un flash back de cuando imaginaba cómo hubiera sido con Matías.
Lo abracé y comencé a llorar. Malditas hormonas.
–Quiero que seamos amigos...– me limpie la lagrimas y tome sus manos entre las mías.– No quiero herirte más. Seamos amigos... es lo que querías.
–Amigos– anthony sonrió con maldad. Él tiene un plan, no se rinde tan fácil.
Tocaron la puerta y era el pastel. Era una enorme rebanada, destilaba chocolate por todos lados y se me hizo agua la boca, cabe resaltar que el chocolate no era uno de mis máximos en la vida.
–Podemos seguir viviendo en la misma casa... como si fuéramos roomies. ¿Que te parece? Solo me mudo de habitación– mencionó mientras se comía una cucharada de mi pastel.
–Me parece bien– no le di importancia a su comentario y seguí comiendo mientras veía la televisión.
–De esa manera no se vuelve tan extraño para Matías y puedo ver de cerca como le crece la panza a mi mejor amiga que me presto su vientre para procrear a mis hijos.
–Eres un idiota– me reí y le pegue en el brazo.
–Bueno amiguita... me voy a dormir a mi cuarto. Cualquier cosa me llamas– pensé que iba a darme un beso en los labios pero me lo dio en la frente.
Me reí de lo irónico de la situación. Fingir que podemos ser solo amigos va a ser divertido.
